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La doble cara de la felicidad: un estudio revela el peligro de compararla entre países
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Una competición de sonrisas y lágrimas

La doble cara de la felicidad: un estudio revela el peligro de compararla entre países

En los países considerados más felices del mundo esto se traduce en un enorme incentivo que explotar porque, claro, todos los países quieren parecerse a estos países; pero, ¿es tan positivo como parece?

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Se dice que las comparaciones son odiosas; sin embargo, no podría entenderse la sociedad actual sin ellas. Tanto es así que la competición internacional es un deporte en sí mismo. Ríete de los Juegos Olímpicos, porque en realidad los países parecen vivir sujetos a compararse en términos tan abstractos como, por ejemplo, la felicidad. La gente mira con interés (y un poco de celos) a naciones como Dinamarca, que constantemente encabeza las clasificaciones de felicidad del mundo.

En esto, el norte se ha llevado toda la fama, y eso se traduce en un enorme incentivo que explotar porque, claro, todos los países quieren parecerse a estos países. La gente mira con interés (y un poco de celos) a lugares como Dinamarca, que constantemente encabeza estas curiosas clasificaciones de felicidad alrededor del mundo.

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La idea, nos anticipa que en dichos países se debe vivir mucho mejor, siempre con una sonrisa, aunque llueva constantemente. Pero, ¿es verdad que vivir en una de los países más felices del mundo significa todo eso? ¿Qué sucede si luchas por encontrar o mantener la felicidad en un mar de personas (supuestamente) felices?

Una norma esperada

Una nueva investigación, publicada en 'Scientific Reports', ha descubierto que todo es un mito, y que si bien es cierto el nivel adquisitivo y la forma de estructura social tiene mucho que ver, y en eso es posible que algo hagan bien, en los países que ocupan los primeros lugares en felicidad nacional las personas también tienen más probabilidades de experimentar un bienestar deficiente debido a la presión social.

"En estos países, sentirse feliz puede verse fácilmente como la norma esperada. Esto se suma a la presión social que sienten las personas para adherirse a esta norma y exacerba las consecuencias para quienes no la cumplen", apunta Brock Bastian, autor de la investigación, en 'Science Alert'. Esta presión que determina lo modélico llega a través de canales como las redes sociales, los libros de autoayuda o la publicidad misma, en todo tipo de formas y formatos.

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A partir de una encuesta a 7443 personas de 40 países para analizar su bienestar emocional individual, satisfacción con la vida (bienestar cognitivo) y quejas sobre el estado de ánimo (bienestar clínico), los investigadores han encontrado todos los ángulos en que el sistema de rankings flaquea.

Qué esconde la felicidad

Los resultados de esa primera etapa fueron más tarde comparados con el nivel de percepción que cada participante tenía sobre la presión social para sentirse positivo. "Lo que encontramos confirmó nuestras sospechas anteriores. En todo el mundo, cuando las personas informan que sienten presión para experimentar la felicidad y evitar la tristeza, tienden a experimentar deficiencias en la salud mental".

Esta muestra global ha permitido a este grupo de expertos poder ir más allá de un trabajo previo de campo donde ya encontraron pinceladas de una cuestión que se plantea ahora como peligrosa. Quisieron, para ello, dar respuesta a dos preguntas clave: ¿Hay algunos países en los que esta relación sea especialmente fuerte? Y si es así, ¿por qué podría darse esto?

"Tal vez sea ya hora de repensar cómo medimos el bienestar nacional. Ya sabemos que prosperar en la vida no se trata solo de emociones positivas"

"Encontramos que la relación sí cambió y fue más fuerte en los países que ocuparon un lugar más alto en el llamado 'Índice Mundial de Felicidad'. Es decir, en países como Dinamarca, la presión social que sentían algunas personas para ser felices era especialmente predictiva de una mala salud mental", advierte Bastian.

El trabajo posterior será concienciar de que, precisamente, las comparaciones son odiosas, y más cuando ninguno de los sujetos comparados parten de la misma base (económica, política, histórica, social en definitiva). Como señala este investigador: "Tal vez sea ya hora de repensar cómo medimos el bienestar nacional. Ya sabemos que prosperar en la vida no se trata solo de emociones positivas, sino también de responder bien a las emociones negativas, encontrar valor en la incomodidad y centrarse en otros factores como el significado y la conexión interpersonal".

Se dice que las comparaciones son odiosas; sin embargo, no podría entenderse la sociedad actual sin ellas. Tanto es así que la competición internacional es un deporte en sí mismo. Ríete de los Juegos Olímpicos, porque en realidad los países parecen vivir sujetos a compararse en términos tan abstractos como, por ejemplo, la felicidad. La gente mira con interés (y un poco de celos) a naciones como Dinamarca, que constantemente encabeza las clasificaciones de felicidad del mundo.

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