Los orígenes del teléfono: cuando llamar era cuestión de mujeres
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Los orígenes del teléfono: cuando llamar era cuestión de mujeres

Ya en la década de 1870, antes de que el gesto de coger un teléfono entrase en un bucle de repetición para los siglos, la tecnología ya se consideraba femenina

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Foto: Wikipedia.

Lo que en la actualidad conocemos como redes de comunicaciones tiene su origen en el siglo XIX. Fue entonces cuando se utilizó la tecnología a gran escala como un medio para mejorar la transmisión de información y las relaciones humanas. Del telégrafo óptico al eléctrico y de este a la telegrafía inalámbrica y la radiodifusión. Bienvenido sonido, el sonido de las mujeres.

En la actualidad, la configuración del mercado laboral he obligado a muchas personas a necesitar horas de práctica para adentrarse en Internet, también quienes se manejan bien con este se han adherido aún más a las redes, tanto que la dicotomía está presente diariamente: ¿nos gusta o no nos gusta esta herramienta? El colapso tecnológico es ahora colectivo; sin embargo, alguna vez fue ilusión, utopía futura, con una lógica muy similar a la que nos atañe pero mucho más estigmatizado.

Foto: Fuente: Cryptomuseum

Tras el confinamiento, aquellas personas que comenzaron a trabajar han aprendido nuevas formas de presentarse y dialogar, ajustando no solo el habla, sino también la iluminación y los ángulos de cámara, ateniéndose a la imagen y a los gestos que la pantalla refleja. No es la primera vez que lo hacemos; de hecho, nos amoldamos a las nuevas tecnologías diariamente aunque la costumbre nos aleje de la conciencia. Sin embargo, a finales del siglo XIX, no fue la costumbre sino la novedad lo que introdujo la rutina del teléfono como un objeto femenino.

Un asunto de mujeres

"El teléfono no fue inicialmente de ninguna manera la criatura masculina que sugieren los análisis de orientación sociológica", dice Livia Gershon en 'Jstor'. Es más, ya en la década de 1870, antes de que el gesto de coger un teléfono entrase en un bucle de repetición para los siglos, la tecnología ya se consideraba femenina. "En muchas historias románticas de esa época, los hombres luchaban con los teléfonos mientras que las mujeres los usaban con facilidad. Por ejemplo, Schöberlein describe esta dinámica en el romance de ciencia ficción de 'Mark Twain' de 1878 'Los amores de Alonzo Fitz Clarence y Rosannah Ethelton'".

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Foto: Wikimedia.

El teléfono fue fundamental para lo que se entendía como el camino a la vida moderna (lo que fuera, sin camino, o un camino de inventos que aunaran todo aquello lejano. La modernidad modificó el concepto de suburbio y propició la separación de hogares y negocios, pero no solo eso, también se convirtió en una razón para la separación entre las mujeres que ocupaban la esfera privada y la esfera pública apropiada por los hombres. "Tanto históricamente como en la actualidad, las mujeres son predominantemente responsables de las llamadas telefónicas que unen la esfera pública y privada, como las llamadas sobre citas y reuniones con el médico", sostiene Cheris Kramarae en 'Tecnología y voces de mujeres: mantenerse en contacto'.

Este objeto se presentó a la sociedad como una de esas proyecciones latentes que sitúa el presente por encima de lo anterior, una ambición que llegó primero a los lectores de ficción estadounidenses de finales de siglo. La literatura era un hábito de las clases adineradas, y entiéndelo: la novela acababa de aterrizar en esa dimensión de la lógica de placer por lo que resulta culto y superior. La tecnología tenía todas esas características, más en el momento de agarrarse de la rama de la cultura. Casi exclusivamente (e inmediatamente) a través de los romances populares, las personas fueron asumiéndolas con asombro y curiosidad, con orgullo. La forma perfecta de difundir el saber, la forma perfecta de acotarlo.

El sonido de los romances

Así se fue configurando la telefonía, "adoptándola de todo corazón", y adaptando a ella obras literarias que habían aparecido en las principales publicaciones periódicas estadounidenses, desde 'The Atlantic' hasta 'Harper’s Weekly'. Se trataba de historias románticas, por supuesto, breves y centradas en romances que el teléfono hacía posible. ¿Cómo no iba a gustar un teléfono?

"Todos estos romances se hicieron eco y propagaron una gran lectura de género de la tecnología", apunta el coleccionista Jean Godi en su web. En un análisis llevado a cabo por el periodista Michèle Martin de las primeras redes telefónicas en América del Norte, este sostiene que "en lugar de tecnología masculina, subvertida a través de su popularidad masiva entre las mujeres y, en lo sucesivo, culturalmente enmarcado como 'mujer masculina' en reacción a tal domesticación percibida, los romances telefónicos sugieren una primacía de la ecuación de 'mujer' a 'teléfono'". Así creció la literatura sobre el telégrafo que ya imaginaba la tecnología de la comunicación como inherentemente femenina y la herramienta perfecta para las tramas que marcaran las posiciones sociales.

Una canción popular publicada en St. Louis en 1877, 'The Wondrous Telephone', da testimonio de eso que estás pensando: el teléfono permitiría llevar actividades de ocio a casa, el espacio adjudicado a ellas:

"Te quedas en casa y escuchas
la conferencia en el salón
o escuchas los acordes de la música de
un baile de moda"

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Foto: Wikipedia.

"Es la mujer la que vive on-line"

En 1878, el teléfono todavía se encontraba en realidad en una etapa experimental con un uso comercial limitado. Fue entonces cuando Elizabeth Stuart Phelps, quién instara a las mujeres a quemar sus corsés, trato de revertir la ecuación asegurando que la mujer era el sexo originario del ámbito telefónico, porque "es la mujer la que vive online, y tiene tanto valor como valor para demostrarlo".

Empezaban a incorporarse como mano de obra barata en fábricas, el aumento en el número de mujeres con salarios bajos y una oleada de tratados pseudocientíficos que intentaban demostrar que los cerebros de las mujeres estaban predispuestos para el trabajo de secretaría, la eliminación teórica del sexo de la tecnología de la comunicación convirtió efectivamente a las mujeres en extensiones de facto de las máquinas: el ideal del genio de los primeros años del siglo "había usado una pluma para tallar su alma en papel, y ahora el genio moderno buscaba escribir a través de híbridos mujer-máquina", expresa Godi.

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Foto: Wikipedia.

La historiadora Laura Tennant recuerda el caso de Marian West, reportera en 1899 del periódico 'San Francisco Call' cuando aceptó un trabajo como telefonista para poder informar con más veracidad sobre la rutina de trabajo de las aquellas chicas que empezaban a atender llamadas en masa. Según recoge Tennant, West llegó a decir: "De todos los inventos del hombre, no hay nada que tenga más de lo inesperado, lo repentino, lo inmediato que el montón de cables que aterrizan frente a cada telefonista y la mantienen ocupada interminablemente", señalando que, en los "intercambios" de las grandes empresas telefónicas, como se llamaba a los lugares de trabajo de este sistema, "los dueños de las empresas daban recorridos a los clientes y todo lo que hacían las chicas tenía que ser perfecto". De hecho, a veces los operadores cambiaban los cables para que las trabajadoras tuvieran que enfrentarse a más 600 conexiones en una sola hora.

Detrás de las operadoras

Tennand recupera además la historia de la primera mujer operadora, Emma Nutt, que comenzó en la compañía telefónica de Boston en 1878. Por entonces, antes que ella, ya habían llegado al puesto algunos hombres primero; sin embargo, la actitud y el comportamiento de estos adolescentes, que habían sido los primeros empleados, resultaba inaceptable, por lo que las mujeres jóvenes fueron, a ojos de los empresarios, conformándose como operadoras de centralitas.

En España, recuerdan desde el 'Espacio Fundación Telefónica', las telefonistas también se ocupaban ya de las llamadas a finales del siglo XIX, aunque décadas más tarde comenzaron a ser sustituidas por la propia máquina, como una extensión avanzada de sus brazos: "La Compañía Nacional de Telefónica de España, la actual Telefónica, comenzó a instalar progresivamente centralitas en todo el país a partir de 1924. Este equipamiento hizo innecesario que las telefonistas supervisaran las comunicaciones telefónicas, pero esto no supuso la desaparición de los telefonistas. Todo lo contrario: su papel fue fundamental para mejorar las comunicaciones del país".

"Los receptores de cabeza se sujetaban a las orejas con una banda de metal flexible que nunca se quitaban mientras trabajaban"

No obstante, las telefonistas españolas eran más jóvenes que las estadounidenses. Las edad máxima se estableció aquí en los 27 años y, además, debían ser solteras, medir un mínimo de 1,55 metros, no llevar gafas y presentar un certificado de buena conducta.

Antes de que su figura fuera resignificada por los hombres hacia aparatos aún más rápidos que ellas, las mujeres trabajaban sentadas frente a una larga hilera de tablas con cables durante horas. Así lo explica detalladamente Tennant: "Los receptores de cabeza, llamados gorras, se sujetaban a las orejas con una banda de metal flexible que nunca se quitaban mientras trabajaban. Delante tenían dos paneles del largo tablero de distribución con cientos de orificios de metal llamados "tomas", y cada uno significaba un teléfono. Un cable salía de los receptores y se deslizaba por un enchufe en la repisa de la centralita. Una boquilla colgaba frente a ellos con cuerdas suspendidas, dejando las manos y el cuerpo de la niña libres para moverse. Debajo del panel había una fila de discos: uno que se caía cuando alguien llamaba. En la repisa había enchufes, cada uno en el extremo de un cable largo y flexible y filas de botones de circuito de llamada, enunciadores, levas y botones de timbre; las levas eran pequeñas palancas que los operadores levantaban para escuchar una llamada".

placeholder Cartel de la película 'The Telephone Girl'. (Wikipedia)
Cartel de la película 'The Telephone Girl'. (Wikipedia)

Las "Hello Girls", unas máquinas

El inventor del teléfono Alexander Graham Bell había contratado a Nutt y otras mujeres que pronto reemplazaron a los operadores masculinos porque "eran más corteses con las personas que llamaban y se les pagaba entre la mitad y la cuarta parte del salario de un hombre". Estas mujeres se hicieron conocidas como las "Hello Girls" o "Chicas telefonistas" en su versión en español. Eran jóvenes, comenzaron el trabajo como estudiantes ganando tres dólares a la semana, escuchando a operadores capacitados al principio y obtenían aumentos de acuerdo a su capacidad; tenían que ser inteligentes y estar alerta y después de dos o tres años, alcanzaron el salario máximo de 9 dólares a la semana.

Harriot Daley, por su parte, se convirtió en la primera operadora de centralitas en el Capitolio de los EEUU en 1898 y la Unidad de Operadoras Telefónicas de Mujeres del Cuerpo de Señales, un grupo de operadoras de centralitas estadounidenses bilingües en la Primera Guerra Mundial, no fueron reconocidas oficialmente por su servicio militar hasta 1978.

"Dada la mala calidad del sonido de los primeros teléfonos, muchos oyentes se quejaron de no comprender algunos dialectos"

Asimismo, tanto en hombres como en mujeres en la primera era del teléfono, una buena voz llegó a estar conectada con el uso del inglés estándar en el país norteamericano, afirma Gershon. "En épocas anteriores, los estadounidenses se comunicaban en sus diferentes dialectos regionales tanto en la vida real como en el trabajo escrito. Pero, dada la baja calidad del sonido de los primeros teléfonos, muchos oyentes se quejaron de no comprender algunos dialectos. Los hombres, en particular, eran aparentemente difíciles de entender".

Dada la creciente importancia que fue adquiriendo la voz, a finales del siglo XIX, las instituciones educativas, desde las escuelas primarias hasta las universidades, comenzaron a ofrecer cursos de instrucción de voz y dicción a las y los estudiantes. Así muchas personas aprendieron a hablar con claridad y precisión sin forzar sus cuerdas vocales. En cambio, esto no apagó los clichés de la época: "Todo esto significaba que los hombres que hablaban claramente por teléfono resultaban afeminados". Un siglo después, el tono de voz sigue condicionando, a menudo, a hombres y mujeres. Nadie imaginaría que el teléfono fuera solo cosa de mujeres, mientras dicen "Alexa, ponme al teléfono".

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