Por qué nuestros cerebros desean la comida que sabemos que no debemos tomar
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los alimentos procesados son adictivos

Por qué nuestros cerebros desean la comida que sabemos que no debemos tomar

La materia gris de nuestro cerebro tiene mucho que decir en nuestras elecciones alimenticias, pero, por suerte, no estamos atados de pies y manos

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Hasta la persona que sigue la dieta más restrictiva y complicada suele tener un día en la semana (normalmente el sábado) en el que se salta todas las normas y come lo que quiere. Y, normalmente, esa elección es más cercana a alimentos procesados, dulces y sabrosos que a los platos sanos y verdes que nos aconsejan tomar los médicos si queremos vivir una vida sana y larga.

¿Por qué? ¿Qué hace que nuestro cerebro no pueda parar de comer patatas fritas de la bolsa o se tome una hamburguesa grasienta aún a sabiendas de que no es lo mejor para su salud? ¿Por qué nadie se da un atracón de lechuga y se siente culpable por ello? Probablemente lo sospechabas, pero te lo afirmamos: los alimentos procesados y la comida rápida son adictivos. Sin embargo, volviendo a la duda de por qué no te aficionas a las zanahorias, la respuesta es más antigua de lo que podíamos imaginar. Informa el doctor Darria Long en 'CNN': "Para nuestros antepasados ​​cavernícolas, el azúcar, la sal y la grasa eran necesarios para la supervivencia, por lo que evolucionaron para desearlos. Pero como esos alimentos no eran comunes, nuestros ancestros no necesitaban mucha fuerza de voluntad para restringírselos. Es por eso que la región de nuestro cerebro que regula la fuerza de voluntad es evolutivamente más joven y es fácilmente anulada por la región más primitiva impulsada por el deseo".

Las personas que tienen más materia gris en la corteza orbifrontal y y en la ventromedial frontal prefieren los alimentos sanos

Además, detrás de tus ojos se encuentra tu corteza orbitofrontal, que es la región del cerebro centrada en el procesamiento cognitivo o la toma de decisiones y que está especialmente desarrollada en los humanos y primates. En ella, un montón de neuronas responden a diferentes sensaciones, y algo que, por algún motivo, les encanta, es el azúcar. Es decir, que siempre darán su visto bueno a todos los planes relacionados con batidos, dónuts o tartas. Pero no solo se activan cuando los comes, también cuando planeas hacerlo.

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¿Significa eso que estamos atados de pies y manos, obligados a elegir las opciones más ricas e insanas por culpa de nuestros antepasados y nuestra corteza orbitofrontal? No exactamente. Puedes engañar a tu cerebro. Recuerdas que hemos dicho que esas neuronas no se activan únicamente cuando comes sino cuando tienes planeado hacerlo, ¿verdad? Imagina que te encuentras en el supermercado con dos tipos iguales de sopa en la mano. Sin embargo, en una de ellas está escrito "rica y deliciosa" y en el otro, simplemente "caldo de vegetales". Tu experiencia al tomarlas, pese a que son iguales, será diferente. Las neuronas de la corteza orbitofrontal se activarán, y la primera sopa te parecerá mucho más deliciosa que su compañera.

Es un truco, pero nos sucede continuamente. Por ejemplo, cuando nos explican que un vino es de mayor calidad porque se trata de una cosecha antigua. Nuestras neuronas se activan y nos sabe mejor. También es importante mencionar que nuestros genes tienen mucho que ver en el proceso de elección de alimentos, y algunas personas son más proclives a elegir esos alimentos insanos frente a otras, de hecho, según un estudio de 'The Journal of Neuroscience', las personas que tienen más materia gris en esta zona de la corteza cerebral y en la corteza ventromedial frontal prefieren los alimentos sanos a los que se consideran perjudiciales para la salud.

"Las redes sociales han cobrado importancia en lo que comemos: somos lo que posteamos, y elegimos platos bonitos y dignos de fotografiar"

"El hecho de que elijamos unos alimentos frente a otros es un proceso especialmente complejo", explica la doctora Emily Contois en 'BBC'. "Qué está rico, qué es sano, qué nos trae buenos recuerdos, cuánto cuesta... a la hora de elegir tenemos todas estas opciones ante nosotros, y ahora hay una nueva que juega fuerte, las redes sociales. La idea de muchas personas es elegir un plato suficientemente 'bonito' o 'apetitoso' como para poder fotografiarlo y que quede bien. Ha llegado más lejos que nunca esa idea de que somos lo que comemos, o, en este caso, lo que posteamos".

También explica que, debido a la encrucijada actual en la que nos vemos envueltos, con problemas políticos, de salud o medioambientales, la población está tendiendo a buscar comida que parezca "sana, segura y natural, que mantenga cierto halo de pureza, para protegernos de todo aquello que no podemos controlar". Lo que comemos dice más sobre nosotros de lo que podría parecer, acerca de nuestros gustos, nuestra raza, el país al que pertenecemos, si vivimos en una zona rural o urbana e incluso nuestra clase social o nuestras aspiraciones.

Por ello mismo, ella cree que en el futuro podremos estudiar qué sucede en nuestro cerebro para poder diseñar los alimentos que vayamos a comer así como para 'entrenar' a nuestras neuronas de la corteza orbitofrontal para que se fijen no tanto en las etiquetas que prometen que una comida será rica, sino más bien en los beneficios que pueden producir en nuestro organismo. Entendernos a nosotros mismos, en otras palabras, nos ayudará a elegir mejores opciones alimentarias.

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