LA "OBJETOFILIA"

La historia de la mujer que se enamoró del Muro de Berlín y decidió casarse con él

Eija-Riita Berlin Mauer conoció al amor de su vida en 1977. Por desgracia, su romance no duraría mucho, ya que un grupo de personas lo destrozarían doce años más tarde

Foto: Captura de pantalla del documental 'Frau Berliner Mauer' de la artista Julie Herskovits. (2012)
Captura de pantalla del documental 'Frau Berliner Mauer' de la artista Julie Herskovits. (2012)

“La primera vez que nos conocimos fue en 1977. No recuerdo exactamente qué fue lo que nos dijimos, yo estaba muy nerviosa. Dos años después, nos casamos”. Su nombre es Eija-Riita Berliner Mauer, una mujer que creció en la Suecia de finales del siglo XX, en el contexto de la Guerra Fría. “Él llegó a aprender un poco de sueco. Podía decir ‘te quiero’. Desde el primer momento no le gustó la idea de pasar tanto tiempo separados, así que pensé en alquilar un apartamento en Berlín. En 1989 llegó el desastre. La reunificación de Alemania… ellos le agredieron, lo vi en la televisión. Hoy en día, no es más que un tullido”.

Estas declaraciones, recogidas en un espectacular y breve documental de ocho minutos realizado por la artista sueca Julia Herskovits, son la mejor carta de presentación para adentraros en una de las historias más fascinantes de amor que tienen relación precisamente con la historia mundial reciente, la de una mujer que se enamoró locamente del mismísimo Muro de Berlín en 1977. A lo largo del documento audiovisual, podemos presenciar la imagen de una persona devastada, que vive en soledad en una casucha de la fría Suecia, y que aún se acerca cada mañana a acariciar a un pedazo del hormigón que en su día sirvió para separar al mundo entero.

“Muro de Berlín

tú me diste un motivo para vivir

me hiciste tan feliz

mi querido Muro de Berlín, estoy loca de amor por ti

todo lo que quiero es estar cerca de ti

Muro de Berlín, eres magnífico y sexy

disfruto de cada momento en que estamos juntos

Muro de Berlín, significas todo para mí”.

Este es uno de sus poemas de amor, escritos nada más comenzar su relación con el famoso muro, recogido en un reportaje de la revista ‘Vice’. Nadie le iría a decir que su romance por el que es sin duda uno de los símbolos del siglo XX acabaría doce años después, en un plomizo y nublado 9 de noviembre de 1989.

Ese preciso instante, en el que por fin cayó la separación física entre el bloque occidental y oriental y que produjo tanta euforia a lo largo y ancho del globo, para ella supuso el momento más trágico de su vida. “Lo vi en la televisión”, recuerda emocionada Eiija-Riita en dicho documental. “Antes de aquello me dio mucha seguridad y estabilidad. Significó tanto para mí, la gente a veces me dice ‘¿por qué no vuelves a Berlín y vas a verlo?’. Pero creo que no me gustaría nada tenerlo enfrente, ya que aún sigo tocada emocionalmente”.

Las líneas largas y horizontales me parecen muy sexys. Lo que ellos hicieron fue terrible: mutilaron a mi esposo

¿Cómo puede una persona enamorarse de un elemento artificial como un muro? Aunque parezca una broma, esta atracción sexual por cosas inanimadas existe y recibe el nombre de objetofilia. Al fin y al cabo, somos seres que inconscientemente insuflamos vida y personalidad a diferentes entes inanimados. Este rasgo de nuestra existencia se puede ver en las relaciones que los niños mantienen con sus juguetes, las cuales pueden ir más allá, como es el caso de Eija-Riita, hasta el punto de llegar a la vida adulta y todavía sentir esa especie de tendencia a subjetivar en extremo (es decir, convertir en sujeto) ciertos objetos. De algún modo, la corriente materialista de la filosofía europea moderna pone en relieve este particular deseo intrínseco en el ser humano por las cosas materiales, lo que Karl Marx luego se aproximaría a llamar “el fetichismo de la mercancía” para elaborar sus críticas a la economía política que más tarde se verían reflejadas en libros como ‘El Capital’ o el ‘Manifiesto Comunista’.

¿Deseo sexual hacia los objetos?

“Las líneas horizontales y largas me parecen muy sexys”, aseveraba la mujer sueca, en unas declaraciones recogidas por el diario británico ‘The Telegraph’. “El Gran Muro de China me parece atractivo, pero sin embargo es demasiado delgado, mi marido es mucho más sexy. Lo que ellos hicieron fue terrible, mutilaron a mi esposo”, incide. No es la única persona conocida que siente esta extraña pulsión por elementos arquitectónicos. En Leeds, Reino Unido, una dependienta de 31 años llamada Amanda Whittaker saltó a los titulares por confesar estar enamorada de la Estatua de la Libertad, a la que ella cariñosamente llama ‘Libby’.

Lo más complicado de gestionar para Whittaker es su relación a distancia. Como si se tratase de una relación convencional entre dos personas que llevan vidas separada, va a visitarla de vez en cuando, y mientras tanto pasa sus momentos de soledad rodeada de todo tipo de productos y cosas que hacen referencia a la construcción de Manhattan, según cuenta ella misma en un artículo del ‘Daily Mail’. A pesar de todo, siente que su amor es correspondido.

Eija-Riita en la actualidad. (Fotograma del documental 'Frau Berliner Mauer'.
Eija-Riita en la actualidad. (Fotograma del documental 'Frau Berliner Mauer'.

¿Hasta qué punto hay que tomarse en serio todas estas historias? Hay diversos trabajos académicos que resaltan el sufrimiento que pueden llegar a padecer estas personas por sentirse inclinadas hacia un deseo no normativo y que puede parecer una broma. Pero según avanza el mundo y la tecnología, los objetos artificiales cada vez irán adquiriendo más personalidad, hasta el punto de convertirse en seres con conciencia, como es el caso de los robots diseñados a partir de inteligencia artificial.

En Estados Unidos, ya están implantándose robots sexuales. Una encuesta de 2017 reflejó que casi la mitad de los norteamericanos creen que hacer el amor con uno de ellos será una práctica muy común y normal dentro de 50 años. Pero no hay que irse tan lejos y cruzar el charco, sin ir más lejos aquí en España en los últimos meses se ha popularizado muchísimo el uso del ‘satisfyer’ que, a pesar de estar hecho para la finalidad concreta de dar placer femenino, ¿quién sabe? Tal vez a muchas mujeres con inclinaciones parecidas a las de Eija-Riita desarrollen un tipo de deseo por estos aparatos que vaya más allá del carnal y se adentre en el plano de las emociones y de los sentimientos.

Al fin y al cabo, la psique humana y sus interminables laberintos parece que nunca dejará de sorprendernos, y como dijo Sigmund Freud hablando sobre la sexualidad: “en todo ser humano hay deseos que no querría comunicar a otros, y deseos que tampoco podría confesar a uno mismo”.

Alma, Corazón, Vida

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