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Una máquina de escribir de Barbie o cómo las niñas de los 90 pudieron aprender a cifrar mensajes
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Una máquina de escribir de Barbie o cómo las niñas de los 90 pudieron aprender a cifrar mensajes

Un museo digital ha recopilado los pasos que deben seguirse y que desaparecieron de las instrucciones de aquel supuesto juguete

Foto: Fuente: Cryptomuseum
Fuente: Cryptomuseum

En la década de los noventa, la industria de la tecnología de la comunicación había ocupado ya la lógica del mercado, prueba de ello es que ni la industria de los juguetes quiso perder la oportunidad de introducir en el nuevo lenguaje a los más pequeños. Quienes nacieron en los últimos años de la generación millennial crecieron a medida que este negocio afianzaba otra forma de relacionarse, que en la actualidad se traduce en una reacción tan inmediata como adictiva, internet como un apéndice del cuerpo, sobre todo y precisamente en la población más joven. Con las redes, el lenguaje muta más que nunca. Muchos adultos ni siquiera comprenden una frase entera en lo que llaman "lenguaje de la juventud", que les resulta un auténtico enigma. Aunque estas diferencias comunicacionales han aumentado exponencialmente en los últimos años, ya en los noventa una marca pudo enseñar encriptación a niñas y niños. Tras su apariencia de juguete, aquella máquina de escribir de 'Barbie' que llegó a muchas casas en navidad escondía una opción que hasta entonces había sido herramienta para los servicios de inteligencia y espionaje.

Hay quienes no lo saben, pero mucho antes que las redes sociales, incluso mucho antes que aquel primer vestigio de ellas que fue Messenger, el dominio del chat ya se estaba gestando, como si fuera parte de la educación, desde los productos dirigidos a niñas y niños. Si creciste en los noventa, incluso años antes, es muy probable que tuvieras un par de ‘walkie talkies’, algún que otro Tamagotchi y, pronto, las primeras 'Nintendo'. Sin darnos cuenta, todos aquellos aparatos de colores estaban marcando una forma de lenguaje que ya en la primera década de los 2000 habían convergido en el chat de la Nintendo DS, el Pictochat.

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Vendida en todo el mundo

Por entonces, la mecanografía y la informática formaban parte de las extraescolares, pero hace años que dejaron de serlo: la generación X y las que le prosiguen tienen ya todo esto integrado en clase, en casa, en el mundo que les rodea. En la actualidad, existen comunidades de lenguaje digital infantil como es el caso del universo de los Ksi-Meritos, o redes sociales como 'Banana Connection', 'Playkids Talk', 'KidzWorld' y muchas más donde el vocabulario cambia constantemente y parece indescifrable. Hoy lo saben, pero hace dos décadas nadie supo que esta posibilidad ya existía en una máquina de escribir con pegatinas de flores.

La ‘Barbie Typewriter E-118’ se comercializó a lo largo de los años noventa como una máquina de escribir electrónica de juguete. Era un modelo de bajo coste diseñado por la compañía de juguetes eslovena 'Mehano' que no tardó en venderse en todo el mundo. Fue la empresa estadounidense 'Mattel', una de las más importantes y que además comercializa desde sus inicios la marca de 'Barbie', la que la convirtió en un reclamo. Con un cuerpo de plástico que incluía un teclado de 49 botones, un rodel de plástico que aceptaba hojas de papel comunes y una impresora de rueda de margarita, esta máquina fue el último modelo de toda una línea de máquinas (a partir de las originales de Mehano, puramente mecánicas) que había comenzado con el diseño de la E-115 (el único vendido directamente por el fabricante esloveno).

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Parecían unas simples máquinas de escribir para regalar en navidad, pero quienes la recibieron jugaron con algo más que un juguete y nunca lo supieron, hasta ahora. Según ha informado Cryptomuseum, esta máquina incluía posibilidad de encriptar mensajes y desencriptarlos después. Una opción presente en todos los modelos, cuyo PCB interno se rediseñó varias veces a lo largo de la década, pero nunca se eliminó la opción. "Es poco conocido que la mayoría de las variantes electrónicas tienen una capacidad criptográfica incorporada oculta que permite la escritura secreta", apuntan en la web de este museo digital.

El color rosa y la escritura secreta

Esto quiere decir que, además de las funciones básicas de cualquier máquina de escribir, como la composición, el espaciado entre letras y el subrayado, este juguete era capaz de codificar y decodificar mensajes, haciéndolos secretos, utilizando uno de los cinco modos de cifrado integrados que existen. Estos modos se activaban ingresando una secuencia de teclas especial en el teclado que solo se explicaron en las instrucciones del modelo original. Gracias al Cryptomuseum, se han podido recopilar aquellas instrucciones, recogidas en unos diagramas que ilustran cómo las niñas pudieron haber aprendido cifrado enigma jugando. Para empezar: se puede acceder a estas funciones presionando SHIFT y LOCK en combinación con otra tecla, según el modelo. La acción no es nada compleja.

La persona que lo reciba ya solo tendrá que seleccionar la CLAVE adecuada para decodificarlo utilizando la combinación de teclas correspondiente

Se trata de un cifrado de sustitución mono alfabeto (conocido como MASC) con cuatro claves diferentes, es decir, cuatro alfabetos transpuestos diferentes que podemos llamar CLAVE 1 a 4. Al codificar un mensaje, es necesario seleccionar la CLAVE deseada con los primeros cuatro botones de la fila superior del teclado. Una vez que hecho este paso, el mensaje de texto sin formato se puede ingresar en el teclado y el mensaje de texto cifrado aparecerá en el papel. La persona que lo reciba ya solo tendrá que seleccionar la CLAVE adecuada para decodificarlo utilizando la combinación de teclas correspondiente que aparecen en la web del museo. El equipo, además, ha recopilado las tablas de sustitución alfabéticas para cada uno de los cuatro modos de cifrado de la versión británica E117B, que incluyen caracteres estándar y especiales.

Así fue como muchas niñas y niños de los noventa pudieron aprender lenguaje enigma, lo que hoy parece una característica propia del mismo de las nuevas generaciones. Sin embargo, la misma concepción social que hizo envolver estas máquinas en color rosa (característico de la marca Barbie) por estar dirigidas a niñas, consideró que la escritura secreta no les atraería, las funciones de codificación y decodificación se omitieron en el manual. Ahora, aquellas niñas que las conserven pueden buscar sus máquinas y probar esta opción, o mandarle un mensaje al machismo, sin necesidad de cifrarlo: Como el color rosa, la escritura secreta no tiene género.

En la década de los noventa, la industria de la tecnología de la comunicación había ocupado ya la lógica del mercado, prueba de ello es que ni la industria de los juguetes quiso perder la oportunidad de introducir en el nuevo lenguaje a los más pequeños. Quienes nacieron en los últimos años de la generación millennial crecieron a medida que este negocio afianzaba otra forma de relacionarse, que en la actualidad se traduce en una reacción tan inmediata como adictiva, internet como un apéndice del cuerpo, sobre todo y precisamente en la población más joven. Con las redes, el lenguaje muta más que nunca. Muchos adultos ni siquiera comprenden una frase entera en lo que llaman "lenguaje de la juventud", que les resulta un auténtico enigma. Aunque estas diferencias comunicacionales han aumentado exponencialmente en los últimos años, ya en los noventa una marca pudo enseñar encriptación a niñas y niños. Tras su apariencia de juguete, aquella máquina de escribir de 'Barbie' que llegó a muchas casas en navidad escondía una opción que hasta entonces había sido herramienta para los servicios de inteligencia y espionaje.

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