la línea entre un juguete y un ser consciente

Sexo e inteligencia artificial: ¿es ético crear robots para satisfacer nuestros deseos?

El uso de la robótica y la inteligencia artificial con el objetivo de crear juguetes sexuales cada vez más realistas era de esperar, pero no por ello deja de despertar debates éticos para el futuro

Foto: Sexo e inteligencia artificial: ¿es ético crear robots para satisfacer nuestros deseos?

Desde las cutres muñecas hinchables que el futuro novio arrastra durante su despedida de soltero obligado por sus amigos hasta sofisticados robots humanoides fabricados siguiendo indicaciones precisas del cliente y que pueden llegar a costar miles de dólares, las muñecas sexuales se pueden encontrar en una amplísima gama de detalle, algo a lo que la tecnología quiere seguir contribuyendo.

Este verano, un reportaje publicado por The New York Times se hacía eco de las intenciones de Real Dolls, una compañía dedicada a la fabricación de muñecas sexuales de lujo, de aunarse con una empresa dedicada a la robótica para animarlas. Su primera tarea será desarrollar una inteligencia artificial convincente y una cabeza móvil, capaz de pestañear y de mover la boca de forma sugerente, así como integrar una app para el móvil que funcione como un asistente virtual tipo Siri y que recoja la personalidad de la muñeca.

Era de esperar que el avance de las investigaciones sobre inteligencia virtual nos acabase trayendo más pronto que tarde a las puertas del porno y el sexo. No en vano, se trata de una de las industrias que mejor se adapta a las nuevas tecnologías: lo hicieron a internet, lo hicieron a la piratería, lo están haciendo a la realidad virtual y la inteligencia artificial es el siguiente paso.

"Estamos lejos de robots con conciencia"

Un paso que trae consigo su propio debate ético. Hace unos meses, científicos y desarrolladores de todo el mundo se unieron para firmar una carta en la que pedían tanto a los gobiernos de todas las naciones como a los demás investigadores de todo el mundo que no aplicasen esta tecnología al sector armamentístico. 

"La decisión clave que debe tomar la humanidad hoy es si empezar una carrera armamentística de inteligencia artificial o evitarla. Si algún poder militar principal empuja hacia el desarrollo de armas de inteligencia artificial, esa carrera será virtualmente inevitable y el final de esta trayectoria tecnológica es obvio: las armas autónomas se convertirán en los kalashnikovs del mañana".

A la hora de convertirlos en juguetes sexuales, el debate ético va por otro lado. Desde luego, serán mucho menos peligrosos, y de hecho tienen aspectos positivos obvios, empezando por los puramente lúdicos y siguiendo por los terapéuticos para personas con traumas de algún tipo o dificultades para entablar relaciones con otras personas. 

Ahora mismo, la inteligencia artificial es un 'software' que expresa emociones, pero no las siente. No surgen de él, sino de un algoritmo

Sin embargo, también hay otros aspectos delicados en el debate. Por ejemplo, ¿hasta que punto es ético crear una inteligencia artificial destinada a satisfacer nuestros deseos sexuales? De momento, explica Alonso Rodríguez-Patón, director del Laboratorio de Inteligencia Artificial de la Universidad Politécnica de Madrid, el debate entra dentro de las cábalas para el futuro. "Ahora mismo, la inteligencia artificial es un software creado para expresar emociones, pero no para sentirlas realmente. No surgen de él, sino de un algoritmo. Es como si considerásemos los sentimientos o los derechos de Siri, por ejemplo".

Quizá más adelante, considera, sí que tenga sentido plantearse este dilema. "Cuando logremos crear robots con conciencia, que sientan dolor o alegría o humillación... Entonces sí que habrá que plantearse otorgarles derechos, igual que se los hemos dado a los primates", concluye Rodríguez-Platón. "Pero estamos todavía muy lejos de conseguirlo".

¿Es machista el sexo con robots?

Esta semana ha surgido una nueva vuelta a este debate. Kathleen Richardson, socióloga de la Universidad De Montfort ha lanzado una Campaña Contra los Robots Sexuales, alegando que la creación de estas máquinas no hará otra cosa que perpetuar los esquemas que llevan al consumo de prostitución: deshumaniza a las mujeres y solo tiene en cuenta las necesidades del comprador.

Fotograma de la película 'Lars and the real girl'
Fotograma de la película 'Lars and the real girl'

A pesar de estar tratando sobre un tema que de momento solo es una realidad a medias, Richardson ha querido poner el tema sobre la mesa ya: "Creo que extender las relaciones presentes en la prostitución a las máquinas no es ético ni seguro. Si acaso, el desarrollo del sexo con robots solo reforzará las relaciones de poder que no reconocen a ambas partes como sujetos humanos". 

De momento, la tesis de Richardson ha sido recogida con curiosidad, pero abre un nuevo punto de vista interesante para el debate. Silvia Nanclares, escritora especializada en temas relacionados con género y cultura digital, no prefiere no sacar conclusiones precipitadas. "Esto sería una aplicación más dentro de la industria del porno. Si el robot responde a cánones sexistas, por ejemplo, cosificando a la mujer, la experiencia será sexista y asimétrica. Si la relación que las funcionalidades robóticas permiten no lo son, no veo por qué ha de ser un problema". Se trataría, explica, de un paso más en la experiencia de sexualidad que nos ofrecen tecnologías que ya se usan de forma cotidiana. O que están a punto de llegar. 

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