LA REAPARICIÓN DE MAISY

El misterio del tesoro de la batalla de Normandía: ¿dónde están los 4 millones?

Cuando los 'rangers' tomaron la batería que controlaba Omaha, hallaron una gran cantidad de dinero para pagar a los soldados nazis. Hoy, nadie sabe qué fue de él. O eso dicen

Foto: La batería de Maisy. (CC/Dennis Peeters)
La batería de Maisy. (CC/Dennis Peeters)

Cuando uno compra ropa usada, por mucho que haya pertenecido a un soldado estadounidense que combatió en la Segunda Guerra Mundial, lo último que piensa es que se va a encontrar el mapa de un tesoro de 4,2 millones de dólares. Es lo que halló el historiador y coleccionista mancuniano Gary Sterne, cuando, como tantos aficionados que empeñan sus ahorros en toda clase de memorabilia bélica, decidió adquirir el uniforme de un veterano del ejército estadounidense.

Sterne se encontraba en una feria de coleccionismo militar en Louisville (Kentucky), cuando se topó con la caja de cartón que contenía el uniforme de un soldado. Lo compró por 180 dólares, sin saber aún que su valor era incalculable. Revisando los bolsillos de la prenda, se encontró con un mapa de Normandía en el que una gruesa línea roja rodeaba las palabras “zona de alta resistencia”.

La anotación se encontraba en el mapa muy cerca de Pointe du Hoc, uno de los puntos clave del desembarco de Normandía, y que muchos recordarán de películas como 'El día más largo' o videojuegos como 'Call of Duty 2' como el célebre acantilado de más de 30 metros que controlaba la playa de Omaha y que fue conquistado por unos 'rangers' escaladores. No obstante, el texto señalaba a Grandcamp-Maisy, a unos cinco kilómetros al oeste de Pointe du Hoc. ¿Qué había en aquella 'zona'? Que él supiese, nada. “Solo campo”.

Es una historia digna de una película. Que el centro económico de la zona de Omaha hubiese desaparecido por completo parecía muy extraño

La insistencia condujo a Sterne una y otra vez a la zona, que recorrió en coche junto a su hermano hasta que, un buen día, dio con una sospechosa plancha de cemento. ¿El suelo de un edificio destruido? No: el techo de un búnker, el primero de un conjunto de edificios devorados por el tiempo que ocupaban alrededor de 60 hectáreas, algo más que dos campos de fútbol. Para Manuel P. Villatoro, autor junto a Pere Cardona de 'Lo que nunca te han contado del Día D' (Principal Historia), para cuyo libro ha entrevistado al británico, se trata de una de las historias olvidadas más fascinantes de la campaña. “Siguiendo ese plano se encontró con la batería de Maisy, que fue el centro neurálgico y económico de la zona de Omaha”, explica Villatoro a El Confidencial.

Tras haber sido enterrada por el ejército americano y su ubicación clasificada como 'top secret', la batería de Maisy cayó en el olvido mientras Pointe du Hoc se convertía en un icono. Aunque la mayoría de los soldados que tomaron dicha posición habían muerto en la batalla de Irsch-Zerf, el incansable Sterne consiguió dar con dos supervivientes que recordaban el lugar. Estos, junto con las excavaciones que el inglés estaba realizando, ayudaron a completar la historia de aquel lugar. “Es una historia digna de una película”, explica Villatoro. “No se trata solo del tesoro, que una batería como la de Maisy hubiese desaparecido por completo parecía muy extraño”.

El hallazgo abrió una nueva línea de investigación, especialmente sobre la importancia de Pointe du Hoc. Hasta ese momento, y alentado por el discurso estadounidense, se había hecho hincapié en la importancia estratégica del risco, aunque al alcanzar la cima se descubriese que dicha batería no estaba operativa. El nuevo hallazgo sugería, como defiende Stern, que los alemanes dispararon sobre Utah y Omaha desde Maisy, y no desde Pointe du Hoc. Una tesis que ha expuesto esta semana en un artículo de 'The Independent' que pone en duda la utilidad de la célebre hazaña señalando que fue una temeridad del teniente coronel James Rudder, como expone en su libro 'The Cover-Up at Omaha Beach'.

Casamatas, esqueletos… y un montón de dinero

El pasado fue emergiendo a medida que Stern y su equipo excavaban en los terrenos silenciosamente adquiridos a los terratenientes locales con el objetivo de construir un museo sobre la contienda. Primero, el edificio cuyo techo habían encontrado. Más tarde, un pozo, refugios, líneas de trincheras, y, finalmente, la estructura general del edificio. En Maisy se habían instalado dos posiciones defensivas, la Wiederstandnest 83 (Les Perruques) y la Wiederstandnest 84 (La Martinière), con sus casamatas, búnkeres, trincheras y edificios. También encontraron algún fantasma, como el esqueleto de un oficial alemán al que le faltaba un pie —y parte del otro— cuya identidad nunca pudo ser descubierta.

Todos afirman que ellos no se lo llevaron. Como mucho, que cogieron un poco, o que fueron otros compañeros los que tomaron la mayoría

Maisy planteaba una gran pregunta a los arqueólogos, que descubrieron que los estadounidenses habían encontrado un tesoro de alrededor de 4,2 millones de dólares en moneda francesa. Como recuerda Villatoro, una cantidad “que corresponde con los pagos que se iban a hacer a la 716 División de la Artillería alemana”. Aquí es donde la historia vuelve al territorio de la leyenda, pues nadie, ni siquiera los propios soldados que la asaltaron y que han contado su versión de la historia, sabe muy bien qué fue de esa cantidad ingente de dinero. O eso dicen. Desde luego, poco podían reclamar los nazis en plena huida.

“Tras entrevistar a los supervivientes, Stern ha llegado a la conclusión de que, efectivamente, llegaron y se repartieron el tesoro, pero ninguno de ellos admite haberse llevado demasiado, todos afirman que solo cogieron un poquito o que fueron otros compañeros los que se quedaron con la mayoría”, añade el periodista. Es un enigma a lo Agatha Christie o, mejor dicho, un duelo de miradas a lo 'El bueno, el feo y el malo', donde nadie se atreve a ser el primero en apretar el gatillo. George Monks, por ejemplo, es uno de los que admitieron que se habían llevado un poco: “Sí, un par de dólares en francos franceses”. Ya solo quedan 4.199.998 dólares en paradero desconocido.

El acantilado de Pointe du Hoc. (CC/Myrabella)
El acantilado de Pointe du Hoc. (CC/Myrabella)

Otro 'ranger', Richard Hathaway, ha reconocido que los alemanes guardaban allí la nómina para sus tropas, y Jim Wilderson, que afirmó que no había llegado a entrar en el edificio principal donde se encontraba el tesoro, sí admitió “que algunos de los muchachos que lo hicieron se llevaron dinero en efectivo”. Por último, Jake Burke afirma que aunque oyó hablar del tesoro, “estábamos demasiado cansados para buscarlo. No habíamos dormido ni comido y teníamos muy poca agua. Estábamos adormecidos”. Nadie sabe nada, así que muy probablemente se lleven el secreto a la tumba, si es que no está enterrado ya en algún lugar de EEUU.

Como explica Villatoro, que da un lugar preeminente a la historia en su último trabajo, “esta historia es un hito, porque demuestra que, frente a los que aseguran que ya no se puede descubrir nada nuevo sobre la batalla de Normandía, aún quedan cosas que contar, como este misterio donde todos los indicios señalan que, efectivamente, ese tesoro estuvo ahí”. Y, durante las décadas posteriores, probablemente en los bolsillos de un afortunado grupo de 'rangers' estadounidenses.

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