Elisa Lam no fue la única víctima: la historia negra del Hotel Cecil y lo que ocultan sus paredes
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netflix revive el caso del ascensor

Elisa Lam no fue la única víctima: la historia negra del Hotel Cecil y lo que ocultan sus paredes

Richard Ramírez, Jack Unterweger o el crimen de la Dalia Negra forman el historial de crímenes del hotel donde tuvo lugar el misterio de Elisa Lam en el ascensor. Estos son los motivos por los que en el Hotel Cecil los asesinos "se soltaban el pelo"

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¿Es el Cecil un hotel maldito?

Puede que el nombre de Hotel Cecil, ubicado en la calle Main Street de la ciudad de Los Ángeles (Estados Unidos) les suene. La plataforma Netflix lanza este 10 de febrero una serie documental basada en él, o más bien en uno de los misterios que guarda su interior. Aunque ahora su nombre sea otro — actualmente se conoce como Stay on Main —, la historia que lo rodea no cambia. A día de hoy, son muchos los viajeros que siguen reservando en él para pasar unos días en la ciudad, a pesar de que cuando se construyó este edificio, en 1924, la zona era de sobra conocida por ser un barrio marginal, aún hoy sifuen acudiendo a él muchos turistas y ejecutivos que viajan por negocios.

Sin embargo, si los rumores son ciertos, no fueron sus servicios lo que llevaron a Ryan Murphy a inpirarse en el Cecil para la quinta termporada de 'American Horror Story'. La popularidad del hotel viene dada por el misterioso crimen sin resolver de Elisa Lam, la joven canadiense que desapareció en el ascensor en 2013 y cuyo cuerpo fue hallado el 18 de febrero en uno de los tanques de agua de la azotea del edificio. Lo único que se sabe de ella, incluso a día de hoy, es un estremecedor vídeo grabado por las cámaras de seguridad que muestran a una Lam asustada y, después...nada.

La historia de Elisa Lam: el misterio del vídeo del ascensor llega a Netflix

Pero su muerte, o el hecho de no saber lo que realmente ocurrió, no es lo único aterrador del caso, sino el historial del Hotel Cecil. Sus paredes guardan muchos secretos que aún en la actualidad se escapan y han pasado a formar parte del imaginario popular que, para algunos, añade un poco de encanto al lugar. Nada más lejos; ya que el caso de la joven Lam no es el único episodio estrambótico que ocurrió en su interior y no es casualidad que se considere al Cecil como el hotel que atrajo la muerte y la violencia. Así es el pasado del ahora renombrado Stay on Main:

Una flor marchita: los últimos días de la Dalia Negra

Ojos claros y vivos, pelo oscuro y rizado y rostro 'puro'. La belleza de Elizabeth Short era arrebatadora, especialmente para aquel Hollywood de finales de años 40. Sin duda, su aspecto encajaba con los estándares estéticos que exigía el cine entonces. Pese a ello, a la joven Short le costó años poder acceder a un papel en la gran pantalla y varios trabajos como camarera con el fin de poder alcanzar la ciudad de las estrellas. Cuando la joven aspirante a actriz salía a la calle con su llamativo maquillaje lo hacía con la esperanza de poder ser descubierta por algún representante que diera cuenta de su talento. Mientras tanto, pasaba sus días sin residencia fija, alternando entre pensiones y habitaciones de hotel en Los Ángeles, uno de ellos, fue el Hotel Cecil.

Tristemente, su gran salto al estrellato no llegó, y la vida de Short se apagó mucho antes de que pudiera tener esa oportunidad que le cambiaría la vida y que tanto ansiaba. El 15 de enero de 1947 las autoridades hallaron el cuerpo sin vida de la joven, aunque el estado en el que apareció distaba mucho del físico con el que tantas veces deslumbró en vida. Allí, en un descampado del distrito de Leimert Park, estaba su cuerpo desnudo, mutilado y partido por la mitad; su rostro estaba marcado por una profunda cicatriz desde la oreja hasta la boca. La mujer que descubrió el cadáver indicó a los agentes que cuando lo vio a lo lejos, creyó que era "un maniquí roto". De acuerdo con los resultados de la autopsia, se supo que Short había sido torturada (y posiblemente maniatada) en vida, además de haber sufrido todo tipo de vejaciones.

placeholder 'Se busca información de Elizabeth Short', difundido por la comisaría de Policía de Los Ángeles. Foto: CC
'Se busca información de Elizabeth Short', difundido por la comisaría de Policía de Los Ángeles. Foto: CC

La lista de sospechosos del crimen fue larga en un principio, pero pronto la investigación se vio truncada al no dar con ninguna prueba que incriminase al culpable. Uno de los que aparecieron en esa lista fue un comerciante con quien la joven tuvo contacto días antes de su asesinato. El hombre se la encontró andando sola por la calle y se ofreció a llevarla a algún sitio. Su destino, según le señaló la actriz, era el Hotel Cecil, donde se alojaba. Allí la dejó y allí la vio por última vez. Esa misma noche, el recepcionista del alojamiento confirmó haberla visto pasar hacia la salida por última vez.

El tiempo que duró la investigación, que acabaría en saco roto, fue un verdadero quebradero de cabeza para la Policía, que tuvo que soportar a toda una hilera de hombres y mujeres que, dada la popularidad que adquirió el caso, se presentaban en las comisarías afirmando ser el asesino. La prensa sensacionalista de entonces tampoco hizo nada por ayudar, sino todo lo contrario. A los medios se debe el nombre de 'La Dalia Negra' con el que se conocerá siempre a una joven aspirante a actriz que fue víctima de un terrible asesinato que coincidió con el estreno de 'La dalia azul', un filme en el que una chica que desaparece acaba siendo masacrada. Por eso y porque, según se dio a conocer, Short solía vestir de negro, tal y como relataron algunos testigos que afirmaron haberla visto sentada en la barra del Cecil esperando esa oportunidad que un día un 'desconocido' le arrebató.

La cueva de un rondador: el escondite de Richard Ramírez

El caso de la Dalia Negra fue, sin duda, uno de los crímenes más sonados y llamativos, pero su asesino o asesina — fuera quien fuese —, no fue el más popular dentro del hotel de Los Ángeles. En una de sus habitaciones, el Cecil alojó a uno de los criminales y depredadores más populares del mundo, Richard Ramírez, más conocido como 'el rondador (o acosador) nocturno'. Lo de referirse a él como un cazador no es una exageración; hablamos de uno de los asesinos y violadores más depravados y escurridizos que se haya conocido y que fijó su residencia en el Cecil allá por el año 1985.

Pero para tratar de entender lo que pasó en ese edificio antes hay que remontarse a las raíces de este asesino, ya que se dice que cuando este texano era niño prácticamente se crió junto a su primo, un miembro de las Fuerzas Especiales del Ejército de Estados Unidos que luchó en la guerra de Vietnam. Al parecer, este veterano presumía con el joven Ramírez de todas las personas a las que había matado y de todas las mujeres a las que había violado, fotografías incluidas. Con una infancia así, no era tan extraño que su juventud fuese tan monstruosa. A los 24 años ya empezó a asesinar sin ninguna razón aparente y sin un perfil de víctima aparentemente fijado. Entre sus crímenes se encontraban las agresiones y violaciones a mujeres a las que a veces dejaba con vida, y otras no. Poco a poco, su instinto se fue desbocando aún más y terminó asesinando también a sus víctimas y a los maridos de las mismas.

placeholder Fotografía de su ficha policial tomada en 1984. Foto: CC
Fotografía de su ficha policial tomada en 1984. Foto: CC

Lo que caracterizaba al rondador no era solo su mente sádica, sino su caos. Para las autoridades era imposible seguir la pista de Ramírez porque en cada crimen actuaba de forma diferente; mientras que unas veces asaltaba en las casas, otras las atacaba por la calle con su walkman; y mientras que en algunas ocasiones parecía ocultar sus delitos como si de un robo se tratase, otras hasta dejaba las armas homicidas en la escena del crimen, se comía la comida de sus propias víctimas e incluso dejaba pintadas con símbolos satánicos. Con tantas señales confusas, se hacía muy complicada su captura. Al menos así fue hasta la última de sus "presas", una mujer que, después de haber sido agredida sexualmente por el asesino y haber presenciado cómo mataba a su esposo, vio cómo su agresor huía de la casa y se montaba en una furgoneta naranja. No hizo falta mucho más para dar, finalmente, con la identidad del rondador.

Ya ante el juez, Ramírez fue acusado de más de una decena de asesinatos, varios intentos de asesnatos y nueve violaciones, también contra menores, dos secuestros a niños, felaciones forzadas, sodomía y 14 allanamientos de morada. El estado de California lo condenó a la pena de muerte y así permaneció, esperando a su ejecución, hasta 2013, cuando Ramírez murió por una insuficiencia hepática.

Tras los pasos de Jack: el asesino superventas

Si hay un 'copycat' de libro ese es Johann 'Jack' Unterweger, un austríaco que creyó homenajear el famoso asesino carnicero arrebatándole a la vida a al menos 12 prostitutas en la década de los 70. Se dice de él que asesinó a más de una decena de meretrices y que, ya en su juventud, fue detenido varias veces por asaltos a prostíbulos. Pero no fue hasta 1974 cuando dejó a un lado los crímenes 'menores' para empezar su carrera como asesino tras estrangular a una jovencísima prostituta con su propio sujetador, un delito que le valió una pena a cadena perpetua. Sin embargo, Unterweger no llegó a estar entre rejas de por vida porque supo ganarse su perdón. Estando en prisión, el criminal llegó a escribir toda una serie de poemas y obras, entre ellas, su propia biografía, 'Fegefeuer – eine Reise ins Zuchthaus'. Su manejo de la palabra hizo enternecer a muchos intelectuales hasta el punto de que llegaron a pedir públicamente su perdón al considerar que el asesino se había rehabilitado. Una solicitud que finalmente se cumplió en 1990 cuando quedó en libertad. Su salida no fue indiferente para nadie, especialmente para algunos canales y revistas que se pelaban por entrevistarlo.

"El Hotel Cecil era el lugar donde los asesinos en serie podían soltarse el pelo"

A ojos de los espectadores, su imagen era la de la redención. Pero lo que realmente se consiguió con su liberación fue volver a despertar su instinto asesino. Durante su corta estancia en Los Ángeles trabajando para una revista, se cree que Unterweger mató a otras tres prostitutas, Shannon Exley, Irene Rodríguez y Sherri Ann Long; todas fueron violadas y estranguladas con sus respectivos sujetadores. Los días que pasó en la ciudad se alojó en el Cecil y se cree que fue allí, en la habitación reservada para él, donde las asesinó. Todas las sospechas apuntaban a él, por lo que en 1992 fue nuevamente detenido por las autoridades sin posibilidad de salvación esta vez. Un par de años más tarde, después de ser sentenciado a cadena perpetua, Unterweger se quitó la vida en su propia celda colgándose de un cinturón.

El crimen contra Glodie que llenó de hambre a las palomas

La muerte de Glodie Osgood es una de las muchas que se encuentran entre los casos sin resolver, dentro y fuera de las paredes del Hotel Cecil. Pero su historia no fue, ni de lejos, tan aclamada con las anteriores. Hablamos de una telefonista recién jubilada que, además, era muy conocida entre el personal del hotel; una mujer apodada como 'Pigeon Glodie' debido a su peculiar afición a sentarse en un parque próximo a la estación de Persing Square y dar de comer a las palomas de la zona.

Sin embargo, la imagen que la gente tenía de Osgood cambió por completo cuando en 1964 descubrieron su cuerpo sin vida en una de las habitaciones del Cecil, donde también hallaron una de las gorras que solía llevar y una bolsa llena de alpiste. Después de analizar la escena del crimen y de conocer los resultados de la autopsia, revelaron que Glodie había sido agredida sexualmente, apuñalada y estrangulada sin motivo aparente. Al poco tiempo, la Policía solo dio con un posible sospechoso, Jacques B. Ehlinger, un joven que rondaba la treintena y que fue visto por los alrededores de la estación a la que solía acudir la extelefonista llevando ropa manchada de sangre. Aunque fue detenido, acabó librándose de cualquier cargo por falta de pruebas. Por lo que el asesinato de Osgood fue otro más sin explicación y, además, fue el último suceso extraño que ocurrió entre las paredes del hotel antes de la desaparición de Lam en 2013.

"Alguien murió aquí, alguien murió allí"

Hasta aquí, las historias se han basado únicamente en asesinatos, pero las habitaciones del Cecil también han sido testigos de otra serie de sucesos sin criminales de por medio, como los suicidios. Una de las gerentes del hotel entre 2007 y 2017, Amy Price, lo relataba así ante las cámaras del proyecto de Netflix: "El gerente de mantenimiento me acompañó por todo el hotel. En el camino, señalaba y decía 'alguien murió aquí, alguien murió allí'. Suicidios, sobredosis, asesinatos". Según la exempleada, en los años que trabajó allí llegó a presenciar "alrededor de 80 muertes".

placeholder El 'lobby' del Hotel Cecil. (Alejandro Jofré/CC)
El 'lobby' del Hotel Cecil. (Alejandro Jofré/CC)

Además de este testimonio, el documental también cuenta con la visión de una historiadora experta en crímenes, Krim Cooper, quien define este hotel de Los Ángeles como el lugar perfecto en el que los 'serial killer' "podían soltarse el pelo". Otros relatos las cuentan algunos de los propios huéspedes que se alojaron allí durante un tiempo y muchas versiones coinciden en asumir que el Cecil era un lugar "escandaloso" donde todo lo malo ocurría en los últimos pisos del edificio. "Nunca iría más allá del sexto piso. Por lo general, las personas de los pisos superiores solían morir allí. Una vez que tenían a un tipo en una habitación, lo robaban, lo golpeaban y lo tiraban por la ventana", alega uno de los clientes en declaraciones recogidas por 'Daily Mirror'.

Otro caso es el de Julia Moore, una joven que saltó desde su habitación en el octavo piso en 1962, el mismo año en el que también se arrojó Pauline Otton tan solo una planta superior a la suya o Helen Gurnee, quien siguió el mismo patrón en 1954. Aunque el primer suicidio registrado en el hotel fue el de W.K. Norton en 1931, cuando consumió veneno.

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