¿Qué ocurrió con la Cámara de Ámbar? El misterio de la octava maravilla del mundo
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¿Qué ocurrió con la Cámara de Ámbar? El misterio de la octava maravilla del mundo

La Cámara de ámbar, construida en el siglo XVIII en Prusia, sobrevivió hasta la Segunda Guerra Mundial pero fue saqueada y sigue en paradero desconocido en la actualidad

placeholder Foto: Cámara de ámbar en el Palacio de Catalina.
Cámara de ámbar en el Palacio de Catalina.

Fueron siete las maravillas del mundo antiguo. A día de hoy solo una (la Gran Pirámide de Giza, construida por el faráon Keops) se mantiene en pie, y con las demás solo podemos soñar: los impresionantes Jardines Colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa en Éfeso, el Mausoleo de Halicarnaso, la Estatua de Zeus en Olimpia, el monumental Coloso de Rodas y el Faro de Alejandría. Las guerras, el saqueo o el simple paso del tiempo las redujeron al polvo, y a día de hoy conocemos sobre su existencia, pero no podemos ni imaginar su magnificencia.

En 2007 la lista se actualizó, y gracias a millones de votaciones se establecieron las que hoy podrían considerarse las siete maravillas del mundo moderno: Chichén Izta en México, el Coliseo de Roma, la estatua del Cristo Redentor en Río de Janeiro, Petra en Jordania, la Gran Muralla China, Machu Picchu en Perú y el Taj Mahal en Agra (India). Siempre siete, un número mágico, que responde a la concepción helena, y también de otros pueblos colonizados por los griegos, que consideraba a la cifra prima más alta el número perfecto.

Seis toneladas de ámbar

Pero, ¿y si hubiera habido una octava maravilla? Rusia cuenta con grandes obras famosas por su belleza como la Iglesia del Salvador sobre la Sangre Derramada en San Petersburgo o la Plaza Roja en Moscú, pero solo una de ellas se conoce como la octava maravilla del mundo: la Cámara de Ámbar. Construida en el siglo XVIII en Prusia, fue diseñada por el escultor barroco Andreas Schülter para el palacio de Berlín, perteneciente por aquella época a Federico I de Prusia. Desde el siglo XIII, Prusia había conseguido el monopolio absoluto de la extracción y el comercio del ámbar.

Permaneció en Berlín hasta 1716, cuando el rey Federico Guillermo I (hijo de Federico I) se la regaló a su aliado por aquel entonces, el zar Pedro el Grande del Imperio ruso

Conocido como 'la piedra del sol', el ámbar fue muy requerido por la aristocracia de los siglos XVI al XIX. La estancia diseñada por Schülter se encontraba decorada con paneles de ámbar (unas seis toneladas en total) respaldados con pan de oro y espejos. Permaneció en Berlín hasta 1716, cuando el rey Federico Guillermo I (hijo de Federico I) se la regaló a su aliado por aquel entonces, el zar Pedro el Grande del Imperio ruso. Entonces se instaló en el palacio de Catalina, la residencia de verano de los zares cerca de San Petersburgo, de marcado estilo rococó. Las habitaciones del palacio eran tan grandes que el arquitecto italiano Rastrelli tuvo que extender la decoración con aún más ámbar, candelabros y mosaicos. Llegó a medir unos 55 metros cuadrados.

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Sin embargo, el destino no le deparaba un final feliz. Aunque parezca sorprendente, la estancia sobrevivió a la Revolución Rusa y llegó de una pieza a la Segunda Guerra Mundial. Durante esa época, sin embargo, fue saqueada por el Grupo de Ejércitos Norte del Tercer Reich y trasladada a la actual ciudad de Kaliningrado (Königsberg en prusiano antiguo) para su reconstrucción y exhibición. Durante la guerra, a aquella ciudad solían llegar muchos objetos saqueados que se reconstruían y se enviaban a otras partes de Alemania. Estuvo en el Castillo de Königsberg hasta 1944.

En el verano 1944 los aliados bombardearon la ciudad de Königsberg y el castillo en el que se encontraba la cámara de ámbar fue destruido. Entonces, desgraciadamente, se perdió su pista

El verano de aquel año los aliados bombardearon la ciudad de Königsberg y el castillo en el que se encontraba la octava maravilla del mundo fue destruido. Entonces, desgraciadamente, se perdió la pista de la Cámara de ámbar. Al no encontrarse ningún resto de ámbar fundido o quemado tras el bombardeo, se supuso que la sala había sobrevivido y se había transportado a otro lugar. En 1946, Königsberg pasó a ser Kaliningrado y a formar parte de Rusia, y entonces la búsqueda de la Cámara se convirtió en una prioridad. Pero todo fue en vano.

Los soviéticos comenzaron a hacer una réplica de la habitación en 1979, utilizando como base algunos trozos de ámbar que se habían desprendido de la habitación y se habían guardado durante años. También buscaron hasta 1984 el rastro de la cámara por las inmediaciones del castillo y otras zonas de la ciudad, aunque no encontraron nada. En el 2000 se volvió a realizar una investigación, con la ayuda de equipos internacionales de otras partes del mundo como Polonia o Alemania. Mientras su paradero siga siendo desconocido, tendremos que contentarnos con la réplica que en 2003 se inauguró en el Palacio de Catalina, con motivo del 300º aniversario de San Petersburgo. En lugar de seis toneladas de ámbar, como en la cámara original, se usaron ocho. Otra obra, fruto de la mano humana, desaparecida por culpa de la guerra, la codicia y la barbarie.

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