Larra y su pistola: la caída al infierno de un genio romántico
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el pobrecito hablador

Larra y su pistola: la caída al infierno de un genio romántico

Fue un hombre blindado, cercano a la sociopatía, introspectivo, poco asertivo, tendente a una fuerte dosis de frustración. El amor acabó con él

Foto: Mariano Jose de Larra.
Mariano Jose de Larra.

"A veces uno sabe de qué lado estar, simplemente viendo quienes están del otro lado"

-Leonard Cohen

A veces, las fuerzas del caos se revelan en las mentes más lúcidas y avanzadas buscando su autodestrucción, certificando lo insalvable, vadeando la realidad común y su crueldad parasitaria adherida.

Entonces, la suerte se desvanece y esa mente preclara, docta, sensible, más álmica que material, se adentra en una extraña jungla de lianas vivas y envolventes que con malas intenciones, de las que el sujeto difícilmente puede escapar (pues el vaciado de energía vital para seguir luchando tiene poco caudal y menos voluntad de resistencial) le llevan a una rendición incondicional y a una entrega resignada de su entero ser.

Bomarzo, y su misterioso y enigmático jardín renacentista próximo a Roma pudo ser un producto de esas mentes perturbadas – sin la connotación de la palabra-y desquiciadas por el amor. Vicino Orsini, conde de cuna, fue un personaje singular que no pudo soportar la muerte de su amada esposa, Giulia Farnese. Entonces, su cabeza se convirtió en una batidora llena de monstruos. La pobre mujer inició el Gran Viaje antes de los previsto y su marido quedó desolado. Para el enamorado aristócrata, la soledad sería su compañera vital lacerante hasta la extenuación y por ende, derivó en locura ya que el termostato de la mente tiene sus procesos de liberación traducidos en diferentes derivadas; en este caso, al conde le dio por el arte, menos mal. Pero el arte en cuestión era más que tenebroso…Los jardines de Bomarzo son una obra de arte de indiscutible envergadura, pero encierran el dolor de un alma destrozada e irrecuperable para la sensatez.

Algo así le pasó a Caravaggio con su oscuro tenebrismo tras ser desahuciado por el amor, convertirse en un perseguido y hacerse asiduo del “trullo”. Ídem a El Bosco que le dio por hacer viajes oníricos alucinógenos, a un Goya decepcionado y lastrado por la tristeza cuando antes de exiliarse en Burdeos, había enviado a los humanos un nítido mensaje con sus 'Pinturas Negras' dramáticas y sombrías, fruto de un lento parasuicidio, reflejado en una paleta donde lo oscuro anula la grandeza del primer impresionista – por mucho que los franceses digan lo contrario-, en la que con una pincelada densa, casi materia, nos deja un legado de aniquilación de su propio ser indicando a las claras que llega el final aunque no se atisbe el terrorífico sonido de las trompetas de Jericó, si no la escombrera inspiradora de un país postrado ante un rey tarado y una iglesia omnipotente sembrando su impostura.

Este amor imposible, le marcaría de forma indeleble sumiéndole en una caída a los infiernos sin amortiguación posible

Esa sique dinamitada de una larga pléyade de artistas nihilistas o románticos que se dieron al desenfreno con turbo y sin ABS, o al misticismo puro o a la más angustiosa desazón y existencialismo sin salsa, nos lleva hoy hasta uno de los nuestros al que algo le perforó irreversiblemente la línea de flotación y el propio juicio.

Mariano José de Larra tuvo una vida marcada por el desamor y una fuga atroz de la escasa esperanza que albergaba en su país; era por decirlo de alguna manera un antecesor de otro grande, Antonio Machado (españolito que vienes al mundo…) la viva tragedia de la desesperanza, y sería, esa carga vital tan lastrada hacia la depresión severa y la necesidad inconsciente de auto aniquilación, lo que le llevaría a la inmolación.

Foto: Retrato de Mariano José de Larra, héroe trágico español y uno de los padres del periodismo. (Wikipedia)

Larra cautiva por ese mensaje político directo e inocente en el que cree como el Quijote que con su aséptico idealismo inconformista, con ese pataleo de juventud tan propio de la edad conseguirá con elevada y pedagógica palabra un cambio sustancial en lo político y social. Pero no se daba cuenta de que predicaba en un desierto llamado España. Si es cierto que en algunas mentes receptivas alimentó ansias renovadoras y espíritu crítico, pero el fulcro en este país no está siempre en el centro; los poderes reales viven extramuros y son los que marcan el paso de nuestra nación.

Larra nace a caballo en los albores del probablemente el siglo más trágico de nuestra historia, de una España que galopaba en medio del caos traumatizada por una guerra brutal y con un rey bobalicón al mando y bajo el auspicio de unas nubes muy grises que mantendrían al país en guerra durante todo el siglo XIX. Su desgraciado corazón no atinaba ni aunque le pusieran la diana al alcance de la mano. Se enamoró de una mujer brillante y de cuerpo poderoso, mucho mayor que él y que a la postre, resultó ser la amante de su padre. Este amor imposible, le marcaría de forma indeleble sumiéndole en una caída a los infiernos sin amortiguación posible.

El Romanticismo busca fluir en pos de la libertad individual, de los sentimientos más genuinos y de la sinceridad atrofiada por siglos de represión

Hoy sabemos por la historia, esa disciplina tan hermosa que a veces eleva el listón del idealismo hasta terrenos inaccesibles donde la épica es el centro del relato, otras en un discurso lineal de difícil digestión por lo adulterado de sus contenidos y otras, las menos, un pequeño recipiente de verdades inapelables que el Romanticismo surge en el país de los teutones y de los sajones y alcanzará su cenit en la primera mitad del siglo XIX y que es básicamente una reacción a las tendencias neoclásicas.

placeholder Dolores Armijo en 1828.
Dolores Armijo en 1828.

Los estereotipos predeterminados y la imitación de los estilemas de los autores de referencia en los siglos anteriores marcan la tendencia hasta ese momento. Es, cuando el Romanticismo amanece, que la subjetividad entra en un duro cuerpo a cuerpo frente a la objetividad. El Romanticismo busca fluir en pos de la libertad individual, de los sentimientos más genuinos y de la sinceridad atrofiada por siglos de represión.

Su peculiar forma de desnudar a sus adversarios políticos desde su tronera como columnista, le acarreó problemas y amenazas de muerte a su persona, de tal manera que se vería obligado a tomar tierra en latitudes galas por si acaso a algún agraviado le diera por abrirlo en canal.

El primer proyecto de Larra se da durante la Restauración Absolutista, el diario 'El Duende Satírico del Día' reparte estopa a diestro y siniestro, y esto, cuando el chaval ni siquiera conocía la navaja de afeitar…En ese momento, el mozalbete que era, navega en aguas turbulentas metiéndose ora con unos ora con otros sin definirse. El solo quería ser periodista en pos de la verdad y arrear mamporros sin parar.

Entre el acoso de sus detractores y el hartazgo por el funcionamiento del país, Larra muestra signos de agotamiento y termina por salir de España

Sus problemas con la censura -pues criticaba a todo quisque - lo aíslan hasta el punto de ese entorno encabronado que es la política española y que genera a veces ambientes irrespirables. Y para más inri, está Dolores Armijo, su amor entregado, pasional, desgarrado y que lo tiene postrado sentimentalmente. Decide finalmente poner tierra de por medio y alejarse del mundanal ruido yendo tras los desplantes de su amada y sus vaivenes emocionales a París donde conoce a la flor y nata de los autores más prestigiosos de aquel momento.

Tras su regreso, maneja unos horizontes más amplios, el imberbe queda atrás y se empapa de lleno en el Romanticismo. Entiende con cierta modestia revelada, que la literatura es universal y no discrimina. Es entonces cuando comienza a escribir de verdad, con mayor profundidad, con mayor definición de los personajes y del costumbrismo tan arraigado en esa época; entra por derecho propio en la modernidad.

Las tres mujeres que ocuparon su corazón lo dejaron en la cuneta con toda seguridad por sus tendencias maníaco depresivas

Mariano José de Larra era un hombre blindado, cercano a la sociopatía, introspectivo, poco asertivo; era tendente a una fuerte dosis de frustración, era su lastre personal, su karma por así decirlo. En lo tocante a la forma de entender el amor (quizás por su juventud), lo vivía con una intensidad dramática como así lo demuestran sus textos, artículos y comentarios en petit comité. Se confesaba en público de sus fracasos y los exorcizaba comentándolos hasta en los detalles más escabrosos y ahí precisamente, nacía un narcisista perverso por la temática en la que se enredaba.

Las tres mujeres que ocuparon su corazón, la amante de su padre, su propia mujer que tenía tendencias más frívolas que bailar claqué mientras se incendiaba la casa y Dolores Armijo, probablemente la mujer de su vida de la que estaba enamorado perdidamente, lo dejaron en la cuneta con toda seguridad por sus tendencias maníaco depresivas.

En el invierno de 1837, Larra ya no es el “pincel “que levantaba murmullos entre las féminas; la tristeza le invade como una telaraña que sin prisa pero sin pausa le asfixia inexorablemente, su indumentaria es raída y huele, su abandono es patente, su figura es la de un Ecce Homo. España sigue en caída libre con las batallitas de sus políticos, las secuelas de la pérdida de su imperio, una de tantas guerras civiles –la primera guerra carlista–, un pueblo ignorante y resignado, y su estado emocional es deplorable no, lo siguiente.

De aquella España carpetovetónica y ultramontana reencarnada una y mil veces hasta el hastío, nace un nuevo héroe romántico que tras la demanda de toda su correspondencia epistolar por parte de Dolores Armijo acaecida la noche anterior a los autos.

Desde el tercer piso del número 3 de la calle Santa Clara el eco de un disparo producido por una pistola de bolsillo tipo “cachorrillo” envía a la mansión del silencio a uno de los grandes de la literatura española con un pasaje de ida para el Gran Viaje. Ese horrísono sonido es terrible, esa detonación suicida no solo al interfecto, sino una forma de pensar en una España de puñaladas traperas.

Cuando su jovencísima hija lo intentó despertar por la mañana, se lo encontró desangrado sobre la cama y con la cristalera de la ventana destrozada

El vacío de la inocencia, los desgarros de la vida, la desesperanza, la noche continúa, acaban con la promesa de mayor peso de la literatura española del siglo. Su jovencísima hija cuando lo intenta despertar por la mañana con un vaso de agua de limón, se lo encuentra desangrado sobre la cama y con la cristalera de la ventana destrozada; el frío es anormal, es el frío de la muerte.

La Iglesia, esa Iglesia de palabras grandilocuentes pero de hechos moralmente cuestionables y contradictorios con la doctrina del gran profeta que fue Jesús el Cristo, esa Iglesia que expropió y explotó como mercader sin escrúpulos las palabras de una de las más grandes referencias espirituales de la historia conocida, se ha empachado de decir que quien viva sin pecado arrojé la primera piedra, pero claro, una cosa es predicar y otra dar trigo, Larra es criminalizado por suicida y se le impide reposar en suelo sagrado.

Su amigo José Zorrilla el autor de Don Juan Tenorio, toda la intelectualidad de la época y los liberales, arremeten contra la esclerotizada y reumática institución, que a la postre cede. Larra, no pudo con el peso de la realidad, ni con el desamor, ni con una España enfrascada en su enésima guerra civil; al final, siempre queda la puerta de atrás.

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