UN REVOLUCIONARIO DE SU TIEMPO

Homenaje a un español olvidado: vida y legado de Julián Sanz del Río

Fue el mayor introductor del krausismo en España y maestro del gran Francisco Giner de los Ríos. Su mayor aportación fue a la educación y su particular forma de entenderla

Foto: Retrato de Julián Sanz del Río de Pineda Montón para el Ateneo de Madrid. (Wikipedia)
Retrato de Julián Sanz del Río de Pineda Montón para el Ateneo de Madrid. (Wikipedia)

La gran batalla de España contra sus demonios siempre fue la de la educación y sus derivadas; investigación, cultura, I+D, registro de patentes comparativo (con otros países del entorno), indolencia ante la aventura tecnológica, etc. Es por ello, que en este país tenemos una extraña somnolencia difusa por la cual no acabamos de despertar la conciencia de nuestras potencialidades y eso, cada día nos hace más esclavos y dependientes. Secular y tradicionalmente hay un gran freno de mano (un trágico oscurantismo) pero es mejor no señalar para no ofender. Nuestra indiferencia ante esta omisión o falta de reacción nos ha ido relegando a través de la historia al papel de segundones en el concierto internacional.

Si no despertamos al robot involuntario que somos de este sueño de plástico y silicio, a medio plazo acabaremos alcanzando a Haití o a Mozambique. Sin neuronas curiosas e inquietas, que piensen en la grandiosa oferta por explorar, sin audaces algoritmos que nos hagan pensadores críticos es muy difícil acercarse a la inhóspita belleza que se esconde ahí detrás donde yacen miles de retos ocultos esperando ser revelados.

Este mal no cesará hasta que lleguemos a un pacto por la educación y no engañemos a nuestros hijos con el rollo de que estudiando serán más grandes

Somos muy buenos en muchas cosas que debidamente tratadas nos darían para reconquistar la gloria perdida; pero no, no hay voluntad política en esta jaula de grillos para darnos la mano y evitar frentismo. Al norte de los Pirineos tenemos varios ejemplos en los que podríamos mirarnos para ver países que caminan sólidos ante el símbolo de sus banderas y no discuten por chorradas. Este eterno mal de la noche de mirada fría no cesará hasta que se cree un gran pacto por la educación en este país y no sigamos con esta política de engañar a nuestros hijos con el rollo de que estudiando serán más grandes. ¿Para qué? ¿Para exportar o centrifugar más de medio millón de licenciados bilingües o trilingües como ha ocurrido en los últimos diez años? Apañados estamos. Pues de esto va la historia de hoy, de alguien que quiso poner una piedra angular para que esto fuera posible, pero que a la postre, caminaba por un campo de minas.

Tal que un día 12 de octubre de 2019 se cumplían 150 años del cese en el mundo de la materia de un grande llamado Julián Sanz del Río, un católico patrio que predicaba en el desierto, en un desierto tan vasto que estaba poblado de sordos de uno a otro confín. Fue el introductor del krausismo una doctrina idealista que conciliaba teísmo y panteísmo, racionalismo y moral. El krausismo era y es, una doctrina que defiende la tolerancia académica y la libertad de cátedra frente al dogmatismo. Su nombre procede del pensador post kantiano Karl Christian Friedrich Krause, nacido alemán.

Francisco Giner de los Ríos en 1881. (Wikipedia)
Francisco Giner de los Ríos en 1881. (Wikipedia)

Esta filosofía tuvo una enorme difusión en España donde alcanzó una cota enorme de desarrollo práctico gracias a su gran divulgador, Julián Sanz del Río y la Institución Libre de Enseñanza, conducida magistralmente por Francisco Giner de los Ríos, y con el indispensable aporte de un gran jurista tal como Federico de Castro. La base o idea del krausismo, decía que Dios, sin ser visible o manifestado de forma explícitamente en este mundo de forma inteligible, no estaba tampoco fuera de él, pues contiene al mismo y lo trasciende. A esta nueva concepción, en Europa se le comenzó a llamar Panenteísmo. En España, una tierra muy proclive a la oscuridad y a las bridas mentales, era obvio que el hándicap con que partía este utopista era colosal.

Allá, por los pagos de las severas tierras de Soria, en el seno de una familia campesina pobre de solemnidad, este huérfano de padre fue acogido por un clérigo de mente abierta a los 10 años, en la que fuera antaño la soberana y populosa Córdoba de Abderramán III y su largo millón de habitantes. Julián era un chaval aplicado e inquieto, con un impulso muy claro y una vocación orientada hacia el bien común, parecían entrarle las humanidades, el derecho y la filosofía sin necesidad de bicarbonato. Como consecuencia de ello, con 22 años es nombrado catedrático de Derecho romano y presidente mayor de Leyes en el afamado colegio del Sacro Monte en Granada. A los 26 añitos, la criatura ya era licenciado en Jurisprudencia cum laude, comenzando a ejercer de abogado.

Rechazo a la academia

Con 29 años aparece con una beca bajo el brazo en la añeja institución de la Universidad de Heidelberg. La cosa no era baladí, pues desde hacía más de 300 años, una Pragmática de Felipe II prohibía de facto estudiar en universidades extranjeras a alumnos que no tuvieran probado fehacientemente un intachable catolicismo, no fuera a ser que los malvados herejes los pervirtieran con sus perversas propuestas. Cuando Sanz del Río vuelve de Alemania trae las ideas muy oxigenadas para renovar la educación en España, renovación, lógicamente, que pasa por liberar del férreo control de la Iglesia. Se le otorga en propiedad la cátedra de Filosofía, y contra todo pronóstico, nuestro fértil y elevado pensador, va y la rechaza al no considerarse con la preparación necesaria para afrontar ese reto. No cabe duda de que era un tipo honesto en un país mediocre y decadente.

Tal vez, este hombre pensaba como aquel poeta que fue, y que se nos fue a los amantes de sus versos y de su música, y que decía así: “Aunque estoy convencido de que nada cambia, para mí es importante actuar como si no lo supiera”. Se llamaba Leonard Cohen, y a mi modo de ver, Julián se anticipó casi cien años a este enorme poeta judío. Los obstáculos y las zancadillas comenzaron a hacer su aparición temprano, ya se sabe, España y su famoso Síndrome de Procusto.

Pero a este monje secular habitante de un pueblo perdido de La Mancha, Illescas, cerca de Toledo capital, hombre de vida austera, dedicado a la investigación, traducciones, estudios eclécticos, creador del germen del Círculo Filosófico y Literario, comienza a ser atacado de forma inmisericorde por las tropas oscuras a causa de sus ideas. Los ultramontanos de Atapuerca desde El Pensamiento Español (menudo oxímoron) lo apalean sin descanso.

Contra el sectarismo

La campaña de difamaciones e insultos llegan hasta el Congreso de los Diputados y logran descabezar el atisbo de luz que se cierne sobre los jóvenes universitarios. El ministro de Fomento, a la sazón Manuel de Orovio, se carga fulminantemente a Sanz del Río y desata una cacería implacable de la savia rupturista y nueva que asomaba cabeza en aquellos lares. La libertad de cátedra es burlada por esa anomalía tan arcana y ancestral que recorre este país desde tiempos inmemoriales. En Heidelberg, la Sorbona, y universidades extranjeras de postín, no salen de su asombro. Se inician las campañas de protesta en toda Europa por tamaño atropello.

En 1868, finalmente se les restituyen en sus puestos a los afectados por la anterior purga y a Sanz del Río se le ofrece el cargo de rector de la Universidad Central que rechaza (de nuevo), por no considerarse apto para el mismo. Su dogma es básicamente huir del sectarismo y del frentismo. Moriría un 12 de octubre de 1869 sin acabar de entender la cicatería moral empeñada en cepillarse lo mejor del país cuando solo se pretendía erradicar la carcoma. Su ausencia no le permitiría ver concluida su apuesta por renovar la educación en este extraño lugar. Sin embargo, Fernando Giner de los Ríos (discípulo suyo), con la Institución Libre de Enseñanza sí pudo impulsar algo más las renovadoras ideas de su maestro y mentor.

Institución Libre de Enseñanza, fotografía de 1903 de Christian Franzen. (Wikipedia)
Institución Libre de Enseñanza, fotografía de 1903 de Christian Franzen. (Wikipedia)

La epistemología, esa ciencia que estudia la teoría del conocimiento, es sabido que fue alumbrada en Grecia por Parménides y Platón. El formato de conocimiento llamado episteme se oponía rotundamente al conocimiento denominado doxa. La doxa no era otra cosa que el conocimiento vulgar de las gentes llanas y, que no estaba sometido a una rigurosa reflexión crítica. La episteme era el conocimiento reflexivo elaborado con rigor. ¿Dónde nos queremos situar los españoles? ¿En los reality show? ¿En Gran Hermano escuchando a impresentables políticos frentistas y convertirnos en divididas marionetas a través de sus vacías propuestas? ¿O queremos ir más allá?

A veces decidir en qué lado estar es fácil viendo quiénes están en el otro lado. Si hay algo cierto, es que el pasado no puede convertirse en futuro, pero el futuro sí en pasado.

España.

Alma, Corazón, Vida

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