UN CÍRCULO VICIOSO SE AVECINA

La tormenta perfecta que te impedirá llegar a fin de mes

No se trata solamente de que el precio de la vivienda en los barrios céntricos aumente, ni de que el de la gasolina haya subido sin parar. La suma de ambos factores puede ser letal

Foto: Atasco en la calle de Arturo Soria, en octubre de 2015. (Efe/Juan Carlos Hidalgo)
Atasco en la calle de Arturo Soria, en octubre de 2015. (Efe/Juan Carlos Hidalgo)

Cada día se producen 2,5 desplazamientos de automóviles en Madrid. Un gran porcentaje de ellos son trabajadores que se trasladan desde sus domicilios en ciudades dormitorio o barrios periféricos a sus puestos de trabajo. Muchos se desplazan hasta el centro de la ciudad, pero otros tantos, lo hacen a distintos puntos de la capital. La cifra de Barcelona es aún mayor, con 2,9 millones de automóviles. Más allá de otras externalidades negativas (contaminación, ruido), cada día millones de españoles gastan cientos de millones de euros en combustible. Y es probable que, a medida que el centro de las ciudades se encarece, la distancia recorrida y con ella el número de desplazamientos sea aún mayor.

Es un riesgo económico brutal para las familias, recuerda una nueva investigación publicada en 'Urban Studies' por dos profesores del University College de Londres, la macrociudad que suele anticipar todas las tendencias negativas antes que el resto de las urbes europeas, desde la gentrificación hasta la congestión de tráfico. Lo que los autores señalan es que una previsible volatilidad en los precios de carburantes y el aumento imparable del precio de la vivienda céntrica van a suponer un serio revés para muchas de las familias que viven en la periferia y que dependen de sus automóviles para llegar a su puesto de trabajo.

Por lo general, las zonas más afectadas por esta tendencia no son los barrios tradicionalmente más desfavorecidos, sino los de clase media

“Ingresos; empleo; carencias sanitarias y discapacidad; educación y formación; barreras para acceder a la vivienda y a los servicios; y crimen”. Estos son los factores que, según los autores, tradicionalmente se han utilizado para cuantificar las carencias sociales. Sin embargo, dejan en un ángulo muerto a una nueva clase de vulnerabilidad, relacionada con el aumento paralelo de los precios de la vivienda y de la gasolina. Una tormenta perfecta que provoca que barrios enteros, con déficit de transporte y encarecimiento imparable, puedan ser tremendamente vulnerables de la noche a la mañana, asfixiando económicamente a sus habitantes.

Uno de los hallazgos más llamativos es que los vecindarios víctima de esta tendencia no suelen ser los tradicionalmente más desfavorecidos. Es decir, se trata de una nueva vulnerabilidad de clase media que afecta, ante todo, a vecindarios de las afueras. Como recuerda el estudio, es un problema de índole diferente a los convencionales, y que afecta sobre todo a “áreas que tradicionalmente no han sido asociadas con problemas sociales”. Sobre todo, urbanizaciones de clase media donde el transporte público es escaso, y que han visto cómo el precio de la vivienda se multiplicaba en los últimos quince años. En todo el Gran Londres, la región que rodea la ciudad, los precios medianos de la vivienda son ocho veces la mediana de ingresos de los hogares.

Una urbe modelo

En 2015 había 2,56 millones de vehículos privados en todo el Gran Londres, donde viven algo más de ocho millones de habitantes. En la Comunidad de Madrid (que también ronda los ocho millones), el parque de turismos ascendía a 3.442.362, según los datos de 2016 de la DGT. La vivienda se ha encarecido en Madrid un 17% durante el último año, mientras que, a pesar de una ligera bajada en el primer trimestre del año, en Londres determinadas zonas (como el este) puntúan el máximo en la escala de accesibilidad a la vivienda, con un aumento de los precios de un 78% entre 2001 y 2011.

Autopista londinense al atardecer. (iStock)
Autopista londinense al atardecer. (iStock)

“Este problema dual a menudo se pasa por alto en la planificación social, aunque hace que determinados vecindarios sean muy vulnerables al aumento de precios de la gasolina y de la vivienda”, recuerdan los autores. Estos matizan que, aunque es posible que el coste del combustible no parezca un problema acuciante en este momento, a largo plazo, y dado que es un recurso finito y hay una gran dependencia de los países de Oriente Medio, muy probablemente se convertirá en un hándicap generalizado. Un coste que puede ser relativamente fácil de asumir en los hogares con más ingresos, pero que devora una gran parte de los recursos de las familias de ingresos bajos o medios.

Para medir el impacto de esta tormenta perfecta en el bolsillo de las familias, los autores han inventado el índice CDHA ('car dependence and housing affordability', es decir, “dependencia del coche y accesibilidad de la vivienda”), que por primera vez cruza ambos factores, que revelan una nueva –y preocupante– configuración socioespacial de las ciudades modernas. Una ocasionada por la combinación de cuatro caballos del apocalipsis que pueden convertir un vecindario en una trampa para bolsillos en crisis: además del ya citado acceso limitado al transporte público, también lo son una alta concentración de coches privados en una determinada zona, la proliferación del desplazamiento al trabajo en coche y las largas distancias hasta el puesto de trabajo.

El tiempo de travesía entre Móstoles y Tres Cantos en transporte público es de 2 horas y 34 minutos, pero tan solo de 38 en transporte privado

Desde 2001 hasta 2011, los años que tiene en cuenta la investigación, los precios tanto de la vivienda como del transporte se han disparado, lo que tiene una consecuencia clara: cuanto más lejos del centro vives, más vulnerable eres a esta situación. Los autores recuerdan que “hay problemas potenciales en los barrios de las afueras del Londres exterior [los municipios de la parte más lejana al centro del Gran Londres, como Croydon o Ealing]”. Son aquellos lugares en los que “los presupuestos familiares limitados pueden no ser lo suficientemente flexibles para destinar mayores sumas a los costes de vivienda o desplazamiento”.

Cambios que se avecinan

El estudio, titulado 'Car dependence and housing affordability: an emerging social deprivation issue in London' (“Dependencia del coche y accesibilidad a la vivienda: un problema emergente de privación social en Londres”) es un aviso ante lo que está por venir. “Las áreas más afectadas pueden ser mucho más caras para vivir, lo que potencialmente puede derivar en una presión mucho mayor para los costes de desplazamiento y alojamiento y la gente puede ser forzada a vivir mucho más lejos del centro, incluso más allá de la frontera del Gran Londres, lo que tiene implicaciones aún mayores en el desplazamiento”, recuerdan los autores, Mengqiu Cao y Robin Hickman.

Entre los cambios que esta situación puede propiciar se encuentra una mayor demanda de transporte público en las ciudades y barrios de la periferia, la mudanza de familias a otras zonas, cambios de trabajo y mayores niveles de deuda hipotecaria. La mayoría de ciudades suelen concentrar sus esfuerzos de inversión en transporte público en conectar el centro de la capital con la periferia, pero como recuerdan los autores, la presente tendencia obligará a que los municipios periféricos sean más accesibles entre sí. Algo como lo que consiguió la línea 12 de Madrid, uniendo los ayuntamientos del sur de la comunidad, pero que aún no se ha reflejado a la hora de unir zonas entre sí: el tiempo de travesía entre Móstoles y Tres Cantos en transporte público es de 2 horas y 34 minutos, pero tan solo de 38 en transporte privado.

Como recordaba el urbanista Richard Florida en su último libro, el problema de la vivienda es global y ha provocado una “escasez crónica de vivienda para aquellos que tienen menos recursos”. Las Naciones Unidas alertaban en un reciente informe que “grandes cantidades de capital global se están invirtiendo en vivienda, entendida como producto y forma de acumulación de riqueza”. En la misma línea se manifiestan Hickman y Cao, que recuerdan que “en algunas áreas, propiedades están siendo adquiridas como una inversión (internacional), no con el propósito de vivir en ellas”.

O dedicar más dinero a la vivienda o al desplazamiento hasta la ciudad. Sea como sea, la economía familiar se verá resentida

Si en algo resulta particularmente reveladora la investigación es a la hora de poner de relieve cómo la interrelación de dos factores que generalmente se analizan por separado –como el acceso a la vivienda y el precio de los carburantes– pueden derivar en graves problemas para los trabajadores al convertirse en un círculo vicioso del que es difícil salir. Un ciclo sin fin en el que la gente se ve obligada a vivir cada vez más lejos y, por lo tanto, a destinar un mayor presupuesto a sus desplazamientos. O eso, o dedicar cada vez más recursos a una vivienda cercana a su lugar del trabajo. Sea como sea, la economía familiar se verá resentida.

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