un tabú

La vida sexual secreta de las monjas: "Ellas también se enamoran"

Aunque obligadas históricamente a cumplir el voto de castidad y celibato, las mujeres de las órdenes religiosas no son inmunes a los deseos más pecaminosos

Foto: Foto: iStock.
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Monjas, curas, sacerdotes... todos aquellos que han consagrado su vida a una orden religiosa deben acogerse a una serie de reglas, entre las que se encuentran en el catolicismo la obediencia, la pobreza, la castidad y, por supuesto, el celibato. No son los únicos que eligen este estado, también los monjes budistas lo llevan a cabo, y aunque históricamente ha sido, por regla general, una opción voluntaria (como el caso de Platón, que, por si no lo sabías, lo era), en algunas ocasiones también ha sido forzada (como en el caso de los esclavos).

Pero ¿qué sucede si después de acogerte a ello cambias de parecer? Así lo cuenta la periodista Barbie Laztza en 'The Daily Beast': "Las hermanas Federica e Isabel se dieron cuenta de que sus sentimientos iban mucho más allá de una mera amistad platónica en un trabajo misionero en África, en su vida semienclaustrada. No recuerdan si fue un roce accidental o un cruce de miradas que las hizo sonrojar... pero en un momento determinado se besaron. Al regresar a Italia dejaron a un lado sus votos de celibato y la vida religiosa. En 2016 se casaron en Turín".

Un secreto a voces

La hermana Federica (nombre ficticio) contaba que es algo bastante común entre los religiosos: "No solo el amor lésbico, las monjas se enamoran también de sus feligreses o sacerdotes. Estamos obligados a cumplir los votos, pero también nos guía nuestra naturaleza humana". El Papa Francisco admitió por primera vez este año que el abuso por parte de sacerdotes y obispos hacia las monjas era un problema mucho más grande de lo que la iglesia había admitido anteriormente.En febrero, la revista 'Women Church World' publicó un reportaje en el que se hablaba de cientos de monjas que habían sido obligadas a abortar o a criar a sus hijos en los conventos.

Las monjas se enamoran entre ellas y también de sus feligreses o sacerdotes

El celibato es, sin duda, uno de los sacrificios más importantes de la iglesia. El sexo, siempre y cuando sea dentro del matrimonio, es aceptable, siempre y cuando su único fin sea la procreación. La homosexualidad ha sido por mucho tiempo un tabú, aunque el papa Francisco está luchando por conseguir algunos avances en su aceptación. Incluso la masturbación es un tema espinoso, pues hablamos de "una semilla derramada" que debería usarse para la procreación, pero mientras que se pone más en entredicho el papel del sacerdote en el celibato, la monja parece intachable. "Siempre hemos sido consideradas como inmunes a los deseos sexuales", señala la hermana Federica.

Pero de acuerdo con una encuesta sobre la intimidad sexual de las monjas y sacerdotes, publicada en 'Journal of Marital Sex', alrededor del 10% de las mujeres que se convierten en monjas no son vírgenes, pues no es este un requisito previo para entrar, aunque el celibato sí lo es para quedarse. Se ha discutido mucho si es insano, pues algunos expertos sostienen que no hay una verdadera relación entre pederastia y castidad, mientras que otros aseguran que es totalmente antinatural.

Cientos de monjas han sido obligadas a abortar o a criar a sus hijos en los conventos, según un estudio

No es algo nuevo. En la década de 1980, la historiadora Judith Brown escribió el libro 'La vida de una monja lesbiana en la Italia del Renacimiento' después de años de investigación que se centraron en la Madre Superiora Benedetta Carlini, una monja italiana nacida en 1590 que fue acusada de herejía porque mantuvo una relación amorosa con otra joven monja, y según otro estudio de 1978 (actualizado en 2018) el 44% de las mujeres de las órdenes religiosas conocían a la perfección estos oscuros secretos, las relaciones sexuales entre miembros del clero y monjas.

Como la historia de las hermanas Federica e Isabel, que al menos tiene un final feliz, el artículo habla del sacerdote Giovanni, que se enamoró de otra monja, aunque ella tuvo que elegir entre su fe y sus impulsos sexuales y él acabó perdiendo. "Fue una relación difícil, por supuesto", indica él. "No me parecía justo que tuviera que elegir entre ser fiel y estar satisfecha sexualmente". Ellas, sin embargo, decidieron apostar por el amor. Ahora, fuera del celibato, podrán confirmar su fe al formar una familia.

Alma, Corazón, Vida

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