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LA FINANCIACIÓN DESCIENDE, EL COSTE AUMENTA

La universidad española se rompe: cada vez menos dinero y matrículas más caras

Un informe realizado por el Observatorio del Sistema Universitario pone de relieve un cambio de percepción: la educación debe pagarla el alumno, no la sociedad

Foto: Estudiantes esperan en la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid para el inicio de la primera Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU). (Efe/Paco Campos)
Estudiantes esperan en la Facultad de Odontología de la Universidad Complutense de Madrid para el inicio de la primera Evaluación de Bachillerato para el Acceso a la Universidad (EBAU). (Efe/Paco Campos)

Las universidades españolas se encuentran en una difícil encrucijada de la que depende su futuro. Entre 2009 y 2015, sus ingresos no financieros totales disminuyeron un 20,2%, a causa de la caída de la financiación pública en un 27,7%. No solo eso, sino que esta reducción en inversión afecta de forma diferente a cada comunidad autónoma, algo que ocurría ya antes de la crisis, pero que se ha acentuado en los últimos años, como muestra la diferencia entre el 12,9% de La Rioja y el 33,3% de Castilla-La Mancha. Las tasas universitarias han aumentado, pero ni siquiera eso ha servido para compensar la reducción en financiación pública de las universidades españolas. Las cuentas no salen.

Son los datos que muestra el estudio '¿Quién financia la Universidad? Comparación entre comunidades autónomas en España, Europa y la OCDE, 2009-2015', realizado por el Observatorio del Sistema Universitario de la Universidad Complutense, y que señala una nueva dirección para la educación superior española, más cercana al modelo británico de matrículas altas y reducción del número de alumnos. Un cambio de paradigma que considera que estudiar ofrece, ante todo, un beneficio personal al alumno, por lo que debe ser él quien costee sus estudios. Es el modelo de países donde “la financiación pública es muy inferior pero los ingresos totales son superiores”, como explica a El Confidencial la autora del informe, Vera Sacristán, presidenta del Observatorio del Sistema Universitario.

El dinero por estudiante que tienen las universidades ha disminuido, lo que ha impedido que se renueven las plantillas de profesores


La mayoría de comunidades encajaran, en opinión de la autora, ente ese modelo y otro intermedio en el que “se sigue considerando que el beneficio público de estudiar es superior, pero no consiguen hacer el mismo esfuerzo de inversión”. En el que no encaja ninguna comunidad española es en el de las regiones “donde hay una enorme financiación pública, los estudiantes no pagan por matricularse y obtienen beca-salario, porque se entiende que el trabajo de ese joven es estudiar”, matiza la investigadora. Un traducción práctica de las palabras de Montserrat Gomendio, que calificó en 2015 el sistema universitario español de “insostenible” por sus grandes tasas de acceso y el bajo coste de sus matrículas.

Foto: Observatorio del Sistema Universitario.
Foto: Observatorio del Sistema Universitario.

El gráfico muestra la diferencia entre comunidades respecto a la financiación pública de sus centros en un período en el que ha menguado en todas. Como recuerda Sacristán, esta divergencia en las decisiones de financiación “no está directamente relacionada ni con la riqueza de cada comunidad ni con el número de estudiantes que hay que atender, y por lo tanto son condiciones que no se entiende bien a qué responden, por lo que probablemente se trata de cuestiones políticas de cada comunidad”.

Foto: Observatorio del Sistema Universitario.
Foto: Observatorio del Sistema Universitario.

La financiación pública oscila entre los 8.429 euros por estudiante del País Vasco y los 4.730 euros de la Comunidad de Madrid. El valor máximo como proporción del PIB corresponde a Andalucía (0,87%) y el mínimo a las Islas Baleares (0,23%). En cuanto a los ingresos por tasas y precios públicos, el valor mayor se da en Cataluña, con 2.123€ de media por estudiante. A continuación se encuentra Madrid, con 1.715€. El importe en Cataluña es más de 2,55 veces el importe mínimo. Se trata de Galicia, con 832€.

Estos datos desvelan algo “preocupante”, en opinión de la autora, incluso en el caso de que la tendencia se modere o revierta, como muestran los datos de 2015, el último año disponible: que la cantidad de dinero por estudiante se ha reducido. Ello se traduce en que, junto a los recortes y la tasa de reposición, las universidades no puedan renovar su plantilla de profesorado e investigadores. Esto ya se reflejaba en un estudio previo realizado en Cataluña que mostraba que “las plazas de doctorandos e investigadores postdoctorales se habían reducido significativamente en los últimos años”. “Hay una generación de personas con expedientes brillantes que no han podido ingresar”, lamenta la profesora.

En línea descendente

España se encuentra actualmente muy por debajo del resto de países de la OCDE y de la Unión Europea en cuanto a gasto por estudiante; en concreto, un 13,1% en el primer caso y un 16.8% en el segundo. Un vuelco absoluto, ya que en 2009 nos encontrábamos por encima de la media de ambas instituciones; desde entonces, estas han crecido mientras que nuestro gasto ha menguado. Una vez más, vuelve a haber diferencias sustanciales entre regiones. Las Islas Baleares solo alcanzan un 82,2% de la media de España (6.479 euros por estudiante), mientras que La Rioja, que ha reducido su número de estudiantes, se encuentra un 26,9% por encima (10.000 euros).

Foto: Observatorio del Sistema Universitario.
Foto: Observatorio del Sistema Universitario.

Eso provoca que comunidades como Baleares se sitúen por debajo de países como Eslovaquia en financiación por estudiante, mientras que La Rioja se encuentre por encima de Austria. Una problemática diferencia entre regiones que ya se puso de manifiesto en el último informe PISA, que mostraba que regiones como Navarra, Castilla León o Madrid se encontraban en los primeros puestos (y mejorando) y otras como Andalucía o Extremadura en los últimos y empeorando). El estudio, no obstante, advierte de que la disminución de la financiación pública no guarda relación con la disminución de su riqueza.

Los efectos del sobrecoste económico se verán a largo plazo. La familia que ya ha decidido que su hijo va a ir a la universidad no cambia de opinión

El futuro a corto y largo plazo

¿De qué manera pueden impactar estas tendencias en financiación y coste en la sociedad española y en el número de familias que pueden permitirse que sus hijos estudien? Como recuerda Sacristán, lo más probable es que los cambios se noten dentro de unos años, quizá en la siguiente generación, no inmediatamente. “Los economistas recuerdan que en el ámbito educativo y universitario la elasticidad de la demanda es muy grande, por lo que los efectos del sobrecoste económico se verán a largo plazo”, explica la investigadora. “La familia que ya ha decidido que su hijo va a ir a la universidad no va a cambiar de opinión tan fácilmente”.

Es algo similar a lo que ha ocurrido en Gran Bretaña, donde los universitarios pueden terminar pagando hasta 10.000 libras (14.300 euros) por sus matrículas anuales. El pasado verano, los datos de UCAS (el servicio inglés de admisión universitaria) mostraban que se había producido un descenso de un 5% en el número de matriculaciones en las universidades inglesas en el curso 2016-2017, pero que los efectos del aumento de los precios en 2012 no se había notado en el lustro anterior. Otro factor a tener en cuenta es que el descenso en la natalidad de los países occidentales también impactará en el número de estudiantes.

Los grandes riesgos, para Sacristán, se encuentran a la vuelta de la esquina. “O se produce un cambio radical al alza de la financiación o se compromete la captación del talento potencial del país”, advierte. “Conseguir que lleguen a la universidad todos los que quieren estudiar es muy importante”. En cuanto a la financiación, nos enfrentamos al peligro de “descapitalizar la investigación y la docencia en un país que necesita invertir en ello, porque aún está muy lejos de la capacidad de innovación y tecnológica de los países de su entorno de Europa Occidental”. Cada día, la Unión Europea y la OCDE están más lejos.

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