ASEXUALIDAD SIN COMPLEJOS

"Cuanto menos se tiene, menos se quiere". Las parejas felices que ya no hacen el amor

Al igual que existe el sexo sin amor, ¿puede haber amor sin sexo? Aunque en muchos casos este sea la mayor expresión de una relación amorosa, existen otras formas de satisfacción

Foto: Fuente: iStock
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Uno de los problemas más comunes por el que acuden las parejas a terapia es el de la insatisfacción sexual. En este sentido importa tanto la calidad como la cantidad. Pero como la primera es muy difícil de medir, incluso de reconocer, hay que prestar atención a la frecuencia de los momentos íntimos en las parejas, la cual no deja de ser mucho más baja de lo esperado según reflejan las encuestas: el 42% de las relaciones estables practican sexo como mucho una vez a la semana y el 10% ni una sola vez al mes. Ante estos datos cabe preguntarse si una relación amorosa puede prosperar y aguantar a pesar de no disfrutar de tantos momentos íntimos. ¿Concedemos demasiada importancia al sexo o es absolutamente imprescindible para mantener la pasión intacta y como el primer día?

A fin de cuentas, la expresión “hacer el amor” no es insulsa. El sexo sigue siendo una de las formas más vívidas de demostrar afecto, de dar rienda suelta a la atracción física que sentimos por las personas a la que queremos, y de también satisfacer los deseos propios y compartidos. Pero al igual que puede haber sexo sin amor, ¿también puede haber amor sin sexo? Cuando pensamos en parejas que no tienen momentos íntimos la imagen que nos viene a la cabeza es la de relaciones estables y maduras en las cuales la pasión ya parece haber salido por la ventana.

Solo un 42% de las parejas lo practica al menos una vez a la semana y entre el 10 y el 20% de ellas ya casi ni existe

Efectivamente, uno de los determinantes que hacen que ya no haya tanta frecuencia sexual no deja de ser la edad. Pero en los últimos años se ha visibilizado lo que se conoce como asexualidad, que viene a ser la orientación sexual que designa a las personas que sienten poca o nula atracción sexual hacia el otro. Esto no quiere decir que no puedan experimentar sentimientos de deseo o de conexión emocional; simplemente, ven el sexo como algo innecesario, y en cierto sentido, puede llegar a repelerles o a generarles aversión.

“No te comes ni una rosca”

“De la noche a la mañana, mi grupo de amigos de la infancia se dividió entre chicos y chicas. Cuando antes hacíamos casi todo juntos y dedicábamos todo nuestro tiempo a jugar, de repente sentí que algo había cambiado. Entonces, empecé a ver cómo el tema de las parejas y el sexo se hizo un hueco en nuestro día a día. De alguna forma, todo el mundo parecía estar interesado en alguien en concreto, mientras que yo no, a mí me importaban todos de la misma manera que siempre, y apenas sentía la necesidad de tener un contacto más íntimo con otras personas. Las conversaciones giraban cada vez más en torno a la idea de liarse con otros, tener novia o novio y hacer el amor, ir a fiestas para conocer a alguien, la infidelidad… Me sentía rechazada cuando me decían ‘no te comes ni una rosca’, pero la verdad es que no me hacía falta, y a día de hoy sigue siendo así. Solo tuve una pareja estable en todo este tiempo, y creo que fue más por la presión social que por voluntad propia. Ahora ya no, soy feliz así, no me hace falta, no lo quiero”. (Estudiante de Medicina, 24 años).

El sexo para los hombres se torna más como un imperativo que como una necesidad. Se ve normal que tomen la iniciativa e insistan

Solo un 1% de la población se declara asexual. Aunque tiene varios matices según cada caso, este tipo de orientación es una rareza en el mundo de las relaciones afectivas. ¿Se puede amar a alguien sin sentir deseo carnal? ¿Y mantener una relación estable siendo asexual con una persona con la libido generalmente muy alta? “Existen tres factores o rasgos que determinan cómo nos relacionamos a nivel personal con otros seres humanos”, explica Lara Ferreiro, psicóloga española. “En primer lugar, existe una intimidad compartida, la cual sienta las bases de la amistad o el colegueo; también está el compromiso, en mayor o menor grado, que puede definirse por la voluntad que sienten dos personas para iniciar un proyecto, compartir una vida o incluso tener niños y formar una familia; y, por último, se encuentra la pasión, la cual se refiere al plano sexual y físico, al contacto de piel con piel”.

La bandera del orgullo asexual. (iStock)
La bandera del orgullo asexual. (iStock)

Aunque la mayoría de las veces esta última es la que acaba determinando que surja la chispa que dé paso a lo que se conoce como una relación amorosa, son muchas las personas que no sienten ningún tipo de atracción física por otros individuos. Y eso no determina que su capacidad para amar se vea mermada. ¿Podemos mantener una relación íntima y de compromiso con otras personas sin que exista la pasión? “Efectivamente”, reconoce Ferreiro, “es lo que se conoce como ‘amor de compañero de piso’, y es un modo de relacionarse que está muy aceptado y extendido”. Sin embargo, ¿puede existir algún tipo de unión más cercana a otra persona que exceda a la propia amistad y se constituya como pareja sin sexo?

Amor en cada detalle (no solo en la cama)

“Le damos mucha importancia al sexo con nuestra pareja y en el grado de satisfacción que extraemos de nuestras relaciones íntimas”, asevera la psicóloga. “Pero si ves las estadísticas, solo un 42% de las parejas lo practica al menos una vez a la semana y entre el 10 y el 20% de ellas ya casi ni existe. La realidad es que cuanto menos se tiene, menos se quiere”. La experta asegura que muchas relaciones de largo alcance acaban desarrollando una especie de complicidad gracias a la confianza y al tiempo de calidad en la que el sexo puede quedar relegado a un segundo plano, aunque eso no quiere decir que la pasión se extinga, ni mucho menos el amor recíproco que sienten el uno por el otro.

Vivimos en una sociedad coitocentrista. Muchas personas reniegan del sexo para rebelarse contra estos cánones sociales

Pero ‘la patata caliente’ del sexo, sobre todo en las relaciones heterosexuales, recae sobre el hombre. Así lo reconoce Paula Álvarez, sexóloga en Sexología con Pedagogía: “A los hombres se les presiona mucho más para que sean viriles y tengan una vida sexual activa. Se ve como normal que tomen la iniciativa, que insistan. Para ellos, el sexo se torna más como un imperativo que como una necesidad. Esto en las relaciones lésbicas entre mujeres no ocurre tanto, de ahí que se hable de un mito conocido como el ‘lesbian bed death’ por el cual las relaciones sexuales tienden a desaparecer en parejas estables de este tipo. Pero no deja de ser un mito, por lo que no se puede tomar al pie de la letra”, aduce.

“Vivimos en una sociedad coitocentrista”, asegura Álvarez. “Muchas personas reniegan del sexo para rebelarse contra estos cánones sociales. O al menos, tienen un concepto más amplio de este que no involucra la penetración ni la satisfacción sexual con un marcado componente lascivo. En este sentido, rechazan las relaciones sexuales, en las cuales siempre está implícita la cuestión de la genitalidad. En su lugar apuestan más por el erotismo o los cuidados”.

Los (homo/hetero)románticos y demisexuales

La asexualidad no es una orientación sexual homogénea o bien definida, como también suele suceder con otro tipo de orientaciones. Hay un amplio espectro que reúne a esta serie de personas: los homorrománticos y heterrománticos (aquellos que se sienten seducidos a un nivel emocional por gente del mismo o distinto sexo, pero no sienten atracción sexual) y los demisexuales, los cuales están en un punto medio y simplemente sienten poca o nula atracción sexual.

A la hora de la verdad, “son muchos los que acaban confesando a la persona por la que se sienten atraídos que el sexo no va con ellos”, recalca Ferreiro. Es por ello que en muchos casos “sufren cierta repulsa por parte de sus parejas potenciales, ya que no son capaces de disfrutar una relación sexual”. De ahí que la mayoría recurra a foros virtuales y ‘apps’ específicas para encontrar a alguien especial.

Pero en otros casos, afortunadamente, se propone la negociación como alternativa. “Hay relaciones en las que se establecen una serie de normas para que ambas partes queden satisfechas”, concluye Ferreiro. “De esta forma, en parejas que se quieren y tienen el objetivo de seguir juntas, existe un compromiso con la otra persona de hacer el amor un determinado número de días al mes o a la semana, al igual que la otra persona tiene que ceder a la hora de realizar actividades que le hacen feliz al otro”. Como siempre, la clave para que una relación se mantenga a flote siempre es la comunicación y la confianza, y gracias a ello, encontrar un punto de vista en común que no se deje llevar por los prejuicios que a todos nos atenazan en mayor o menor medida.

Alma, Corazón, Vida

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