en la comida también hay clases

Por qué la casa real británica odia el ajo (como los ricos)

Los gustos culinarios de la aristocracia han sido desvelados en un programa de televisión: les gustan el queso y los huevos, pero detestan el olor de este bulbo tan apreciado en España

Foto: El ajo, poco apreciado por la realeza. (iStock)
El ajo, poco apreciado por la realeza. (iStock)

El ajo, ese bulbo de apariencia humilde, pero con un orgullo y una vocación de permanencia que nunca pasa desapercibido en la cocina, tiene un perfume que no todo el mundo aprecia. A los escandinavos y a los anglosajones no les hace ninguna gracia. Que se lo pregunten a Camila Parker Bowles que, durante su visita al programa Master Chef Australia, reveló algunos secretos de la dieta real británica. El heredero, que come de todo, le ha puesto la cruz a los ajos. Es, por lo que parece, el alimento prohibido en todos los eventos reales. "Odio tener que decir esto, pero nunca se utiliza el ajo en la cocina real”, explicó la duquesa de Cornualles a los participantes del concurso. Para justificar tal aversión a este producto, indicó que todos los miembros de la Familia Real tienen siempre una apretada agenda de eventos y no pueden permitirse un aliento tan fuerte como el del ajo con los invitados.

La esposa del príncipe Carlos aprovechó la ocasión para señalar algunas de las debilidades gastronómicas de su marido. Los quesos y los huevos son dos de ellas: "Le encantan los productos locales y es un fanático del queso. Todo lo que lleve queso le gusta. Y los huevos, acompañados con vegetales, siempre le hacen sonreír", explicó.

Ya Cervantes, en 'El Quijote', puso en la boca del ingenioso hidalgo un insulto hacia Sancho: "¡Villano, comedor de ajos!"

No es la primera vez que la Casa Real Británica se levanta en armas contra el ajo. Hace años, con motivo de un viaje oficial de Su Graciosa Majestad Británica a España, Juan Mari Arzak preparó para ella uno de sus platos más agradecidos: merluza en salsa verde. Pero la preparó con almejas y cebolla en vez de ajo para no ofender la real pituitaria de Isabel II.

Pero por mucho que los anglosajones se empeñen, el odio al ajo no lo inventaron ellos. El rechazo de este ingrediente viene de lejos. Ya Cervantes, en 'El Quijote', puso en la boca del ingenioso hidalgo un insulto hacia Sancho: "¡Villano, comedor de ajos!". Dos palabros que, por lo que se ve, eran, a su juicio, similares. Años después, y allá por el 1929, el autor gallego Julio Camba escribió en su obra 'La casa de Lúculo o el arte de comer', que “la cocina española está llena de ajo y de preocupaciones religiosas” y mantenía en ese texto que el ajo era la ruina de muchos platos españoles. También el escritor catalán Josep Pla dejó escrito en su libro 'Lo que hemos comido' que “el ajo lo arrasa todo”.

Comida asociada a las clases bajas

De la aversión al ajo hay numerosas muestras en la literatura y en la vida cotidiana, pero su odio es especialmente acusado en las esferas ricas y reales. Y no sólo en las anglosajonas. Por ejemplo, se sabe que el rey Alfonso de Castilla lo prohibió en su Corte y la reina Isabel, que adolecía de una agudeza olfativa mayúscula, no tenía al del ajo entre sus aromas favoritos. Quizá su mala fama, debida a los efluvios que exhala quien lo come, se debe también a que el ajo ha sido siempre comida asociada a la baja estofa y a las clases de pobres y labriegos.

Podríamos hacer aquí glosa de todos los casos en la literatura y en la vida real en los que se ha rechazado al ajo, pero sería una lista infinita y conviene volver al presente de este asunto. En Madrid, sin ir más lejos, todavía se recuerdan las palabras de Victoria Beckham cuando exclamó, seguramente después de que una cazuela de patatas alioli arruinara el aroma de su perfume de moda, que “España olía a ajo”. Se cubrió de gloria la esposa del figurín David Beckham al querer herir así al honor patrio.

El ajo mejora la circulación de la sangre al ser rico en vitamina B, fortalece el sistema inmunológico y ayuda a eliminar toxinas

A pesar de todo, el ajo también ha sido celebrado a lo largo de la historia. No se puede olvidar que, desde su llegada al Mediterráneo, pasó a formar parte del patrimonio de la farmacopea debido a sus propiedades. Homero, Hipócrates o Apicio recomendaban esta planta originaria de las estepas asiáticas para todo tipo de usos. Desde los medicinales hasta los gastronómicos.

El ajo tiene una serie de propiedades que son más fuertes que su aroma. En un estudio reciente publicado por el Instituto Nacional del Cáncer, se afirma que este producto cuenta con efectos protectores derivados de sus propiedades antibacterianas que ayudan a detener la activación de sustancias causantes de cáncer, a mejorar la reparación del ADN o reducir la proliferación de células cancerígenas. La Organización Mundial de la Salud también ha defendido las propiedades de esta planta y en uno de sus informes promociona el consumo de ajo en los adultos recomendando una dosis diaria de dos a cinco gramos de ajo fresco, ajo en polvo seco, aceite de ajo u otras fórmulas equivalentes. Además, según el citado informe, el ajo mejora la circulación de la sangre al ser rico en vitamina B, fortalece el sistema inmunológico, ayuda a eliminar toxinas y protege y regenera la piel.

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