5 cosas que distinguen a los países escandinavos (y que deberíamos imitar)
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SEGÚN UNA PERIODISTA FINLANDESA

5 cosas que distinguen a los países escandinavos (y que deberíamos imitar)

Se han convertido en el mejor ejemplo no solo para otras zonas europeas, sino también para Estados Unidos. Un nuevo libro reúne unas cuantas lecciones de los países del norte

placeholder Foto: ¿Qué hace feliz a una sociedad como la escandinava? (iStock)
¿Qué hace feliz a una sociedad como la escandinava? (iStock)

La última película de Michael Moore, '¿Qué invadimos ahora?', parte de una premisa ingeniosa: el popular documentalista recorre diversos países europeos para “invadirlos”, es decir, para tomar aquellas decisiones políticas o sociales que les han permitido mejorar y aplicarlas a Estados Unidos. La conclusión a la que llega es que, básicamente, los americanos habían inventado muchas de esas cosas, pero las habían olvidado por el camino. Durante las primarias estadounidenses, el candidato demócrata Bernie Sanders defendió que EEUU tenía mucho que aprender de los países escandinavos, ante la consternación de su adversaria Hillary Clinton, que respondió “no somos Dinamarca, somos los Estados Unidos de América”.

Lo que está claro es que cada vez más, Escandinavia es un ejemplo no solo para otros países europeos como España (que a menudo ha mirado de reojo a la educación finlandesa en busca de inspiración), sino también al otro lado del Atlántico. Ese es el punto de partida de 'The Nordic Theory of Everything: in Search of a Better Life' (Harper Collins), algo así como “La teoría nórdica del todo: en búsqueda de una mejor vida”, escrito por la periodista finlandesa Anu Partanen.

Su historia es bastante peculiar, ya que se mudó a EEUU en 2008, puesto que consideraba que le sería más fácil encontrar trabajo como periodista en Nueva York que en Helsinki, pero una vez allí se dio cuenta de que las promesas de libertad, oportunidades y crecimiento personal que habían caracterizado al país no eran como las pensaba. Es más, se dio cuenta de que el sueño americano se parecía más a lo que había vivido en su país natal.

Estos son cinco de los puntos en los que se basa su libro. Aunque la autora aclara que su intención no es enmendar la plana al resto de países, sí señala que hay un puñado de lecciones que se pueden aprender, siempre y cuando nos olvidemos de los mitos falsos que rodean a las sociedades escandinavas.

La radical importancia de lo público

En todas las entrevistas en las que se ha preguntado a Partanen la clave del éxito escandinavo, no tiene ninguna duda de cuál es : la capacidad de los gobiernos para proporcionar protección y servicios a sus ciudadanos, como educación universitaria gratuita o guarderías para los niños. Por eso, se debe aprender de los países nórdicos “cómo utilizar los servicios públicos universales como una manera de aumentar la libertad de la gente, su calidad de vida y la igualdad de oportunidades”, como explicaba en una entrevista para la Embajada de Finlandia. “Las empresas y los negocios deben hacer dinero, no proporcionar servicios sociales. Ese es el trabajo del gobierno”.

¿En qué se traduce ese apoyo público? Por ejemplo, en las universidades. Como señala la autora en una entrevista con 'The Atlantic', “el enfoque nórdico de ofrecer a todos matrículas gratis es un sistema realmente bueno para educar a toda la población”.

En los países nórdicos también están subvencionadas las guarderías de los niños, que están reguladas y a veces gestionadas por el sector público

También disponen de la posibilidad de disfrutar de ventajas sociales como la baja maternal (y paternal). En los países nórdicos, el tiempo mínimo son nueve meses, que pueden dividirse libremente entre el padre y la madre. “Eso permite a los hombres y a las mujeres repartir el trabajo y las tareas del hogar con mayor igualdad”, recuerda. “En los países nórdicos, también están subvencionadas las guarderías de los niños, que están reguladas y a veces operadas por el sector público, a veces proporcionadas por el sector privado”.

Verdadera igualdad de oportunidades

El sueño americano ofrecía, según su definición tradicional, la posibilidad de convertirse en lo que uno quisiera. Sin embargo, ya no es así, señala la finlandesa. “Cuando llegué me sorprendió ver que la gente estaba muy nerviosa”, explica. “Se sentían dependientes de sus circunstancias en muchos sentidos, lo opuesto a ser un hombre o mujer hechos a sí mismos. Y mucho tiene que ver con la familia: si cuando eras niño tus padres te pudieron dar oportunidades, si pudieron ofrecerte una vida en un buen barrio, si pudieron llevarte a un buen colegio”. Nada más lejos del sueño americano.

Para garantizar que todo el mundo pueda lograr sus objetivos, el apoyo del Estado vuelve a ser clave, no como un auxilio en situaciones límite, sino como un derecho de todos los ciudadanos. “Creo que el enfoque nórdico de políticas sociales universales y básicas (que permiten a la gente realizar su potencial, trabajar y una verdadera igualdad de oportunidades) tiene sentido, porque la gente puede aceptarlo sin decir 'oh, es algo que me han dado a mí en particular y debería darme vergüenza'”.

La teoría nórdica del amor

Uno de los problemas que identifica la finlandesa en otras sociedades occidentales es que la familia sigue siendo la unidad social más importante, y no cree que eso sea una buena idea, especialmente en una sociedad globalizada como la actual. Aunque es más compleja, mucha gente sigue teniendo que recurrir a sus seres queridos como apoyo… Y si no los tiene, mala suerte.

Para eso recurre a lo que llama “la teoría nórdica del amor”: “Es la idea de que el amor es solamente posible si los individuos son independientes e iguales, porque eso significa que pueden amar libremente a los demás y ser más auténticos”, explica. En opinión de Partanen, no le sorprende que en países como EEUU los matrimonios estén descendiendo a una velocidad vertiginosa y que los padres sin hijos sean más felices que los que lo tienen. No se trata de que sean seres odiosos o asociales, recuerda, sino de que ni el Estado ni la sociedad hace nada para apoyar a los padres.

Capitalismo, no socialismo

La finlandesa recuerda que el resto del mundo tiene una idea equivocada sobre cómo funcionan económicamente los países escandinavos. El hecho de que el Estado de bienestar y el sector público sean muy potentes no quieren decir que sean necesariamente “socialistas”. “Los países nórdicos son sociedades muy capitalistas, de libre mercado, y hay un gran individualismo en ellas”, explica. Eso sí, hay una gran diferencia respecto a EEUU: “Lo curioso es que pierden la esperanza rápidamente cuando discuten algo como los subsidios. Es en plan 'oh, si se lo damos a la gente nunca volverán a trabajar”. ¿No les suena al argumento que se utilizaba para rechazar la renta básica universal en nuestro país?

Otro mito es que en los países nórdicos se paga demasiado. “Dicen 'pagáis el 70% de lo que ganáis en impuestos'. No, no es así”. Y, aunque lo fuese, recuerda la autora, lo importante no es tanto la cantidad de dinero que se gasta como lo que se obtiene a cambio.

Invertir dinero con cabeza

Partanen explica en otro artículo publicado en 'Business Insider Nordic' por qué la manera de gestionar el dinero por parte de los gobiernos escandinavos es más efectiva. “Una de las razones por las que han aterrizado antes en el futuro es que han abrazado del capitalismo del siglo XXI, haciéndolos menos hinchados, más eficientes y más responsables fiscalmente”.

El gobierno sueco tan solo puede pasarse en un 1% del presupuesto, y tiene un techo que se suele cumplir. “El modelo es flexible y permite que se gaste más en los malos tiempos, pero las reglas son estrictas: el terreno perdido debe recuperarse durante el siguiente período”. Harina de otro costal es que los países escandinavos inviertan mucho dinero en relación con su producto interior bruto, una relación mucho más alta en algunos países que en EEUU. “No es sorprendente, puesto que utilizan los ingresos de los impuestos para proporcionar servicios como la seguridad social, las pensiones y los cuidados diarios, que incrementan el gasto, mientras que EEUU deja que sean los ciudadanos los que lo contraten a través de empresas privadas”.

No hay nada en el gobierno que lo convierta automáticamente en menos eficiente a la hora de proporcionar servicios sociales que el sector privado

En realidad, aunque el gasto sea mayor, el dinero está invertido de manera mucho más eficiente en país como Finlandia, Dinamarca o Noruega: “Pagan menos, pero la calidad y los resultados de sus servicios son tan buenos o mejores que lo que consiguen los americanos”.

“Las sociedades nórdicas se han tomado el trabajo del gobierno en serio”, concluye la autora. “Cometen errores y tienen sus problemas, pero siguen poniendo a prueba sus propios sistemas en busca de mejoras, y trabajan duro para equilibrar las cuentas. Demuestran que no hay nada en el gobierno que lo convierta automáticamente en menos eficiente a la hora de proporcionar servicios sociales que el sector privado”. Una moraleja de la que se desprende gran parte del éxito de estos países.

No es oro todo lo que reluce

Debido a que lo último que desea Partanen es hacer proselitismo de su país de origen, también enumera una serie de asignaturas pendientes de Escandinavia. Entre ellos se encuentran las dificultades que encuentran las mujeres a la hora de llegar a jefas en el sector privado. Como explica la autora, los finlandeses tienen un sistema por el que pueden pedir una excedencia de tres años sin perder su trabajo (aunque no siempre es pagado). Eso provoca que muchas mujeres se queden en casa con sus hijos, mientras los hombres ascienden laboralmente.

Además, la inmigración es un problema con el que muchos países del norte de Europa aún no saben cómo lidiar. “Muchos de esos inmigrantes tienen una formación que no les ayuda a encontrar trabajo en nuestros países, lo que pone en entredicho el sistema”, explica. Uno basado en que todo el mundo debe trabajar para pagar impuestos y, de esa manera, obtener servicios sociales. Si falla una pieza, todo el engranaje puede venirse abajo.  

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