Las Kardashians del siglo XIX: auge y caída de las siete hermanas Sutherland
  1. Alma, Corazón, Vida
una historia digna de rapunzel

Las Kardashians del siglo XIX: auge y caída de las siete hermanas Sutherland

Famosas gracias a sus largos cabellos, se convirtieron en celebridades que vivieron una vida de excesos y acabaron muriendo en la más absoluta pobreza

placeholder Foto: Las hermanas Sutherland. (Wikipedia)
Las hermanas Sutherland. (Wikipedia)

Para las mujeres, el pelo es uno de sus bienes más preciados y no pocas han salido de la peluquería con lágrimas en los ojos después de un corte poco favorecedor (por mucho que tengamos constancia de que crece). La moda ha cambiado mucho a lo largo de la historia, y el pelo siempre ha formado parte de la misma: mientras que la 'garçonne' se cortaba el pelo para demostrar emancipación y rebelarse contra la tradición, la mujer victoriana de clase acomodada no se cortaba el pelo jamás para demostrar con ello su posición privilegiada.

Y justamente de pelos largos va esta historia. Con perdón de las Kardashians, los americanos tuvieron hace más de 100 años otro grupo de hermanas igual de famosas que las del reality, a las que algunos denominan incluso como las primeras modelos del país: las hermanas Sutherland. Su curiosa historia comienza en el condado de Niágara, en Nueva York, concretamente en un pequeño pueblo llamado Cambria.

Aunque las siete hermanas hacían giras musicales, cosecharon éxito gracias a sus largas cabelleras, que llamaban la atención del público

Las hermanas (Sarah, Victoria, Isabella, Grace, Naomi, Dora y Mary) no tuvieron una infancia especialmente feliz: descalzas y harapientas se dedicaban a cuidar pavos en la granja familiar, nacieron entre 1851 y 1865, y en un principio se interesaban por la música. De hecho, aprendieron a cantar y tocar varios instrumentos, y formaron un coro ambulante que cosechó cierto éxito. Sorprendentemente, no eran sus cualidades musicales lo que atraía al público (como el padre, Fletcher Sutherland, descubriría) sino sus largas cabelleras.

Quizá eran pobres, pero no escatimaban en gastos en lo que a su pelo se refiere. La madre de las niñas había inventado un ungüento de olor nauseabundo, pero que, según aseguraba, hacía que el pelo de sus hijas creciera mucho más rápido y fuerte. Como explica el biógrafo Brandon Stickney, pronto, el progenitor vio un futuro potencialmente económico en los cabellos de sus hijas y explotó la imagen de las 'Seven Sutherland Sisters', a las que las grandes compañías itinerantes e incluso algunos circos se rifaban, al más puro estilo El hombre elefante.

En aquella época todo lo que fuera diferente atraía al público, y el cabello a lo Rapunzel de las niñas (a las que apodaron 'las siete maravillas') los embelesó. El pelo de Victoria, la segunda hermana, que era el más largo, medía dos metros de largo y si lo dejaba suelto se arrastraba por detrás. El hecho de que fueran siete, un número bíblico, también aportaba cierto misticismo a las jóvenes, que se dedicaron a participar en vodeviles y a realizar giras.

El padre patentó un crecepelo milagroso y en el primer año obtuvo unos 90.000 dólares de beneficio, gracias a la fama de las hermanas

De hecho, llegaron a actuar en Broadway y en 1884, firmaron contrato con Barnum and Baileys's para el circo 'El espectáculo más grande de la tierra'. Por aquel entonces ya eran famosas, vendían pósters y las reconocían por la calle, e incluso en varias ocasiones algunos fans intentaron cortarles el pelo o les ofrecían determinado dinero si lo hacían. Como la madre había muerto en 1867, unos años antes, y como señalamos anteriormente era la que se encargaba del extraño mejunje, el padre intentó reinventar (o, simplemente, crear) un tónico crecepelo milagroso, y, ¿qué mejores ejemplos de lo que el producto podía hacer que sus propias hijas?

No le fue mal, por lo menos al principio. Aseguraba que el tónico era lo que le había ayudado a prevenir su propia calvicie. En el primer año obtuvo unos 90.000 dólares de beneficio, gracias a la fama de las hermanas, y las ganancias ascendieron con el paso del tiempo hasta los tres millones gracias a sus tácticas de marketing: cada botella podía venderse por 50 centavos o 1,50 dólares, que podía ser el sueldo de una semana de un estadounidense en aquella época. Las hermanas, por su parte, siguieron cosechando fama y siendo portada de algunos periódicos de la época que iban desde 'The New York Times' al 'The New Yorker'.

Las hermanas seguían modelando y se convirtieron en auténticas celebridades: en 1893 construyeron una increíble mansión en Cambria

Durante años, las hermanas continuaron cediendo su imagen para el milagroso tónico y crearon algunos eslóganes como "el cabello de una mujer es su gloria suprema" o "recuerden señoras, es el cabello, no el sombrero, lo que las hace hermosas". Eran modelos de cabello en las ventanas de las farmacias, daban consejos de belleza y seguían haciendo giras de canto. Abrieron oficinas en Nueva York, Filadelfia, Chicago, Toronto o La Habana y se convirtieron en auténticas celebridades a las que no les faltaron pretendientes, aunque Sarah, Mary, Grace y Dora jamás se casaron, quizá para poder continuar teniendo pleno control sobre su riqueza.

Las siete hermanas comenzaron a vivir una vida de opulencia, sin escatimar en gastos, y en 1893 construyeron una increíble mansión en la zona de Cambria donde habían vivido modestamente de niñas. Contaban con 14 habitaciones, pisos de madera, candelabros de cristal, camas importadas de Europa o baños de mármol con agua corriente fría y caliente. Aunque de cara la galería seguían mostrando una imagen ejemplar, comenzaron a surgir rumores sobre sus fiestas y excesos, así como historias acerca de que practicaban espiritismo o tenían varios amantes.

El cambio de siglo, la Primera Guerra Mundial y la llegada de las flappers marcaron el principio del final de la fama de las hermanas

Pero nada es eterno. Con el advenimiento del nuevo siglo y la llegada de la Primera Guerra Mundial, las mujeres comenzaron a cortarse el cabello por pura comodidad, hasta la llegada de las flappers, que marcaría el principio del final para las Sutherland, que habían hecho del pelo largo su seña de identidad. Intentaron vender su historia en Hollywood, pero no lo lograron, y para entonces habían gastado prácticamente toda su fortuna y estaban arruinadas.

En 1936 la corporación de las Sutherland cerró definitivamente y el 24 de enero de 1938 la mansión, que llevaba años abandonada, se quemó por completo. De las dos hermanas que quedaron, Mary murió internada en un asilo, y Grace (la más longeva) en la más absoluta pobreza en 1946, tenía 92 años. Como no había espacio en el mausoleo de sus hermanas fue enterrada en una tumba sin nombre. Un final bastante amargo para un cuento de hadas digno de la mismísima Rapunzel.

Curiosidades Historia
El redactor recomienda