Félix Yusupov: el extravagante príncipe ruso que mató a Rasputín
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el 'enfant terrible' de la nobleza rusa

Félix Yusupov: el extravagante príncipe ruso que mató a Rasputín

Coleccionaba amantes, se travestía y vivía una vida de opulencia propia de la nobleza. También fue el cerebro detrás del asesinato que adelantó la Revolución Rusa

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Fuente: WIkipedia.

Cuentan que, vaticinando de alguna manera su propia muerte, Rasputín alertó a los zares de que cuando él se marchase de este mundo a ellos no les quedaría mucho tiempo más de vida. Y, efectivamente, acertó. Apenas dos años después de que el místico ruso desapareciese, el zar Nicolás, su esposa Alejandra y sus cinco hijos fueron asesinados en la Casa Ipátiev por revolucionarios rusos. Era julio de 1918.

La historia de la familia Romanov y la nobleza de la época, que vivía una vida de ostentación y lujo mientras el resto del pueblo ruso se moría (literalmente) de hambre, y que luego tuvieron que huir a Francia durante la Revolución, ha llamado la atención del imaginario colectivo durante más de un siglo.

En torno a estas personas han surgido millones de leyendas más o menos edulcoradas, entre las que destaca la historia de la supuesta supervivencia de Anastasia, cuarta hija del zar Nicolás. Pero si entre todos estos llamativos personajes hubiera que elegir uno por su extravagancia y carisma, probablemente habría de ser el 'enfant terrible' (algo así como un Rimbaud o quizá un Sergei Polunin, salvando las distancias) de la corte: el príncipe Félix Felixovich Yusúpov.

El príncipe mimado que se travestía

El príncipe, que nació en San Petersburgo en 1887, lo hizo con buena estrella: era hijo del conde Félix Félixovich Sumarókov-Elston, gobernador de Moscú y de la princesa Zinaida Yusupova, conocida por su belleza y su riqueza, atributos que el propio Félix también adquirió. Como él mismo contaría en sus 'Memorias antes del exilio', desde joven gustaba de llamar la atención, tanto de hombres como de mujeres.

placeholder El príncipe y su esposa Irina. (Wikicommons)
El príncipe y su esposa Irina. (Wikicommons)

Surgieron cientos de historias sobre él: que había tenido su primer 'ménage à trois' con 12 años, que salía travestido a la calle desde los 13, que hacía un espectáculo en un club nudista de San Petersburgo (o Petrogrado, dependiendo de la fecha)... en estas aventuras a veces le acompañaba su hermano Nicolás. Desde el rey Eduardo VII de Inglaterra a la Princesa Irina, sobrina del Zar Nicolás II (con quien acabaría casándose), nadie parecía resistirse a sus encantos.

Corrían mil historias sobre él, que había tenido su primer 'ménage à trois' con 12 años, que se travestía, que hacía un espectáculo en un club nudista de San Petersburgo...

La muerte de su hermano Nicolás en un duelo lo convirtió en heredero potencial de un patrimonio inconmensurable y, como cualquier príncipe mimado, estudió desde 1909 a 1912 en la Universidad de Oxford (donde estableció la Sociedad Rusa). Tras casarse con Irina Alexándrovna, tuvieron una hija, y en 1914 con el estallido de la Primera Guerra Mundial convirtió una de las alas del Palacio Moika en un hospital para heridos de guerra. Evitó entrar en el servicio militar aprovechando una ley que eximía servir a los hijos únicos.

El asesinato de Rasputín

Pero si hay algo por lo que el príncipe es famoso, más allá de por su conducta extravagante, sus lujos o sus preferencias sexuales, es por haber sido el artífice del asesinato de Rasputín (y, por tanto, se convirtió sin quererlo en héroe bolchevique). Pongámonos en situación: en 1916, la influencia de Rasputín en la corte, y especialmente en la zarina Alejandra (que desesperada por la hemofilia de su hijo Alexis buscaba un remedio a su mal a toda costa, aunque pasase por la magia o los encantamientos), era considerada nefasta para muchos.

El místico y sanador tenía un gran carisma, y había conseguido hacerse un hueco entre los círculos de la aristocracia zarista, especialmente entre las mujeres, pero no todo el mundo estaba de acuerdo con su poder e influencia. El primer ministro Aleksandr Trépov le había ofrecido en el pasado doscientos mil rublos para que regresase a Siberia, sin resultado.

Yusúpov fue el cerebro del asesinato. La premisa principal es que quería acabar con la influencia que Rasputín tenía sobre los zares y librar así a Rusia de una lacra. Otros hablan de un despecho amoroso

Sea como fuere, ha pasado a la historia que el príncipe Yusúpov fue el cerebro del asesinato. La premisa principal es que quería acabar con la influencia que Rasputín tenía sobre los zares y librar así a Rusia de una lacra, aunque otros apuntan a que el monje lo habría seducido o que incluso el príncipe estaba despechado porque habían tenido una relación que no había acabado bien. De cualquier manera, aprovechando que un 29 de diciembre su mujer estaba fuera de la ciudad, invitó al místico a su palacio Moika.

placeholder El río Nevá, en San Petersburgo, donde lanzaron el cuerpo de Rasputín.
El río Nevá, en San Petersburgo, donde lanzaron el cuerpo de Rasputín.

Le acompañaban el gran duque Demetrio Pávlovich (cuya vida también daría para varios artículos), el líder derechista de la Duma, Vladímir Purishkévich, (que temía la influencia del monje), y el duque Nicolás Mijáilovich. Félix recibió a Rasputín a medianoche con la excusa de que le presentaría a su mujer (que en realidad no se encontraba en la ciudad sino en Crimea) y, mientras esperaban, le ofreció dulces espolvoreados con cianuro que el monje se comió sin que le hicieran demasiado efecto. Desesperado porque no funcionaba, Yusúpov le disparó un tiro con una pistola Browning y, pensando que había muerto, se preparó para salir y así deshacerse convenientemente del cadáver.

Le ofreció dulces espolvoreados con cianuro que el monje se comió sin que le hicieran demasiado efecto. Desesperado porque no funcionaba, Yusúpov le disparó un tiro

Pero no había muerto. Para conseguir asesinar al monje, Purishkévich, después de fallar en dos ocasiones, lo derribó con otros dos disparos y le asestó un golpe en la sien. Ni por esas. Arrastraron su cuerpo con cadenas y lo arrojaron al río Nevá. Rasputín murió oficialmente ahogado (pese a que había sido previamente envenenado y disparado varias veces). Encontraron su cadáver al día siguiente, y eso precipitó la caída del Antiguo Régimen.​

Irónicamente, eso fue lo que salvó la vida de Yusúpov en muchas ocasiones, pues las milicias rojas le perdonaron la vida. Fue uno de los últimos nobles en huir de Rusia, abandonándola en 1919 para escapar de la Revolución Bolchevique. Tenía 80 años cuando murió en París en 1967, donde había pasado la mayor parte de su vida, dedicándose a la pintura. Una vida polémica y exprimida, digna de un príncipe fascinante.

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