Marie Tharp, la mujer que trazó los relieves del mundo que hoy conocemos
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Un papel en blanco y un planeta entero

Marie Tharp, la mujer que trazó los relieves del mundo que hoy conocemos

Sus dibujos fueron fundamentales para el desarrollo de la teoría de la tectónica de placas y con ella el funcionamiento mismo del planeta que seguimos intentando conocer

Foto: Fuente: The Library of Congress
Fuente: The Library of Congress

Mientras cubre de ceniza y lava una parte de la isla, el volcán de La Palma está dejando al aire el desconocimiento social acerca de cuestiones de geografía que, como una erupción, nos sorprenden ignorando la tierra que pisamos. Mientras la actividad ahí abajo sigue su curso, el curso natural de la vida aquí arriba se ha ajustado a ella: estamos pendientes de lo que la tierra escupe, de cuánto escupe y cada cuánto lo hace, este es el trabajo de muchas personas que ya miraban más allá del suelo volcánico antes de que este se rompiera. Como este, la Tierra gesticula constantemente en multitud de formas distintas que requieren observación y análisis, predicción y previsión, un estudio meticuloso que permita la vida en ella.

¿Qué sería de la humanidad hoy en día sin la geografía? Basta poner la vista en las tres personas de la Cátedra Universitaria de Reducción del Riesgo de Desastres y Ciudades Resilientes de la Universidad de La Laguna que, como apuntaba Guillermo Cid en este artículo para 'El Confidencial', "se ha convertido en el mejor oráculo para saber cómo va a evolucionar el camino de la lava antes de que la propia lengua dé ese paso". Dirigidos por Jaime Díaz Pacheco, un grupo de geógrafas y geógrados emplean un "pequeño y sencillo modelo matemático que simula la evolución del volcán uniendo variables básicas: espesor de la lava, una velocidad que se va retocando y la topografía exacta de la isla".

Foto: Varios miembros del equipo de la Cátedra RRD que ha creado el modelo de simulación. (Imagen cedida)

Para responder a la pregunta, sin embargo, hay que remontarse sesenta años atrás. El importante trabajo de estas personas en la actualidad habría sido muy distinto entonces. De hecho, de no ser por geóloga y oceanógrafa Marie Tharp, quién sabe si también sería muy distinto ahora. Que la geografía va de la mano de la geología y la oceanografía resulta evidente, pero quizás no tanto que el transcurso mismo de la concepción del mundo tenga nombre de mujer; por supuesto, no solo a nivel social, sino desde las mismas bases de la conciencia moderna, desde la ciencia y sus descubrimientos. Sin el trabajo de Tharp, preveer el Cumbre Vieja habría sido otra cosa.

¿Que la tierra se mueve por el agua?

Sus imágenes fueron fundamentales para el desarrollo de la teoría de la tectónica de placas, es decir, la idea de que las placas, o grandes secciones de la corteza terrestre, interactúan para generar la actividad sísmica y volcánica del planeta. Anteriormente, investigadores anteriores, sobre todo Alfred Wegener, habían observado lo bien que encajaban las costas de África y América del Sur y, en base a ello, propusieron que estos continentes habían estado conectados una vez, y tal vez todos los continentes. Tharp ratificó esa idea en un momento en que sonaba a auténtico chiste. ¿Que la tierra se mueve por el agua? Jajaja. Esta geóloga estadounidense no se reía, sabía que lo que había encontrado lo determinaba todo: encontró montañas y un valle del rift en el centro mismo del Océano Atlántico, justo por donde los dos continentes podrían haber sido separados.

placeholder Fuente: Wikipedia
Fuente: Wikipedia

A pesar de todas las expediciones a las profundidades marinas y de las muestras tomadas del lecho marino durante los últimos 100 años, sostiene la profesora de Ciencias de la Tierra y el Medio Ambiente en la Universidad de Wesleyan, Suzanne O’Connell, en 'Atlas Obscura', "los seres humanos todavía saben muy poco sobre los confines más profundos del océano, y hay buenas razones para aprender más".

Para empezar, la actividad volcánica tiene mucho que ver con la actividad sísmica. Como recuerda esta , la mayoría de los tsunamis comienzan con terremotos debajo o cerca del fondo del océano. Además, el fondo marino proporciona hábitat para un sinfín de peces, corales y comunidades complejas de microbios, crustáceos y otros organismos, y su topografía controla las corrientes que distribuyen el calor, lo que ayuda a regular el clima del planeta.

Todas las verdades de Tharp

Hasta bien entrada la década de 1950, muchos científicos asumieron que el fondo marino carecía de rasgos distintivos. Tharp demostró que contenía un terreno accidentado y que gran parte de él estaba dispuesto de forma sistemática. Como apuntan en la 'Woods Hole Oceanographic Institution', "las primeras mediciones de profundidad, recopiladas con cuerdas y pesos de plomo como balas de cañón, sugirieron que el fondo del océano era un poco más complejo. Con 200 sondeos obtenidos de esta manera, Matthew Fontaine Maury de la Armada marcó una meseta en medio del Atlántico Norte en su mapa de 1854. En la década de 1870, los sondeos realizados durante las legendarias expediciones del HMS Challenger indicaron un gran aumento en el Atlántico central, y las mediciones de temperatura realizadas por el líder de la expedición del Challenger, Charles Wyville Thomson, indicaron que había una barrera entre las cuencas este y oeste del Atlántico".

Sin embargo, cuando Tharp y su compañero Bruce Heezen publicaron el primer mapa del Atlántico en 1957, los dibujos de Tharp revelaron que el lecho marino está cubierto de cañones, crestas y montañas. Con el tiempo, sus mapas demostraron la existencia de las dorsales oceánicas, una serie de cadenas montañosas que se extienden a lo largo de más de 40.000 millas alrededor del mundo.

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Fuente: Lamont-Doherty Earth Observatory (Columbia University)

Tiene mucho sentido que la hija de un agrimensor del Departamento de Agricultura de EE.UU. heredara el gusto por la geología y la cartografía, dice Erin Blakemore en 'Smithsonian', pero dado el escaso número de mujeres en geología en particular y aún en la ciencia en general en ese momento (según señala Blakemore, las mujeres solo representaban el 4% de todos los doctorados en ciencias a nivel mundial entre 1920 y 1970), la historia de Tharp se revela contra el pasado, su presente y el futuro, nuestra actualidad.

A través del machismo en la ciencia

Después de trabajar para una compañía petrolera en Oklahoma, en 1948 Tharp comenzó a buscar trabajo como geóloga en la Universidad de Columbia. Por entonces, las mujeres seguían sin poder viajar en barcos de investigación, Tharp tuvo que aceptar un puesto como ayudante de muchachos que acababan de graduarse.

"Como muchas otras científicas de su época, Tharp encontró una oportunidad inesperada en forma de guerra mundial"

"Como muchas otras científicas de su época, Tharp encontró una oportunidad inesperada en forma de guerra mundial", recuerda Blakemore. Durante la década de 1940, Tharp pudo obtener una maestría acelerada en geología debido a la escasez de hombres jóvenes en el departamento de ciencias de la tierra en la Universidad de Michigan.

Aun así, los profesores de Tharp sabían que, de seguirlo, sería una camino cuesta arriba. De hecho, uno de ellos le animó a estudiar más sus habilidades de redacción para aumentar sus posibilidades de conseguir cualquier otro tipo de trabajo cuando, tras la guerra, los hombres volvieran.

En el núcleo de la investigación

Llamado ahora 'Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty', el laboratorio de la Universidad de Columbia era en aquel momento "el punto cero" para la investigación de las ciencias de la tierra de vanguardia, explica el equipo en su página web.

Haciendo caso omiso a quienes le negaban la posibilidad, comenzó así a trabajar con Bruce Heezen, un estudiante de posgrado a quien no se le ocurrió nada mejor que darle a redactar perfiles del fondo marino. Esto es, rollos de papel largos que muestran la profundidad del fondo marino a lo largo de una trayectoria lineal, medida desde un barco mediante un sonar.

Pues eso hizo. Delante de una gran hoja de papel en blanco, Tharp empezó a marcar líneas de latitud y longitud. "Luego marcaría cuidadosamente el lugar al que había viajado el barco. A continuación, leería la profundidad en cada ubicación del perfil del sonar, la marcaría en la trayectoria del barco y crearía su propio perfil condensado, mostrando la profundidad del fondo del océano frente a la distancia que había viajado el barco", añaden desde el centro.

Un trabajo ingrato

Está claro que los mapas, en tanto que reflejos de la visión humana del mundo, generan en sí mismos una visión extendida, compartida, certificada sobre la tierra. Pero, ¿qué pasa con la forma en que entendemos lo que hay debajo de ella?

Durante años, Heezen recopiló los datos bajo el agua mientras Tharp procesaba los números que este le daba y los trazaba. "Era un trabajo ingrato en una época anterior a las computadoras, tuvo que peinar una enorme pila de sondas de sonar y trazar sus medidas a mano. Aún así, encontró inspiración en el misterio mismo de la tarea", apunta Blakemore.

La propia Tharp lo diría más tarde, en 1999, en un ensayo sobre el Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty: "El mundo entero se extendía ante mí. Tenía un lienzo en blanco para llenar con posibilidades extraordinarias... Era una oportunidad única en la vida, una oportunidad única en la historia del mundo para cualquiera, pero especialmente para una mujer en la década de 1940".

El mundo trazado a mano

Todas sus representaciones del fondo del océano fueron, efectivamente, dibujadas a mano, pero no les faltaba un solo detalle. A partir de 1957 comenzaron a publicar los primeros mapas completos que mostraban las principales características del fondo del océano: montañas, valles y trincheras. Los trazos de Tharp iban a cambiar la forma en que la gente imagina dos tercios del mundo. Una de sus innovaciones más importantes fue la creación de bocetos que describieran cómo se vería el fondo marino. Estas vistas facilitaron la visualización de la topografía del fondo del océano y la creación de un mapa fisiográfico.

placeholder Fuente: The University of Chicago
Fuente: The University of Chicago

Uno de estos mapas es un trazado de seis perfiles de este a oeste a través del Atlántico Norte que reveló algo que nadie había descrito antes: una hendidura en el centro del océano, de millas de ancho y cientos de kilómetros de profundidad. Tharp sugirió que se trataba de una especie de valle de rift, un tipo de depresión larga que se sabía que existía en tierra.

En ese mismo momento, otro asistente de investigación se encontraba trazando las ubicaciones de los epicentros de los terremotos en un mapa del mismo tamaño y escala. Al comparar los dos mapas, Heezen y Tharp se dieron cuenta de que los epicentros de un gran terremoto habían sucedido dentro de aquel valle del rift. Este descubrimiento fue fundamental para el desarrollo de la teoría de la tectónica de placas: sugirió que se estaba produciendo un movimiento en el valle del rift y que los continentes en realidad podrían estar separándose.

"Habladurías de chicas"

Algunos científicos pensaron que el trabajo era brillante, pero la mayoría no lo creyó. Su primera evidencia de expansión del lecho marino fue descartada como "habladurías de chicas". No pudo poner un pie en un barco de investigación hasta 1968. Sus "tonterías", sin embargo, habían hecho temblar toda la esfera científica, y eso Heezen lo sabía, todos lo sabían. Cuando este publicó el trabajo se llegó a atribuir el mérito a él mismo. Mientras el geólogo se imponía, Tharp (como muchas otras científicas de su época) fue relegada a un segundo plano.

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Fuente: Marie tharp maps (Flickr)

En 1977, Tharp y Heezen publicaron el primer mapa mundial completo de los fondos oceánicos. Después de la muerte de Heezen en 1977, Tharp continuó su trabajo, aportando datos reveladores hasta su muerte en 2006. En octubre de 1978, recibió la Medalla Hubbard de manera póstuma, el mayor honor de la 'National Geographic Society'.

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Fuente: Wikipedia

Las líneas a mano quedaron con las manos de Tharp. Hoy en día, para medir la profundidad oceánica, los barcos utilizan un método llamado mapeo de franjas, siguiendo una ruta en una cinta en lugar de a lo largo de una sola línea. Las cintas, como explica O'Connell, se pueden coser juntas para crear un mapa preciso del fondo marino.

"Un barco tardaría 200 años en trazar un mapa completo del lecho marino", añade O'Connell. Por ello, los organismos internacionales se han marcado el objetivo de llegar a un acuerdo mútuo para mapear todo el fondo del océano en detalle para 2030. Se utilizarán para ello varios barcos, dirigido por la Fundación Nippon y la Carta Batimétrica General de los Océanos. Actualmente, este proyecto llamado "Seabed 2030" se encuentra al 20% realizado, lo que quiere decir que ya se conoce con precisión el 20% del suelo oceánico.

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