CRIMEN Y CORRUPCIÓN EN MESSINA

La universidad que estaba dirigida por la mafia (la de verdad)

En el año 2000, el asesinato de un profesor revolucionó la comunidad educativa italiana. Una nueva investigación desvela cómo la Cosa Nostra se infiltró en un prestigioso centro

Foto: Una doctrina turbia. (iStock)
Una doctrina turbia. (iStock)

Durante los últimos meses, a medida que los escándalos de los másteres se sucedían, se ha recurrido a comparar la universidad con una mafia para describir el comportamiento de determinadas facultades. No obstante, hay un caso acreditado en el que un centro italiano (en concreto, su rama médica) fue controlada durante más de 30 años por la Cosa Nostra, que dio privilegios a algunos profesores y amenazó a otros para que sus protegidos, a los que posteriormente colocaba en buenos puestos en las clínicas locales, sacasen las mejores notas.

Es un caso que han analizado con detalle tres profesores italianos de la Universidad de Milán y uno de la Escuela de Negocios de Warwick en un trabajo publicado, valga la ironía, en la revista 'Human Relations'. El 'paper' no revela el nombre del centro, al que simplemente se refiere como “Universidad de Troya”, pero no es complicado deducir que muy probablemente se trate de la Policlínica de la Universidad de Messina, en Sicilia, que en el 2000 protagonizó un sonado escándalo después de que se arrestase a 37 profesores y estudiantes, dos años después que un docente llamado Matteo Bottari fuese asesinado por un compañero. “Las amenazas y la violencia siempre estaban presentes”, declaró entonces una fuente anónima de la universidad. “No hay otra universidad igual en Europa”.

Numerosos estudiantes con notas mediocres habían experimentado “milagrosas” mejoras en sus calificaciones tras matricularse en la universidad

El trabajo desentraña de qué manera la Cosa Nostra, nombre con el que se conoce a la vertiente siciliana de la mafia, comenzó a extender sus tentáculos en una organización con casi cinco siglos de antigüedad. Allí, controlaron las matriculaciones y los exámenes, infiltraron en los órganos de gobierno a profesores que simpatizaban con la causa y protegían a aquellos alumnos afines. Todo ello, bajo la omertá, el código de silencio de la mafia que impedía que aquellos profesores que sabían lo que estaba ocurriendo pudiesen hacer nada. Como concluyó el juez, no hacía falta que la mafia recurriese a la fuerza continuamente: “Las víctimas ya conocían las consecuencias de decir que no”.

De hecho, y hasta que el profesor Giuseppe Longo fue acusado de acabar con su compañero (y que posteriormente se suicidaría en 2013 tras otra sospechosa muerte), raramente se había recurrido a la violencia. Fue un proceso mucho más sutil, y que se basaba en el reclutamiento de profesores para “conseguir que un grupo heterogéneo de estudiantes” recibiese su título. Algunos de ellos eran parte de la organización mafiosa. Otros, simplemente, pagaban para conseguir tratos de favor en los exámenes. ¿En qué consistían? En conseguir las soluciones antes de la prueba, en correcciones al alza o en lograr ser admitidos en determinados programas académicos. “Estos comportamientos crearon una 'prodigiosa' mejora en el rendimiento de los estudiantes”, señalan los autores. El proceso judicial puso de manifiesto cómo alumnos con notas mediocres habían experimentado “milagrosas” subidas en sus notas tras matricularse en la universidad.

El virus que se extiende sin parar

Los testimonios de algunos de los testigos rozan lo descacharrante. Uno de ellos, por ejemplo, relata que en cierta ocasión un grupo de personas “mayores” se personaron en un examen “ocultándose detrás de periódicos” y que se marcharon una vez se aseguraron que su estudiante había aprobado. En otros casos, las historias eran menos divertidas. Los profesores que se resistían a los intentos de intimidación del clan recibían amenazas cada vez mayores hasta el punto de llegar al excepcional asesinato. El clan a menudo ofrecía como prebenda la protección frente a amenazas externas “que ellos mismos habían creado”.

El estudio no da el nombre del centro pero se refiere a ella como la 'Universidad de los Exámenes', el nombre con el que era conocida la de Messina. (iStock)
El estudio no da el nombre del centro pero se refiere a ella como la 'Universidad de los Exámenes', el nombre con el que era conocida la de Messina. (iStock)

¿Cómo es posible que una institución que en su momento se encontraba entre las más reputadas del país de la bota cayese en las manos de una red clientelar? Quizá la respuesta era que estuvo en el peor lugar en el peor momento. Si la Cosa Nostra se interesó por ella, es porque ya había establecido tratos con los médicos y las autoridades locales para aprovecharse de los fondos públicos o falsear algunos exámenes. La universidad, explican los autores, estaba influida por “una élite dominante de políticos locales, masones y hombres de negocio” que presionaban a la junta directiva para conseguir buenas notas (o un simple aprobado) para sus hijos. Así pues, no tenían que crear una nueva estructura, sino que les bastaba con “revisar las prácticas académicas preexistentes” en su beneficio. Pero lo más importante de todo es que la universidad tenía una reputación suficientemente buena como para no resultar sospechosa.

El primer paso, detalla el informe, fue contactar con aquellos profesores que parecían más proclives a dejarse engatusar. Algunos de ellos ya habían colaborado con la mafia, por lo que su (mala) reputación estaba libre de toda duda. A cambio de favorecer sus intereses, conseguían dinero o un rápido ascenso en la jerarquía del centro. Los más fervientes defensores de la causa también intentaban captar a otros profesores, presionarles con amenazas veladas o penetrar en la administración local para influir en ella. Uno de ellos, por ejemplo, tenía un cargo en la Oficina del Decano desde la que paralizaba todos los intentos de monitorizar externamente los exámenes.

Había formas de evitar ser amenazado por la mafia. Por ejemplo, hacer la vista gorda, o impartir una asignatura “maría” fácil de aprobar

En algunos casos, la organización mafiosa contó con los docentes para llevar a cabo alguna de sus actividades criminales fuera de la universidad, como el tráfico de drogas o de armas. Estos lo percibían como una muestra de confianza, pero en realidad, se trataba de un arma de doble filo, ya que podía ser utilizado por los mafiosos para chantajearles en caso de que decidiesen dejar de prestar sus servicios. Con un simple chivatazo de que un profesor había participado en un caso de narcotráfico, su carrera se habría acabado para siempre.

Resistirse ante el crimen

¿Había alguna posibilidad, por pequeña que fuese, de resistirse al enemigo? En realidad, aquellos que no quisieran participar de la farsa no lo tenían tan difícil, siempre y cuando hiciesen la vista gorda. Normalmente, la organización daba por imposibles a los profesores “incorruptibles” que pudiesen denunciar a la policía lo ocurrido. También, si gozaban de alguna clase de protección, ya fuese por parte de las autoridades o de otras organizaciones. Una de las grabaciones pinchadas presenta a un docente corrupto pidiéndole a un estudiante que intente aprobar por sus propios medios la asignatura de uno de los 'profes incorruptibles': “No es razonable, es una gilipollas que puede joderte delante de todo el mundo. Si hago algo, si le hago daño, habrá una tormenta mediática. Vamos a calmarnos”.

En 'El padrino' no se pronuncia ni una vez la palabra 'mafia'. En este artículo, siete veces.
En 'El padrino' no se pronuncia ni una vez la palabra 'mafia'. En este artículo, siete veces.

Otra forma de pasar desapercibido era impartir una asignatura 'maría' o de pocos créditos. Una vez más, no merecía malgastar recursos (y jugársela) en esos casos. Eso sí, el clan olía bien la sangre del animal herido. Algunos de los profesores de primer nivel dentro de la universidad tenían clínicas a las que no siempre les iba bien, por lo que la organización se prestaba a financiar nuevos aparatos o, incluso, a prestarles personal. Una vez más, se trataba de una trampa. Uno de los catedráticos con problemas financieros, tuvo que recurrir a un préstamo de la mafia: “El clan explotó esta debilidad, dándoselo a una tasa de interés 'razonable'”. A cambio, “le solicitó favores en su trabajo.

No solo mitigaban las posibles reacciones a través del trato de favor o de las amenazas, sino que también se aprovechaban de la peculiar organización universitaria. Debido a que los profesores trabajaban en grupos aislados los unos de los otros, o de manera individual, tenían la coartada perfecta para hacer la vista gorda ante los tejemanejes ajenos. La captación de elementos era tan compleja y fragmentada que resultaba difícil detallar el entramado completo. Además, los periodistas lamentaban que todos los intentos de preguntar por lo que estaba pensando eran despreciados porque “no tenían que ver con la ciencia”.

¿Qué ocurrió a medida que se corría la voz de lo que pasaba en el centro? Un fenómeno de selección adversa, es decir, muchos estudiantes talentosos abandonaban el centro para formarse en un centro mejor y muchos de aquellos que de otra manera no habrían obtenido un título acudían en masa a la universidad, que se llenó de estudiantes fracasados. Ese es uno de los detalles sospechosos que se pusieron de manifiesto durante la investigación: el gran número de malos estudiantes que llegaban al centro desde muy lejos. Esta historia, concluyen los autores, es un buen ejemplo de cómo una institución convencional puede degenerar hasta convertirse en un vehículo del crimen que beneficia a unos pocos durante mucho tiempo hasta que se queda seca, desprestigiada para siempre.

Alma, Corazón, Vida

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios