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Programados para el estatus y el respeto: lo que los cerebros adolescentes nos enseñan
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Un nuevo rumbo para la ciencia

Programados para el estatus y el respeto: lo que los cerebros adolescentes nos enseñan

Durante décadas, gran parte de la investigación sobre la adolescencia buscaba significados en una especie de marco oscuro en la que previamente se había situado a este período, pero los ángulos están cambiando

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Con una regularidad desalentadora, los investigadores se han topado con que lo que funciona con los niños más pequeños a la hora de encontrar patrones y tendencias de comportamiento ya no es efectivo cuando es el turno de los adolescentes. Después de décadas y décadas observando el comportamiento de grupos de personas de distintos rangos de edad para con todo tipo de situaciones, ya pueden corroborar que existe un punto de inflexión en la pubertad que determina la perspectiva desde la que contemplan la vida quienes se encuentran a medio camino entre la infancia y la adultez, así como las interpretaciones que se le ha querido dar a todo ello desde fuera.

Desde los 10 años hasta mediados de los 20 ocurren cosas en el cerebro. Qué tontería, pensarás, en el cerebro siempre están ocurriendo cosas. Sí, pero hablamos de cambios bruscos, inmediatos, giros de guion inesperados, porque en la adolescencia todo sucede rápido. No obstante, tal vez no todo en ella sea tan inesperado como se dice, simplemente nadie la había observado con la precisión que esta requiere.

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La neurociencia ahora lo sabe: En un estudio publicado en 2019 en 'Nature Human Behaviour', en lugar de información nutricional concreta, los investigadores mostraron a más de 300 estudiantes de octavo grado en Texas (lo que equivale a 2º de ESO en el sistema educativo español) informes de investigación que revelan que los ejecutivos de las compañías de alimentos usan ingredientes poco saludables, se enfocan en los adolescentes jóvenes como nicho de mercado mientras no dejan que sus propios hijos coman los mismos productos que venden. Los participantes de este estudio se indignaron rápidamente, y comenzaron a ver la alimentación saludable como una forma de oponerse a la manipulación.

Una narrativa hasta ahora vacía

Aquel experimento en torno a la industria de la alimentación y la nutrición acabó mostrando algo más allá, como los beneficios de las intervenciones de ajuste fino para aproximarse a los adolescentes en una edad intermedia, es decir, que han pasado por la pubertad. Hasta la fecha, nadie quería sugerir que era demasiado tarde para ayudar a los jóvenes con problemas como la adicción, especialmente dado que las dificultades de conducta y de salud más serias de la adolescencia tienden a ocurrir a partir de los 16 años.

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Durante décadas, gran parte de la investigación sobre la adolescencia buscaba significados en una especie de marco oscuro en la que previamente se la había situado. La ciencia se centró en algo así como el lado oscuro de las personas jóvenes, provocando o al menos reforzando una narrativa vacía que daba paso a la condescendencia.

Era bien sabido que esos años constituyen el período físicamente más saludable de la vida, cuando la fuerza, la velocidad, el tiempo de reacción, las habilidades de razonamiento y la función inmunológica mejoran o alcanzan su punto máximo, pero no parecía suficiente para cambiar el rumbo de la teoría científica. La adolescencia también trae aumentos alarmantes en las tasas de accidentes, suicidio, homicidio, depresión, uso de alcohol y sustancias, violencia, comportamientos imprudentes, trastornos alimentarios, obesidad y enfermedades de transmisión sexual en comparación con las tasas de los niños más pequeños, lo que definía hipótesis claras, pero análisis confusos.

Una gran ventana al aprendizaje

"Para comparar significativamente los resultados de qué intervenciones funcionan mejor a los 10, 14 o 18 años, se requieren extensos estudios longitudinales, que aún no se han realizado", explica la escritora científica Lydia Denworth en 'Scientific American'. El cambio, al menos, ya está empezando a dar primeros frutos interesantes. La nueva interpretación de la adolescencia, que rompía con la visión anterior, surgió en la primera década de los 2000, como detalla Denworth, derivada de dos hallazgos importantes.

"La pubertad marca el comienzo de un período de crecimiento neuronal exuberante, seguido de una poda de las conexiones neuronales solo superada por el proceso que ocurre en los primeros tres años de vida"

Por un lado, los neurocientíficos demostraron que "la pubertad marca el comienzo de un período de crecimiento neuronal exuberante seguido de una poda de las conexiones neuronales que solo es superada por el proceso similar que ocurre en los primeros tres años de vida". Por otro, demostraron que la maduración del cerebro adolescente no es lineal. "El sistema límbico, un conjunto de áreas del cerebro que son sensibles a la emoción, la recompensa, la novedad, la amenaza y las expectativas de los compañeros, experimenta un crecimiento acelerado, mientras que las áreas del cerebro responsables del razonamiento, el juicio y la función ejecutiva continúan su marcha lenta y constante hacia la edad adulta. El desequilibrio resultante en las fuerzas del desarrollo ayuda a explicar la impulsividad adolescente, la toma de riesgos y la sensibilidad a la recompensa social y el aprendizaje".

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Poco a poco, el camino se perfila más claro. Las investigaciones que sucedieron a aquellas, se han ido centrando en cómo el cerebro adolescente interactúa con el entorno social. Los resultados muestran que el contexto social y la aceptación influyen fuertemente en el comportamiento. "La adolescencia podría incluso constituir un período sensible para el aprendizaje social y emocional, una ventana de tiempo en la que el cerebro está preparado de manera única por los cambios neuroquímicos para hacer uso de las señales sociales para el aprendizaje".

Se trata de apuntes claves para la concepción del desarrollo humano mismo. Estas ventanas de cambio rápido, como se conocen a las etapas sensibles del ser humano, crean tanto oportunidades de aprendizaje como vulnerabilidades. Por tanto, lo que los adolescentes están aprendiendo es de suma importancia. Esta afirmación no resulta novedosa, pero traspasa lo que ya podía intuirse. Los períodos sensibles o críticos son ventanas de tiempo en las que el cerebro está preparado para hacer conexiones neuronales específicas que dependen de la entrada recibida.

Promover cambios beneficiosos

Un grupo creciente de investigadores y médicos ven estos hallazgos neurocientíficos como una oportunidad, precisamente, para hacer las cosas de manera diferente desde la cotidianidad. Vamos, que se interactúe con las personas adolescentes de otra forma. "Cuando un cerebro joven busca experiencia, los maestros, padres y otros adultos influyentes deben buscar capitalizar la riqueza del aprendizaje y evitar experiencias negativas como fumar o usar drogas". Esta fue la idea central en el informe de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina de 2019 sobre la promesa de la adolescencia, que pidió inversiones en programas e intervenciones que utilicen la capacidad del cerebro para cambiar durante la adolescencia para promover cambios beneficiosos en las trayectorias de vida de los jóvenes.

De esta forma, los factores protectores en el entorno del adolescente podrían apoyar trayectorias positivas. Pero... ¿Cómo son los factores protectores? Estos incluyen relaciones de apoyo con la familia y los cuidadores y acceso a recursos tales como oportunidades escalonadas para aprender de manera positiva. También incluyen algunos elementos que anteriormente se han subestimado.

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Todavía hay debate sobre la mejor manera de utilizar los nuevos conocimientos neurocientíficos para ayudar a los adolescentes. Por ejemplo, cómo abordar todos esos detalles de lo que los adolescentes de hoy están aprendiendo, y lo que no están aprendiendo, que pueden influir en los aumentos alarmantes de depresión, ansiedad e ideación suicida a esa edad.

En cualquier caso, no sorprende que aquellas intervenciones que parecen más prometedoras en la actualidad estén teniendo muy en cuenta el deseo de estatus y respeto de los adolescentes, así como su necesidad de contribuir y encontrar un sentido de propósito. Considerando el entorno hostil e incierto en el que se están desarrollando en estos momentos, entender el cerebro joven resulta fundamental para la sociedad al completo.

Con una regularidad desalentadora, los investigadores se han topado con que lo que funciona con los niños más pequeños a la hora de encontrar patrones y tendencias de comportamiento ya no es efectivo cuando es el turno de los adolescentes. Después de décadas y décadas observando el comportamiento de grupos de personas de distintos rangos de edad para con todo tipo de situaciones, ya pueden corroborar que existe un punto de inflexión en la pubertad que determina la perspectiva desde la que contemplan la vida quienes se encuentran a medio camino entre la infancia y la adultez, así como las interpretaciones que se le ha querido dar a todo ello desde fuera.

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