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El cerebro humano es mucho más caliente de lo que pensábamos, según un nuevo estudio
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El cerebro humano es mucho más caliente de lo que pensábamos, según un nuevo estudio

Debido a esta falta de datos, se suponía que la temperatura del cerebro correspondía a la del núcleo del cuerpo, pero la realidad parece haber sido siempre otra

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La temperatura corporal anormal se ha reconocido como un signo de enfermedad durante miles de años. Y claro, había que situar algún límite, una franja, entre lo sano y lo preocupante. Algunos estudios a lo largo de diferentes décadas han mostrado que la temperatura corporal "normal" puede oscilar en un rango de entre 36,1 °C y 37,2 °C. Por encima de los 38 ° C el cuerpo indica que está desarrollando fiebre a causa de una infección o enfermedad.

Así, hemos entendido que cuando hablamos de cuerpo, hablamos de todo el cuerpo. Nada más lejos de la realidad, ya que si bien los científicos y médicos nos expresan la media de temperatura corporal, lo cierto es que estaría siendo solo una forma de generalizar, de concretar. Sin embargo, si nos acercamos más detenidamente a este, resulta que hay lugares y recovecos en nuestro interior que pueden alcanzar mucha más temperatura.

Foto: Las palmas de las manos y los dedos son dos partes fundamentales para detectar artritis reumatoide. (EFE)

Si relacionamos la sensación de calor como una respuesta a un esfuerzo, el órgano que va de la mano de ello es, sin duda, el cerebro. Pues bien, un equipo afirma ahora haber podido producir los primeros mapas de temperatura cerebral de personas sanas. Su hallazgo sugiere que la temperatura del cerebro es más alta de lo que se pensaba.

Muchos factores

La dinámica de temperatura temporal y espacial suele ofrecer información muy importante para un diagnóstico de diversas categorías. Los ritmos circadianos interrumpidos o el calentamiento local en los sitios de lesión o infección son algunos ejemplos, pero no se habían recabado datos mucho más allá.

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La temperatura cerebral, por otro lado, rara vez se mide directamente, ya que los métodos necesarios para hacerlo suelen ser invasivos para el organismo. Por tanto, la mayor parte de lo que sabíamos hasta la fecha sobre el calor cerebral proviene de estudios de pacientes hospitalizados, porque es mucho más fácil vigilarlo todo el tiempo.

No obstante, en la práctica, y debido a esta falta de datos, se suponía que la temperatura del cerebro correspondía a la del núcleo del cuerpo. El nuevo trabajo dirigido por el biólogo John O'Neill, del Laboratorio de Investigación Molecular del Consejo de Investigación Médica (MRC) en el Reino Unido y publicado en la revista 'Brain' demuestra que no es así.

Resultados sorprendentes

Justo al resto de su equipo, O'Neill pudo producir un mapa de temperatura 4D que muestra los cambios en el espacio y el tiempo del cerebro humano sano. Como parte de este trabajo, los investigadores analizaron datos de temperatura cerebral de 40 personas divididas en dos grupos, 20 hombres y 20 mujeres, con edades comprendidas entre los 20 y los 40 años. Algunos voluntarios eran pacientes de cuidados intensivos cuyos cerebros habían sido escaneados como parte de un proyecto anterior que estudiaba la lesión cerebral traumática. Otros, eran personas completamente sanas.

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Con ello, se tomaron las temperaturas de los dos grupos durante un día: mañana, tarde y noche. En general, lo que encontraron primeramente es que la temperatura media cerebral para ambos grupos fue de alrededor de 38,5 °C, más alta que la media cuando es tomada por vía oral.

Por el contrario, se toparon rápido con que había mucha variabilidad en las lecturas de estos datos. Por ejemplo, la temperatura era habitualmente más baja por la noche y más alta en las regiones profundas del cerebro que cerca de la superficie (alcanzando más de 40 °C). Del mismo modo, las mujeres y las personas mayores también tendían a tener temperaturas cerebrales más altas.

Una nueva puerta para la medicina

Así, la primera constatación es que la temperatura del cerebro no es fija, sino que varía más de lo que los científicos habían pensado, y en ello influyen factores como la edad, el sexo, el ciclo menstrual, la región del cerebro que se observe e incluso la hora del día.

"Para mí, el hallazgo más sorprendente de nuestro estudio es que el cerebro humano sano puede alcanzar temperaturas que se diagnosticarían como fiebre en cualquier otra parte del cuerpo. Temperaturas tan altas se han medido en personas con lesiones cerebrales en el pasado, pero se suponía que eran el resultado de la lesión", explica el investigador en un comunicado al respecto.

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Por tanto, estos nuevos resultados podrían tener implicaciones importantes. Si durante mucho tiempo se ha asumido que tener un "cerebro caliente" podría aumentar el riesgo de complicaciones graves, los 40,9 °C registrados en el nuevo estudio en cerebros sanos abren una nueva puerta a la medicina.

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Otro gran ejemplo encontrado: la evolución de esa temperatura cerebral a lo largo del día parecía ofrecer ciertas predicciones acerca del nivel de supervivencia de la persona. En términos generales, aquellos cuya temperatura no bajó como se esperaba durante la noche y no subió como se esperaba durante el resto del día tenían más probabilidades de sufrir problemas de salud.

"Descubrimos que la temperatura del cerebro cae por la noche antes de irse a dormir y aumenta durante el día. Hay buenas razones para creer que esta variación diaria está asociada con la salud del cerebro a largo plazo, algo que esperamos investigar a continuación", apunta O'Neill. No obstante, estas observaciones tendrán que ser objeto de más trabajo para comprender completamente el fenómeno.

La temperatura corporal anormal se ha reconocido como un signo de enfermedad durante miles de años. Y claro, había que situar algún límite, una franja, entre lo sano y lo preocupante. Algunos estudios a lo largo de diferentes décadas han mostrado que la temperatura corporal "normal" puede oscilar en un rango de entre 36,1 °C y 37,2 °C. Por encima de los 38 ° C el cuerpo indica que está desarrollando fiebre a causa de una infección o enfermedad.

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