Sirvió de inspiración para el Cybertruck

La pareja que pagó 100€ por el coche de un trastero y lo vendió a Elon Musk por 1 millón

Una pareja de Long Island compró por apenas 100 dólares un trastero sin reclamar en cuyo interior se encontraba un vehículo deportivo por el que el magnate pagaría cifras astronómicas

Foto: Uno de los deportivos utilizados por James Bond. (Pxhere)
Uno de los deportivos utilizados por James Bond. (Pxhere)
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Corría el año 1989 cuando una pareja de Long Island (Nueva York) compró por apenas 100 dólares (90 euros) un trastero sin reclamar en cuyo interior había un coche abandonado. Por entonces no se imaginaban que, 24 años más tarde, Elon Musk pagaría alrededor de un millón por hacerse con el vehículo. Para adentrarse mejor en la historia que a continuación se narra, se recomienda al lector que imagine las siguientes líneas como el doblaje al castellano de un programa emitido en un canal temático, siempre con la voz original de sus protagonistas de fondo.

Al estilo de los espectáculos más populares de la sobremesa, todo comenzó cuando los regentes de un pequeño negocio de alquiler de herramientas acudieron a una subasta a ciegas. Aunque a los españoles les parezca exótica esta práctica, es muy habitual liquidar así los objetos antiguos en el mundo anglosajón, donde el 'self-storage' triunfa como método para que los particulares o las empresas almacenen sus pertenencias en un espacio de uso exclusivo que pueden gestionar con total libertad a cambio de un alquiler.

Ni ellos ni el vendedor, que en estos casos suele estar representado por una empresa de subastas, tenían la más remota idea de qué se ocultaba en el interior del almacén por el que la pareja pujó. Al abrir la puerta de su nueva adquisición, se toparon con una sorpresa mayúscula: sepultado bajo unas lonas viejas había un coche deportivo que había permanecido en el olvido durante más de una década.

No era un coche cualquiera. Se trataba del Lotus Esprit de 1976 que se utilizó en la película de James Bond 'La espía que me amó', de 1977. En esta mítica producción, dirigida por Lewis Gilbert, el actor Roger Moore aparecía conduciendo a toda velocidad el citado automóvil mientras esquivaba una retahíla de disparos procedentes de un helicóptero. La persecución prosigue hasta que el protagonista y su copiloto se aproximan a un embarcadero y el agente decide lanzarse al agua sin pestañear, a la voz de "¿Puedes nadar?".

Ante la sorpresa de su acompañante, el coche se transforma en eficiente submarino capaz de lanzar torpedos al enemigo. Precisamente, en este aspecto reside su valor, pues durante el rodaje se utilizaron ocho ejemplares del Esprit, pero sólo uno operó en las escenas subacuáticas: el que custodiaba el trastero de Nueva York.

Al principio, “realmente no sabían qué era”, explicaba a la cadena 'NBC' Doug Redenius, cofundador de la Fundación Ian Fleming, organización dedicada a la memoria del periodista, escritor y oficial de inteligencia conocido por dar vida al espía más famoso. "No tenían ni idea de lo valioso que fue su descubrimiento", explica sobre la pareja, que por aquel entonces aseguraban no haber visto nunca una película de James Bond y que, a día de hoy, siguen permaneciendo en el anonimato.

De hecho, el marido planeaba arreglar el techo abollado del deportivo y hacer otras mejoras para su disfrute personal, pero cuando lo cargó en su camión de camino a casa otros camioneros contactaron con él por radio para hacerle saber que transportaba el coche de James Bond. Rápidamente, se dirigió a alquilar la película en formato VHS y se dio cuenta, por fin, del tesoro que habían conseguido.

La historia llegó a oídos de Redenius, que se afanó en buscar incansablemente al propietario. "Ven el 9 de septiembre, prepárate porque tu vida, la de tu esposa y la de tus hijos va a cambiar dramáticamente", le alentó. "En primer lugar, pasarás a la historia como el tipo que encontró el coche de James Bond. Pero, además, si se vende por lo que esperamos, ese dinero te dará la oportunidad de vivir cómodamente por el resto de tu vida", insistió. Posteriormente, consiguió que el fabricante original, un antiguo miembro de la armada estadounidense experto en sumergibles de Florida verificara la autenticidad del automóvil y puso en contacto al afortunado con la compañía especializada en subasta de coches RM Auctions.

Inspiración para el Cybertruck

No está claro cómo una reliquia cinematográfica de semejante magnitud acabó cogiendo polvo en un trastero, aunque cabe deducir que llegó allí después de utilizarse para promocionar la película y que, en un momento dado, el estudio de Hollywood dejó de pagar la tarifa por almacenarlo. Lo que sí se sabe es que quien lo compró es un maniático de la automoción: nada menos que el excéntrico Elon Musk, fundador de Tesla Motors y SpaceX.

En 2013, el magnate pagó 997.000 dólares (900.000 euros) por comprar el bólido. “Cuando era un niño pequeño en Sudáfrica fue increíble ver a James Bond conducir su Lotus Esprit desde un muelle, presionar un botón y transformarlo en un submarino bajo el agua. Me decepcionó saber que en realidad no puede transformarse. Lo que voy a hacer es actualizarlo con un tren motriz eléctrico Tesla e intentar que se transforme de verdad”, manifestaba a la revista 'Jalopnik' después de su capricho. Lo curioso es que donde no podía usarse era en tierra, pues el modelo a la venta estaba especialmente diseñado para ir bajo el agua: no tenía ruedas, sino aletas articuladas.

No está claro si Musk cumplió su palabra de hacerlo anfibio, pero desde luego el Lotus le ha servido de inspiración. Él mismo ha reconocido a través de su cuenta de Twitter, espacio de promoción y desahogo, que lo utilizó como modelo para el futurista Cybertruck, para el que también tomó como referencia la estética 'cyberpunk' de otras películas de ciencia ficción como 'Blade Runner'.

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