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"¡Florence Lawrence no ha muerto!": así construyó Hollywood la idea del 'glamour'
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Mucho 'brilli brilli'

"¡Florence Lawrence no ha muerto!": así construyó Hollywood la idea del 'glamour'

El 'glamour', como las propias estrellas de cine que lo canalizaron a la sociedad, era una ilusión cuidadosamente construida con que se había ido alimentando al público que llenaba las salas de proyección

Foto: Joan Crawford con el influyente vestido de Letty Lynton, diseñado por el diseñador de vestuario Adrian en una imagen de 1932. (Wikimedia)
Joan Crawford con el influyente vestido de Letty Lynton, diseñado por el diseñador de vestuario Adrian en una imagen de 1932. (Wikimedia)

"¡Las películas lo han vuelto a hacer! Han introducido una nueva palabra en el diálogo social, han iniciado una nueva moda, han comenzado un nuevo ciclo, han creado un nuevo estándar... La nueva moda es el 'glamour', el nuevo ciclo es más glamour y el nuevo estándar es más de lo mismo. Así que... ¿Encanto? ¡No! Debes tener glamour", escribió la colaboradora regular de 'Photoplay' Katherine Albert en un artículo en 1931.

Aunque el concepto de glamour ya habitaba en la cultura occidental desde el siglo XVIII, el término aplicado a Hollywood surgió en la década de 1930. No obstante, no llegó sin más, como por arte de magia, de esa magia propia de los efectos especiales del cine. Si lo que venía, en palabras de Albert, era más glamour, lo que se había ido no había sido más que todo un escenario previo y consciente para generar aquel destello de moda, belleza y cánones.

Foto: Fotograma de Veronica Lake en la película 'This Gun for Hire' estrenada en 1942.

El glamour, como las propias estrellas de cine que lo canalizaron, era una ilusión cuidadosamente construida con que se había ido alimentando durante décadas al público que asistía al cine. Como explica la historiadora y curadora estadounidense Kendra Bean, la sociedad de a pie no tardó en aprender a adorar a unas figuras humanas pero divinas que aparecían frente a ella bien iluminadas. Aquello era el deseo mismo de lo absoluto, que reforzaban comprando más y más entradas en taquilla, permitiendo así que los estudios de producción crecieran.

Mitos, leyendas, estrellas

Quién no ha visto alguna escena, película, imagen de Barbara Stanwyck, Vivien Leigh, Claudette Colbert, Ginger Rogers, Carole Lombard, Gloria Swanson, Katharine Hepburn, Bette Davis, Marlene Dietrich o Greta Garbo. Todas ellas, y muchas más, fueron los máximos canales de un devenir social que lo marcaría todo hasta nuestros días. A lo largo de los años 30, especialmente, sus rostros estaban por todas partes; posaban fuera de las pantallas, promocionaban infinidad de artículos, prestaban su imagen a muchos negocios que conformaban el mecanismo establecido para la vida cotidiana y diaria.

placeholder Joan Crawford, Rosalinda Russell, Norma Shearer y Joan Fontaine en una escena de la película 'Las mujeres', de 1939
Joan Crawford, Rosalinda Russell, Norma Shearer y Joan Fontaine en una escena de la película 'Las mujeres', de 1939

Así, el concepto de glamour se fue componiendo alrededor de las mujeres, las actrices que hoy vemos como mitos, leyendas, estrellas. El patrón de mujer sofisticada y misteriosa no era nuevo cuando el cine tomaba forma de medio de masas, pero este camino iba a subrayar mucho más qué significaban las mujeres en una industria en alza.

placeholder Joan Crawford y Norma Shearer en una escena de la película 'Las mujeres', de 1939
Joan Crawford y Norma Shearer en una escena de la película 'Las mujeres', de 1939

En el Hollywood de la década de 1930, la idea de glamour ya no era "solo una forma de vestir, sino un nuevo enfoque de la iluminación, la composición y el estampado, que reemplazó el sentimentalismo suave de la década de 1920 con un aspecto más duro y moderno", apunta el investigador en cine Patrick Keating.

La fotografía de celebridades

Lo cierto es que el interés por las fotografías de celebridades se remonta casi a la invención de la fotografía en sí, cuando aún a la cinematografía le quedaban años de prueba y error. Asimismo, esta especie de fotografía que ya podría entenderse como glamurosa no habría sido posible sin la formación de algo llamado sistema estelar.

Para entenderlo basta con un nombre: Florence Lawrence. Siendo muy joven, Lawrence comenzó a aparecer en películas producidas por 'Biograph', una compañía cinematográfica dirigida por D.W. Griffith, el director de 'El nacimiento de una nación', por ejemplo, y uno de los productores de cine más famosos del momento. Empezaba el siglo XX, todo un nuevo siglo por delante. Tal vez podría parecer que el cine mudo no sabía hacia dónde iba, pero sabía mucho más de lo que creemos.

placeholder Retratos de Florence Lawrence de 1908. (Wikimedia)
Retratos de Florence Lawrence de 1908. (Wikimedia)

Lawrence no apareció jamás entre los créditos de las películas de Griffith que protagonizó o en las que formó parte del elenco con cualquier otro papel. El público escribía a las oficinas de los estudios preguntando sobre la verdadera identidad de la chica a la que simplemente apodaban "Biograph girl", es decir, "La chica de Biograph". Como aquello del misterio parecía tener tirón, Griffith se negó a divulgar esa información, pero también porque, al igual que otros productores, temía que la fama resultante llevaría a los actores contratados a exigir salarios más altos.

Se preparó y promocionó a miles de personas para el estrellato

Como señala Bean, a Lawrence no le quedó otra que seguir siendo como una propiedad de aquella empresa hasta 1909, cuando se unió a 'Independent Moving Pictures Company', dirigida por Carl Laemmle, el futuro presidente de 'Universal'. "Al ver el beneficio de revelar el nombre real de la actriz, Laemmle inventó un ingenioso truco publicitario: Comenzó un rumor de que esta había muerto en un accidente de coche en Nueva York. Una vez que el rumor cobró fuerza, colocó su foto en varios periódicos afirmando que su estudio había descubierto que el nombre real de la actriz era Florence Lawrence, y que estaba viva, y bien, y que estaba haciendo una nueva película en sus estudios". Lawrence se acababa de convertir así en la primera estrella de cine.

placeholder Anuncio en el periódico de la película de 1922 'Her Gilded Cage', con desfile incluido. (Wikimedia)
Anuncio en el periódico de la película de 1922 'Her Gilded Cage', con desfile incluido. (Wikimedia)

Poco después entraron en escena más nombres como el de Mary Pickford o Lillian Gish. Ambas lograron lo que parecía un nuevo estatus social desde Lawrence, una especie de condición de semidiosas inalcanzables. "Una vez que los estudios aprendieron a crear estrellas para vender sus películas, se empleó a miles de personas para prepararlas, empaquetarlas y promocionarlas. Los fotógrafos formaban parte del departamento de publicidad, y sus fotografías se vendieron a periódicos y revistas de fans por miles, y se usaron para promocionar productos vinculados y aparecieron en carteles promocionales de películas y tarjetas de lobby", dice Bean.

placeholder Portada de un número de la revista 'Photoplay' publicada en 1921, con imagen de Lillian Gish / La actriz en una imagen publicitaria de 1922. (Wikimedia)
Portada de un número de la revista 'Photoplay' publicada en 1921, con imagen de Lillian Gish / La actriz en una imagen publicitaria de 1922. (Wikimedia)

Llegaron los años 20, las 'flappers', la constatación de que se avanzaba hacia el infinito mismo. En 1915, en Francia, se había estrenado 'Les Vampires', una película de culto hoy en día que en aquel momento predijo el futuro: París es presa de un terror invisible y sin nombre contra el cual la policía no puede hacer nada. Una organización criminal, conocida como "Los vampiros", siembra el caos en la ciudad con asesinatos, robos y secuestros. Poco se sabe acerca de esta banda de villanos, excepto que los dirige el Gran Vampiro y su novia Irma Vep. Era ella, Musidora (así se llamaba la actriz que daba vida al personaje), la que aparecía en el cartel de la película vestida de vampiresa. Son su personaje y su trabajo los que hoy siguen teniendo lugar en nuestras pantallas a través de, por ejemplo, la nueva serie de Olivier Assayas para 'HBO' con Irma Vep como protagonista, inspirada a su vez en una película de 1996.

La "nueva mujer glamurosa"

Durante la década de 1930, explicaba Albert, la "nueva mujer glamurosa" tan solo estaba repitiendo un prototipo femenino anterior, el de aquella vampiresa, como si el glamour fuera el último giro en un ciclo de repeticiones: "Es así: chicas dulces, vampiresas, chicas dulces otra vez y ahora glamour". En lugar de definir el glamour como un rasgo que poseían todas las estrellas de Hollywood, detalla Michelle Tolini en su libro 'Hollywood before glamour: Fashion in american silent film'. Albert marcó de esta forma el glamour como el rasgo de una categoría particular de personaje o estrella: la mujer sofisticada y misteriosa, lo que representaba Irma Vep.

placeholder Ilustración del cartel original de 'Les Vampires' de 1915 / Joan Crawford en 1930. (Wikimedia)
Ilustración del cartel original de 'Les Vampires' de 1915 / Joan Crawford en 1930. (Wikimedia)

Lo que estaba ocurriendo fuera de aquellas palabras, de aquellos artículos y escenarios era la Gran Depresión, pero también la "Edad de Oro de Hollywood". En tiempos tan convulsos, las películas ofrecían una forma de escape emocionante y más o menos accesible para muchas personas a las que pronto les fascinó cambiar sus luchas personales por un mundo ficticio, a menudo deslumbrante, en el que introducirse aunque solo fuera por un par de horas.

En el año 1930, más del 65% de la población estadounidense iba semanalmente al cine. Es decir, 3 de cada 5 personas se entregaban a la fantasía en medio de la Gran Depresión

El resultado no fue otro que cientos y cientos de salas abarrotadas. Según el portal 'Business Insider', en 1930, más del 65% de la población estadounidense iba semanalmente al cine. Es decir, 3 de cada 5 personas aprendieron a entregarse a la fantasía visual y lo hicieron un ritual, una costumbre, una misa. Era la desesperación por salir, y el cine era el único modo de escape que tenía la gente. A medida que este capturaba la imaginación colectiva de Estados Unidos, lo que se usaba en la pantalla se volvió sensacionalista.

Los vestidos del cine

'Hollywood Fashion Associates', un grupo de fabricantes y mayoristas de moda que obtuvieron los derechos de autor de los estilos populares de Hollywood y los vendieron en tiendas exclusivas de grandes ciudades como Los Ángeles a finales de la década de 1920, se empezaban a frotar fuerte las manos por lo que aquello podía suponer. Para empezar, fuera como fuera, el escaparate era el más grande imaginado nunca, y sobre todo el más inmediato.

placeholder Barbara Stanwyck en 'Baby Face', de 1933 / Norma Shearer en 'Riptide', de 1934. (Wikimedia)
Barbara Stanwyck en 'Baby Face', de 1933 / Norma Shearer en 'Riptide', de 1934. (Wikimedia)

Los estudios y los fabricantes minoristas de moda vieron, por tanto, la forma perfecta para publicitar sus nuevas creaciones, lo vieron y lo hicieron: Cuando se estrenaba una película, también lo hacían las nuevas tendencias de moda y, a su vez, la indumentaria servía como publicidad para la propia actriz, para la película y para su estudio.

Los nuevos looks iban de la mano del lanzamiento de la película en tabloides como 'Hollywood Picture Play', 'Mirror Mirror' y 'Shadow Play', pero también en reputadas revistas de moda como 'Vogue'. Prácticamente, toda la prensa de la década incluyó anuncios de moda cinematográfica. Los diseñadores de vestuario eran ya creadores de tendencias.

De la distancia emocional a la 'femme fatale'

Prendas como el famoso vestido de organdí blanco, largo hasta el suelo y con voluminosas mangas con pompones y un volante con dobladillo se convirtieron en "it" en los años venideros. Inspirado en un look usado por Joan Crawford en el gran éxito 'Letty Lynton' de la Metro Golden Mayer, el vestido fue una creación del diseñador de vestuario Adrian Greenberg. Su silueta era tan inédita en ese momento que inspiró a muchas mujeres a acudir en masa a los grandes almacenes para adquirir uno propio. Así funcionaba: "A las mujeres que querían parecerse a estrellas de cine se les decía que se pintaran las cuencas de los ojos con vaselina, lo que las haría lucir 'brillantes' y 'muy dulces'", escribe Basinger. "Los dientes descoloridos podrían pintarse con esmalte. Las cejas se pueden afeitar y remodelar. Max Factor Corporation vendió sus productos de Hollywood al público en general. ¡Glamour para ti también!, gritaba un anuncio de maquillaje de la marca".

De esta manera, el glamour marcó un cánon. Las mujeres que reflejaban el patrón glamuroso no eran idénticas, pero su imagen se basaba en un repertorio de atributos limitado y reconocible: pelo por lo general rubio peinado hacia abajo por fuera, y distancia emocional por dentro. El mínimo de expresión con el que podían actuar Dietrich o Garbo sería, a su vez, la previa a otra mutación del cánon, la de la llamada "femme fatale". Ambas actrices se hicieron, de hecho, especialistas en interpretar hermosas sirenas que atraían a los hombres hacia la maldad.

placeholder  Veronica Lake, Rita Hayworth y Lauren Bacall. Las tres interpretaron personajes entendidos como 'femme fatales'. (Wikimedia)
Veronica Lake, Rita Hayworth y Lauren Bacall. Las tres interpretaron personajes entendidos como 'femme fatales'. (Wikimedia)

Claro que, no todo era ser hermosas criaturas de otro mundo, aquellas actrices también tenían que mostrarse con los pies en la tierra, es decir, como su propio público. Reportajes en sus casas, cocinando, jugando con sus hijos, incluso si sus "casas" eran mansiones. Simplemente tenían que parecer comunes, como subraya Kristin Hunt en 'Daily Jstor'. La idea era hacer que el glamour pareciera alcanzable, o sea, extensible, aunque tampoco mucho. Buena parte de aquellos vestidos que un día capturaron la imaginación de la humanidad, y la moldearon al antojo de un nuevo sistema son ahora tesoros escondidos en casas o museos. Por suerte, las mujeres que los lucieron pisotearon al mismo glamour, y sus nombres y sus trabajos siguen siendo reconocidos como lo que fueron: un espejo para el empoderamiento.

"¡Las películas lo han vuelto a hacer! Han introducido una nueva palabra en el diálogo social, han iniciado una nueva moda, han comenzado un nuevo ciclo, han creado un nuevo estándar... La nueva moda es el 'glamour', el nuevo ciclo es más glamour y el nuevo estándar es más de lo mismo. Así que... ¿Encanto? ¡No! Debes tener glamour", escribió la colaboradora regular de 'Photoplay' Katherine Albert en un artículo en 1931.

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