La úlcera de Buruli: una misteriosa bacteria que come carne humana
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Crecen los casos en Australia

La úlcera de Buruli: una misteriosa bacteria que come carne humana

Sus efectos eran más conocidos en África, pero los casos se han multiplicado en los últimos años exponencialmente en Australia. ¿A qué se debe esta extraña enfermedad?

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Imagen en la que se aprecian los efectos de la enfermedad. (CDC)

Un día te levantas y descubres un grano en la superficie de tu piel. No le das más importancia, pues seguramente se trate de un maldito mosquito que ha venido a enturbiar tu 'paz cutánea'. Pero pasan las semanas y lo que al principio era un simple grano se convierte en una herida que poco a poco va haciéndose más grande. Además, adquiere un color negruzco poco esperanzador.

Esto es lo que le ocurrió a un ciudadano de Melbourne, Australia, en plena pandemia. Era abril de 2020 y el paciente llegó al hospital con una especie de "agujero negro del tamaño de una pelota de ping-pong" en su talón, según narra el caso el diario británico 'BBC'. Los médicos le hicieron varias biopsias para dar con un diagnóstico a tal terrible herida. Al final, descubrieron que se trataba de una enfermedad bacteriana llamada úlcera de Buruli la cual, si no se trataba 'ipso facto', podría acabar cangrenando el pie sin dejar otra opción que amputar.

"No importa lo pequeña o grande que sea el grano o eczema, puede llegar a devorar a toda una extremidad"

No es el primer y único caso. En el estado australiano de Victoria, el número de personas aquejadas de la úlcera de Buruli se ha triplicado en los últimos años: en 2014 se reportaron 65 pacientes, mientras que en 2019 hubo un total de 299. Tanto es así que hay un profesional médico especializado en esta extraña y lesiva enfermedad llamado Daniel O'Brien, quien dirige una clínica en la ciudad portuaria de Geelong, viendo entre cinco y diez pacientes nuevos a la semana.

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La úlcera de Buruli puede destruir rápidamente la piel y los tejidos blandos si no se trata con una específica combinación de antibióticos y esteroides durante semanas. Lo peor es que en ciertos casos el tratamiento puede llegar a alargarse durante meses para que finalmente remita. "No importa lo pequeña o grande que sea el grano o eczema, no hay nadie que no pueda verse afectado de forma significativa por esta enfermedad", asevera O'Brien. "En realidad, puede llegar a devorar a toda una extremidad".

Por ello, el médio suele prescribir un tipo de medicamento llamado rifampicina, un antibiótico muy potente que 'a priori' se utiliza para tratar enfermedades mucho más graves como la tuberculosis o la lepra. Dependiendo de la gravedad de la úlcera también se administran unas cuantas dosis de esteroides, sin despejar la opción de recurrir a la cirugía. Sea como sea, O'Brien lo tiene claro: "Ningún tratamiento es fácil, todos los pacientes suelen llegar a sufrir en un grado significativo".

Todos los ojos en las zarigüeyas

Una pausa para tomar aliento: afortunadamente, Australia queda muy lejos de nuestras fronteras y la 'BBC' no ha reconocido casos fuera de este país oceánico. ¿Cuál es su origen y por qué solo hay pacientes en este punto del mapa terrestre? Los científicos sospechan que se debe a la alta población de zarigüeyas en la remota isla, ya que se han encontrado grandes concentraciones de esta bacteria en sus heces. Tanto como el coronavirus está asociado a los murciélagos o a los pangolines, la enfermedad de la úlcera de Buruli viene asignada a este mamífero marsupial. Se supone que son los mosquitos el insecto que hace de conexión entre el ser humano y la zarigüeya, aunque todo esto sigue siendo una mera hipótesis que está pendiente de ser comprobada.

Al afectar sobre todo a comunidades pobres africanas no se han puesto esfuerzos en investigar y analizar esta enfermedad

La Organización Mundial de la Salud califica a la úlcera de Buruli como una "enfermedad desatendida", ya que no recibe mucha atención y tampoco se conoce mucho sobre ella. La primera vez que se reportó un caso fue en 1987, muy lejos del continente australiano: en Uganda. "Debido a que afecta sobre todo a comunidades pobres con atención médica limitada, no ha habido el dinero suficiente para crear tiempo, esfuerzo y recursos para una investigación", asegura O'Brien. Nadie sabe cómo ha cruzado tantos países y llegado a Australia.

Una de las hipótesis que manejan los científicos para explicar el fuerte repunte de casos en los últimos años es el cambio del hábitat natural de las zarigüeyas a raíz de la expansión urbana llevada a cabo por los seres humanos. Al haber deforestado una gran parte de la superficie natural de Australia, esta especie podría haber empezado a habitar en los jardines particulares de residentes, de ahí que tengan un contacto mucho más cercano con las personas, pudiendo aumentar las posiblidades de contagio.

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