El 'suicidio' que cambió la Guerra Fría reescribe la Historia 70 años después
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Jan Masaryk

El 'suicidio' que cambió la Guerra Fría reescribe la Historia 70 años después

La Fiscalía General de República Checa ha reabierto el caso del presunto suicidio de Jan Masaryk, el último ministro no comunista de Checoslovaquia en 1948

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El 'suicidio' que cambió la Guerra Fría reescribe la Historia 70 años después

El 9 marzo de 1948, Jan Masaryk era el último ministro no militante del Partido Comunista del gobierno de la antigua Checoslovaquia, el único que se había negado a abandonar al gobierno tras el llamado ‘Golpe de Febrero’ que amenazaba con acabar con la democracia checoslovaca. La mañana del día 10 amanecía muerto en el patio del Palacio Černínský, sede del Ministerio de Asuntos Exteriores y su residencia oficial. La causa oficial: suicidio. El pasado noviembre, la Fiscalía General de República Checa reabrió el caso tras la aparición de nuevas pruebas y después de cuatro investigaciones diferentes a lo largo de más de 70 años.

El caso Jan Masaryk es relativamente desconocido en Europa Occidental, pero fundamental en la Memoria Histórica checa y eslovaca. Algunos historiadores lo consideran la primera víctima oficial de la dictadura comunista. En esta ocasión las nuevas pruebas consisten en una grabación de 1968 en la que un expolicía del régimen comunista admite irregularidades en el levantamiento del cuerpo y la autopsia, descubierta por la historiadora Václava Jandečková.

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Los investigadores Jan Špička y Martin Čermák explicaron a El Confidencial que son numerosas las pruebas de un “allanamiento” en la residencia de Masaryk la noche de su muerte, y sobre todo las dificultades que ha supuesto para los investigadores la manipulación de los datos durante el régimen comunista por parte de la STB, la llamada ‘KGB checoslovaca’.

El fin de la democracia checoslovaca

En las primeras elecciones libres tras la ocupación alemana, en 1946, los comunistas de Klement Gottwald obtuvieron un 36% de los votos, que aun así no les permitían gobernar en solitario. Como sucedía en aquél momento en casi toda la Europa recién liberada, se formó un gobierno de concentración nacional con Gottwald como primer ministro.

Masaryk aceptó el cargo de Ministro de Exteriores, que ya ostentó en el gobierno en el exilio durante la guerra. Formaba parte del Partido Conservador del entonces presidente de la República, Edvard Beneš, que había dirigido el gobierno en el exilio desde Gran Bretaña. Un partido que además fundó Tomáš Garrigue Masaryk, primer presidente de Checoslovaquia independiente, padre de la patria, ya fallecido en los 40, y del propio Jan.

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Las tensiones dentro del gobierno de concentración nacional no se hicieron esperar y se sucedieron durante todo 1947. Un momento clave fue el 4 de julio de ese año, cuando como ministro de Exteriores Masaryk aceptó la oferta aliada de acudir a la Conferencia de París en la que se iban a discutir los detalles del Programa de Recuperación Europea, el célebre ‘Plan Marshall’. En ese momento, según recoge Tony Judt en Postguerra (2005), Stalin se plantea enviar a Gottwald –que viaja habitualmente a Moscú– a boicotear la reunión, pero luego ordena que Checoslovaquia no participe.

Masaryk tiene que envainársela, desautorizado por su primer ministro, pero no dimite. El historiador británico Keith Lowe, en Continente salvaje (2012), señala la “indefensión” de los checoslovacos, a pesar de mantener un gobierno de coalición y garantías democráticas: sus vecinos Polonia y Hungría ya estaban dominados por gobiernos autoritarios comunistas, el Ejército Rojo estaba al otro lado de la recién estrenada frontera eslovaca con Ucrania, su país limitaba con las zonas de ocupación soviética en Alemania y Austria…

El uranio de Bohemia

¿Qué se jugaba en la frontera checoslovaca? El mismo Judt recuerda que, a la hora de repartirse Europa en 1945, la línea divisoria acabó cayendo “un poco más al oeste” de lo esperable dada la situación de los ejércitos, ya que el estadounidense Patton había sido el primer militar aliado en entrar en territorio de la actual República Checa. Sin embargo, el país entero se consideraba esfera rusa y la ‘liberación’ se atribuyó al mariscal soviético Ivan Koniev.

En la Conferencia de Yalta, la línea de separación de las zonas de ocupación había sido Praga, así que al menos la mitad occidental del país debía ser de “influencia” angloamericana. ¿De dónde venía la obsesión de Stalin para controlar Checoslovaquia? De los depósitos de uranio. Como recoge el historiador “en unos pocos años, 200.000 europeos del este estarían trabajando en estas minas como parte del programa atómico soviético”.

Dos acontecimientos internacionales más les darán la puntilla, apunta Lowe: el recrudecimiento de la Guerra Civil Griega, empezada en 1946 con la URSS apoyando más o menos disimuladamente a las antiguas guerrillas comunistas y el Ejército Británico participando activamente de parte de los monárquicos, y las elecciones en Francia e Italia, donde los comunistas logran buenos resultados pero no lo suficiente para afectar a la formación de gobierno. Ahí, opina Lowe en su ensayo, “Stalin renuncia a la vía democrática para ir copando el poder en Europa”.

En marzo de 1948, Klement Gottwald ejecutó el llamado ‘Golpe de Febrero’, en el que fuerza la dimisión del presidente Beneš y la de todos los ministros no pertenecientes al Partido Comunista. Estos, de hecho, dimiten en bloque esperando forzar elecciones, pero lo único que hace Gottwald es sustituirlos por afines y empezar cambios legales que, en la práctica, finiquitan la democracia checoslovaca. Solo Masaryk, que se espera la jugada, resiste sin dimitir para intentar forzar elecciones desde dentro.

Fotos manipuladas y autopsia falseada

El 10 de marzo, Masaryk aparecía muerto en el patio de la sede oficial de su propio ministerio, que hoy sigue teniendo la misma función. Lo recuerdan una placa y un pequeño museo dedicado a su memoria. En la grabación aportada por Jandečková el expolicía checoslovaco Vilibald Hofman, quien participó en la investigación original y examinó el cuerpo en primer lugar, especula con que las fotos que se mostraron en la investigación se hicieron tras manipular el cadáver y que se pudo obligar al médico que lo examinó a falsear la hora de la muerte, entre otros detalles. Investigaciones anteriores habían apuntado a que las heridas que presentaba el cuerpo no se correspondían con las de la posición en las que se produjo la supuesta caída.

Špička, investigador del Centro de Investigación de Nuevas Tecnologías (NTC) de la Universidad de Bohemia Occidental, y su compañero Čermák, de la Facultad de Ingeniería Mecánica de la misma, esperan que la nueva investigación judicial sirva para “sacar a la luz nuevos datos y puede que la verdad”. Entienden que la muerte del ministro de Exteriores pudo no buscar solo su eliminación física tanto como la de “un testigo tanto de lo que sea que ocurriese en el ministerio esa noche como de lo que estaba pasando en el gobierno checoslovaco en esos meses”.

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Aunque es imposible conocer el escenario del ‘¿y sí…?’, Špička se atreve con la posibilidad de que la imagen pública y la personalidad de Masaryk le habrían permitido unir a las fuerzas democráticas en unas hipotéticas elecciones o cualquier tipo de manipulación y dificultar el control total del Estado por los comunistas de Gottwald “aunque eso nunca lo sabremos, solo podemos discutir y especular”.

En cualquier caso, aunque la investigación no pueda ser concluyente por el tiempo transcurrido y la hipotética manipulación de las pruebas, la versión popular siempre fue el asesinato. La prueba es un presunto chiste popular de la Checoslovaquia de los 50 que debía contarse lejos de los oídos de la STB:

“Fíjate que persona más considerada era Jan Masaryk que antes de saltar por la ventana la dejó cerrada por dentro”.

Ministerio de Asuntos Exteriores República Checa