DEL FINANCIERO GÉNOVA AL 567

Dentro de los clubes de la élite de Madrid: “Ni somos rancios ni nos reímos las gracias”

Lo viejo y lo nuevo, el club lampedusiano y la 'startup'. Visitamos dos de los clubes de moda en la capital para descubrir qué se cuece allí, aparte de negocios

Foto: De las Heras, en la azotea del Financiero Génova. (Foto: Héctor G. Barnés)
De las Heras, en la azotea del Financiero Génova. (Foto: Héctor G. Barnés)

Cuando estás abajo, te preguntas qué habrá en lo más alto, y cuando subes, alcanzas a verlo todo. La bandera española de 300 metros cuadrados, los Jardines del Descubrimiento y, casi al alcance de la mano, las Torres de Colón (el 'enchufe'), el cartel 'Centro Colón' visto desde atrás. Y si uno se da la vuelta, algo que el peatón jamás alcanzará a ver: una piscina en mitad de la azotea, “una de las más bonitas pero menos utilizadas de España”, como lamenta Arturo de las Heras, copresidente del grupo educativo CEF y presidente del Club Financiero Génova desde hace un par de meses.

El Financiero Génova es uno de los clubes privados con más solera de la capital. Los retratos de los fundadores, Juan Garrigues Walker y Antonio Muñoz Cabrero, saludan al visitante cuando accede a la azotea del centro. De las Heras terminará formando parte de la galería algún día. “Nosotros intentamos conjugar la tradición de un club que va a cumplir 50 años con las innovaciones que se necesitan para atender a las nuevas necesidades de los socios, porque un club debe tener ante todo un componente de utilidad”, añade el vicepresidente, Carlos Rubén Fernández, expresidente de la Fundación ONCE, tomando un café en la terraza ajardinada.

Nuestro peluquero tiene 80 años y aquí ha cortado el pelo a sagas enteras de banqueros y empresarios: al abuelo, al padre y al nieto

¿Qué clase de utilidad? ¿Qué se hace en un club privado, cuyos 1.000 socios pertenecen a la élite económica del país? “Somos ante todo un club de negocios, fomentamos el encuentro para que los tratos se produzcan de forma natural en desayunos, comidas, cenas, ponencias, charlas, visitas culturales, viajes, torneos...”. También, en el gimnasio, el 'spa' o en la pista de 'squash', una de las primeras que se vieron en Madrid. O el servicio de peluquería/barbería: “El peluquero tiene 80 años, y han pasado sagas enteras de banqueros y empresarios por sus manos: el abuelo, el padre y el nieto”.

Un 'afterwork' para las altas esferas donde se hacen negocios y lo que surja. La revista editada por el centro muestra las recientes visitas de Álvarez de Toledo, Fernández de la Vega, Ortega Smith o Iñaki Gabilondo al club. También, añade De las Heras, “para que veas que aquí no discriminamos a nadie, han venido últimamente Borrell y Cristina Narbona; Rivera, Villacís y Arrimadas; Pablo Casado, García Egea o Pío García Escudero”. Entre sus socios, Pilar Gómez-Acebo, Íñigo Sagardoy, Ignacio García de Vinuesa o Juan Pablo Lázaro Montero de Espinosa. El 'namedropping' nunca estuvo tan justificado.

El tópico 'british' dicta que uno debería encontrarse con grandes sofás orejeros, chimeneas, puros a mansalva, ceños fruncidos y hombres, muchos hombres, pero de igual forma que la generación Silicon Valley ha impuesto sus hábitos en la empresa, algo semejante ha ocurrido incluso en los clubes tradicionales. Una cordial familiaridad, donde los socios saludan al presidente como el que acaba de encontrarse con el vecino de la puerta de al lado, es el tono predominante.

Quizá lo hayas visto muchas veces desde abajo, nunca desde ahí. (Foto: Héctor G. Barnés)
Quizá lo hayas visto muchas veces desde abajo, nunca desde ahí. (Foto: Héctor G. Barnés)

Uno puede ir del Financiero Génova camino al 567 a pie, e incluso pasar por el Matador de camino: en el barrio de Salamanca, es posible saltar de club en club sin pisar el suelo. El aspecto del Club 567, uno de esos edificios de oficina de techos altos e infinitas habitaciones, parece más modesto que el lujo con vistas al cielo del Financiero, pero sus pretensiones son igual o más elevadas, como explica su presidente, Manuel Luna, el hombre alrededor del cual ha girado todo desde su fundación en 2011, cuando un grupo de unos 15 cuarentañeros decidió ponerse en marcha.

“Somos una empresa, no una asociación ni una fundación sin ánimo de lucro, tenemos un consejo y unos objetivos planteados en un plan de negocio, que revisamos año a año”, revela desde un despacho donde la 'GQ' está colocada al lado de varias colecciones de enciclopedias, una de esas paradojas reveladoras. ¿De qué? Al presidente no se le caen los anillos al describir el club como 'low cost': “Tú aquí vas a viajar en primera clase, pero a precios asequibles”. Nueva retahíla de nombres: “Han pasado Zapatero, Bono, Casado, Abascal… Todo el mundo ha estado por aquí”.

Esto no es un club social donde la gente venga a pasar el rato, tenemos negocios y lo que queremos es que vayan bien

Si en el Génova me han ofrecido una americana para poder entrar —me he excusado como periodista para conservar la manga corta—, en el 567 ni siquiera hay 'dress code'. Se parece más a una de esas academias particulares de la vieja escuela con sus cuadros en la pared y sus habitaciones diáfanas, algo que también se refleja en sus actividades. Abres una puerta y te encuentras un curso de 'coaching'. Abres otra, y te topas con el enólogo Fernando Chivite dirigiendo una cata de vinos.

Una batalla lampedusiana

Lo que más llama la atención, tanto en un caso como en el otro, es la voluntad por el aperturismo, por mostrar una transparencia que acabe con los tópicos que suelen rodear a estos centros. Contrasta con la respuesta que da alguno de ellos cuando se solicita una visita (un ejemplo: “Por la presente, le informo que tenemos por costumbre no conceder entrevistas o facilitar reportajes periodísticos”). “Tenemos que acabar con la imagen elitista, es algo más funcional de lo que parece”, explica Carlos. “Por supuesto que siempre es agradable compartir tiempo con personas con una trayectoria acreditada, pero no es nada que no hagamos todos en LinkedIn, con un factor humano”.

Ni “sobrio-rancio”, en sus palabras, ni “un club social donde la gente vaya a pasar el día”: “Tenemos negocios, y lo que queremos es que vayan bien”. Una de las ventajas es que te evitas la posibilidad de caer en las redes de esa gente con “currículos suficientemente adornados” gracias a una criba que garantiza que puedas fiarte del de al lado a la hora de montar un negocio. Y unos cuantos se han montado acodados a la barra, en la silla del barbero o bebiendo cócteles en el Sky Bar.

Una de las estancias del 567 preparadas para una reunión. (Foto: Club 567)
Una de las estancias del 567 preparadas para una reunión. (Foto: Club 567)

De las Heras presume del aumento de socias entre las filas del Financiero Génova, así como de haber albergado durante el Orgullo del año pasado ponencias de personas trans, algo que en un pasado parecía imposible entre las paredes de madera del club castizo. “Las mujeres no participaban en la vida de los clubes, pero en la actualidad en la junta directiva el 25% son mujeres”. Una de las más activas es María Luisa de Contes, secretaria general de Renault España y líder de la comisión de Mujer e Igualdad.

La directora gerente, Arrate Oromí Sáenz de Navarrete, lleva en el cargo desde 2012, y nos recibe desde las verdaderas tripas del club, donde se accede descendiendo unas pequeñas escaleras y cuya puerta se abre a una pequeña oficina donde abundan las mujeres jóvenes, las que garantizan que un piso más arriba todo funcione. Es, al mismo tiempo, una pequeña empresa, que da trabajo a 34 personas.

¿Y los números?

Esta voluntad de darse a conocer se debe, en parte, al lejano recuerdo de la crisis económica, que provocó el cierre de muchos clubes y empujó a la obligada reforma de otros. “La crisis nos pegó muy fuerte”, admite De las Heras. Muchos de los socios corporativos desaparecieron y se producía una constante sangría debido a la edad de los socios, muchos de los cuales habían sido miembros desde los años setenta. Si no entraba sangre nueva, quizá morirían como otros.

Para ser socio no temporal del Financiero Génova, hace falta una acción de 12.000 euros. El montante en el 567 va de los 15 a los 150 euros

Ello obligó a plantear una reforma a través de la figura del socio temporal, un periodo de prueba en el que se pagan 150 euros mensuales durante dos años antes de verse obligado a comprar la acción de 12.000 euros que garantiza la membresía 'de número'. Fue todo un espaldarazo que permitió recaudar 70.000 euros. Ahora mismo, el Finaciero Génova cuenta con 1.000 socios además de los de honor, como el cuerpo diplomático español. De las Heras, a sus 46 años e icono de la economía digital, es una muestra de ese pequeño cambio generacional.

El 567, por su juventud, ha ido escalando desde abajo. Por 15 euros al mes, uno puede ser socio 'fellow' (son ya 2.500) y disfrutar de los espacios de trabajo y de asesoramiento, por 40 asistir a eventos y exposiciones, por 60 ser prémium… Así hasta el socio corporativo, que por 150 permite domiciliar la sociedad en la sede y recibir asesoramiento de consultoría 360º. Claro, siempre que se pase el proceso de admisión. El modelo de negocio de Vueling y el de Iberia, la 'startup' y la compañía consolidada.

El asunto inglés

Hablar de clubes —ya sin la apostilla 'de caballeros'— evoca inmediatamente la imagen del Pall Mall londinense, el kilómetro cero donde se encuentran el Regent, el Athenaeum o el White's, el más antiguo y exclusivo, y que sigue sirviendo de inspiración, aunque solo sea para criticarlo: “No nos gusta el modelo elitista, endogámico, donde solo unos cuantos pueden entrar”, señala el presidente del 567, que proviene de una familia ligada al sector del automóvil.

Luna, en la sede de la calle Velázquez del Club 567. (Foto: Héctor G. Barnés)
Luna, en la sede de la calle Velázquez del Club 567. (Foto: Héctor G. Barnés)

Luna presume de contar con el pintor Antonio López como su presidente de honor y 'alma mater' del club de arte, uno de tantos en los que se divide el 567. Al que recuerde 'El sol del membrillo', probablemente le costará imaginar al pintor que se afanaba horas y horas delante de la fruta en un club exclusivo, pero lo frecuenta casi semanalmente. Una imagen reciente le muestra junto a Luna y Luis María Anson en una de las tertulias del club.

Entre unos y otros, entre los viejos y los nuevos, también hay diferencias a la hora de enfrentarse a la opinión política. En el Génova, como explica Fernández, nunca ha habido voluntad de hacer lobismo “ni de decir 'vamos a publicar un informe y darles duro”. La forma de hacer 'lobby', añade, es “aprovechándose de la ventaja de la cercanía que ofrece, los encuentros con políticos, empresarios, personalidades o científicos son eventos para pocas personas, comidas de 20, 30 o 40 donde tienes la oportunidad de saludar y transmitir tus ideas”.

Uno de los objetivos del 657 es generar opinión sobre cuestiones políticas, económicas o sociales, algo común en el mundo anglosajón, pero no aquí

Para Luna, esa es una de las diferencias del 567: “Nuestro anhelo, después de 10 años, radica en la generación de opinión e influencia, somos un pequeño 'lobby”, recuerda. “El club en el ámbito anglosajón influye en la política, en la economía, en la educación, porque el 100% de un club coincide en sus valores para el desarrollo de la sociedad”. En términos prácticos, eso se traduce en la inscripción en el registro de lobistas para generar opinión sobre cuestiones políticas, económicas, sociales, jurídicas, a través de pequeñas cartas de opinión, “algo común en el mundo anglosajón, pero no aquí”. Quizás ese sea el futuro.

“Hemos sido nosotros los que no hemos sabido capaces de trasladar que esto no es un grupo de élite que se dedica a reírse las gracias entre ellos, esto consiste en dar servicio a los socios”, concluye el vicepresidente del Financiero Génova. “Pero fíjate si somos diversos, que hasta admiten a un discapacitado como vicepresidente”, concluye con sorna, desde detrás de las gafas que ocultan su ceguera.

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