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Una sufragista lesbiana en la corte victoriana: la historia de Catherine Duleep
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Amor libre en entre la represión

Una sufragista lesbiana en la corte victoriana: la historia de Catherine Duleep

La hija del último maharajá del imperio Sikh en India creció en Inglaterra bajo la mirada de la Reina Victoria, pero aquella estricta sociedad no le impidió vivir enamorada y dedicada a la lucha

Foto: Fuente: Wikipedia / Elaboración propia.
Fuente: Wikipedia / Elaboración propia.

Mucho antes de que la reivindicación del amor diverso estallara definitivamente, existieron cientos de vidas e historias sorprendentes de personas que no se ajustaban a las líneas rectas marcadas por su época. Poco a poco, vamos conociendo sus nombres, sus palabras y la expresión de sus pretensiones. En este caso, una expresión realizada dentro de las paredes de un palacio, en el núcleo de una gran monarquía.

La historia de la princesa Catherine Duleep Singh transcurrió discurriendo el contexto de la Inglaterra de finales del siglo XIX: en el culto a la disciplina de clase, a las distinciones que este concepto marcaba, y el castigo a cualquier otra forma de distinción, y con todo ello, unos aires cambiantes de política, creencias y lucha por los derechos y las libertades. Su nombre no la alejó de una defensa por ser.

Foto: Fuente: Wikipedia

Aunque nació y creció a las afueras de Londres, Catherine era hija del último maharajá del imperio Sikh en India: Duleep Singh. Este, hijo menor de Maharaja Ranjit Singh, había ascendido al trono de Lahore en 1837 con tan solo seis años. Por ello, el ejército de la Compañía Británica de las Indias Orientales se adentró en el país imponiendo su liderazgo a partir de 1848. Singh quedó destronado y apartado de su antiguo círculo de súbditos para reducir cualquier posibilidad de una reunión de apoyo para reinstalarlo. Finalmente, acabó exiliándose en Inglaterra.

La añoranza de sus raíces

Ranjit Singh tenía una curiosa relación de amistad con la reina Victoria, tanto es así que esta ordenó entonces transformar su finca tradicional inglesa en un palacio mogol, con un interior ornamentado y estética india elegida por el maharajá para que pudiera instalarse. El maharajá se casó más tarde con la egipcia Bamba Müller, y ambos tuvieron seis hijos. Mientras tanto, Duleep Singh continuó intentando recuperar su trono y arrebatar a la India del control de los británicos.

Catherine fue la primera hija y heredera de un imperio despojado. Junto a sus hermanos Sophia, Bumba y Albert Edward, creció en la conocida como Faraday House, dentro de la corte, bajo los ojos de su madrina, la misma reina Victoria.

placeholder De izquierda a derecha: Bumba, Catherina y Sophia. Fuente: Wikipedia
De izquierda a derecha: Bumba, Catherina y Sophia. Fuente: Wikipedia

En apariencia, la princesa tuvo una infancia feliz de la que, más tarde, extrajo la añoranza de unas raíces obviadas, de una ausencia de contacto con la sociedad a la que pertenecieron sus antepasados. Además, la relación de los padres de Sophia se rompió y, según apunta el portal 'Historic Royal Palaces', Maharaja Duleep Singh pasó los últimos seis años de su vida en París, haciendo campaña para regresar al trono de Lahore.

Aprender sobre el amor

"El fallido intento de Duleep Singh resultó en su arresto el 30 de marzo de 1886 en Adén. En 1889, mientras el padre continuaba jugando, bebiendo y profundamente endeudado en la capital francesa, y tras fallecer su madre dos años antes, Catherine y sus hermanas fueron trasladadas a Folkestone, al cuidado de Arthur Oliphant. Inicialmente, la reina había deseado que las tres princesas, Catherine, Sophia y Bumba, estuvieran a cargo de Lady Login, pero la Oficina de la India decidió que las princesas y su hermano menor deberían estar a cargo del Sr. Oliphant, cuyo padre James había sido el escudero del maharajá", señala Richard Moss en 'Museum Crush'.

El señor y la señora Oliphant contrataron para la educación de la princesa a una institutriz alemana llamada Lina Schäfer. En el día a día de aquella enseñanza (los jóvenes tenían, además, tutores de violín, canto o natación entre otras disciplinas), Catherine también aprendió sobre el amor.

Pronto se hizo amiga de aquella institutriz doce años mayor que ella. Solo un año después, Schäfer la llevó a conocer la Selva Negra, Kassel y Dresde, su tierra natal. “El vínculo especial que compartían estaba germinando rápidamente”, dice Moss.

Una conciencia librepensadora

En 1890, con diecinueve años, la princesa Catherine asistió junto con Sophia y Bumba a la conocida reunión en Somerville Hall, en Oxford, donde fue presentada a la alta sociedad como debutante en el baile de los jóvenes que organizaba la reina Victoria.

Poco a poco, su figura dentro de la realeza británica iba tomando forma. Sin embargo, a pesar de aquella aparente integración, Catherine sentía la necesidad de reconocerce en los lazos familiares, en la identidad que moldeaba el color de su piel y sus rasgos físicos. Así, comenzó una serie de viajes a India, donde visitó Lahore, Cachemira, Dalhousie, Simla y la ciudad santa sij de Amritsar en Punjab entre otras. Allí también se encontró con personas que habían servido con su abuelo décadas atrás, y todo aquello la hizo sentirse parte de algo más profundo que los enormes salones victorianos.

Surgió así en ella la conciencia librepensadora: fue miembro activo del movimiento por los derechos de las mujeres, sufragista miembro del Grupo de Sufragio de Mujeres de Fawcett y de la Unión Nacional de Sociedades de Sufragio de Mujeres, junto a su hermana Sophia, más reconocida en esta labor por sus acciones más directas y radicales, por ello su vida política está relativamente bien documentada.

La vida junto a su querida Lina

En ese tiempo, la joven Catherine se mudó a Alemania con Lina, donde vivieron juntas "como dos ratones que viven en una casita", según afirmó Lina. "Si bien los relatos históricos no denominan explícitamente su dinámica, como una relación 'lesbiana', la hermana de Catalina, la princesa Sofía, describió su relación como 'íntima'", sostiene Shaniya Karkada en 'Feminism in India'.

En 1928, las mujeres británicas mayores de 21 años consiguieron su derecho a votar en las elecciones parlamentarias, pero en ese momento la princesa Catalina ya vivía en Alemania. Allí pasaron los años de la Primera Guerra Mundial, pero la vida de las dos mujeres cambió, como la de tantas otras personas, en la década de 1930 con el surgimiento del partido nazi en el país.

"Durante sus últimos años, la princesa Catalina acogió a numerosos refugiados judíos en su residencia de Inglaterra"

El desprecio y las miradas comenzaron, el dedo señalando, los insultos y el miedo. A pesar del riesgo, Catherine permaneció en Alemania hasta la muerte de Lina el 26 de agosto de 1938 a los 79 años. Aquello sumió a la princesa en una profunda pena con la que pocos meses después huyó del país a través de Suiza.

Como recuerda el portal de 'Feminism in India', tras el ascenso de los nazis, su huida no la detuvo en ayudar a varias familias judías a poder escapar había hecho ella. "Durante sus últimos años, la princesa Catalina acogió a numerosos refugiados judíos en su residencia de Inglaterra". Algo que también atestigua 'The New York Review': "Se ofreció espontáneamente a dejar que todos los Hornstein se quedaran con ella en Buckinghamshire hasta que llegara el momento de ir a Australia. Inmediatamente, organizó cartas de patrocinio de visas, atestiguando que no necesitarían ayuda financiera o laboral del estado británico, para permitirles volar a Inglaterra".

Falleció con 71 años en su cama la noche del domingo 8 de noviembre de 1942, en su casa en Penn. Su mayor deseo era ser incinerada y que al menos la tercera parte de sus restos descansaran junto a los de su amada Lina.

Mucho antes de que la reivindicación del amor diverso estallara definitivamente, existieron cientos de vidas e historias sorprendentes de personas que no se ajustaban a las líneas rectas marcadas por su época. Poco a poco, vamos conociendo sus nombres, sus palabras y la expresión de sus pretensiones. En este caso, una expresión realizada dentro de las paredes de un palacio, en el núcleo de una gran monarquía.

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