es bastante sencillo

Este es el verdadero secreto de la felicidad (y nadie te lo cuenta)

Alexandra Reinwarth, escritora alemana y autora de más de 30 libros, ha dado con la clave de la verdadera dicha

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¿Realmente alguien tiene el secreto de la felicidad? Parece que así es. Alexandra Reinwarth, escritora alemana y autora de más de 30 libros, ha dado con la clave: el secreto para sentirse dichoso es dejar de preocuparse por ser más amable y paciente con los demás, y hacer lo que te dé la gana.

En esta premisa se basa su último libro, 'The Good Girl's Guide to Being A Dick', que ya es un bestseller internacional. Reinwarth quiere inspirar a otros a vivir una vida más feliz al dejar de lado su constante necesidad de agradar.

"En el mundo de hoy, cada vez más despiadado, es más necesario que nunca defender tu opinión, tus creencias y decir 'no', a ti y a los demás'. Queremos complacer a todos, queremos caer bien a nuestro jefe y a nuestros colegas, al médico y también al gruñón camarero de la pizzería de al lado, sin mencionar a familiares y amigos. Intentamos constantemente no avergonzarnos y ser considerados con los demás", dice la autora a 'Femail'.

El secreto para sentirse dichoso es dejar de preocuparse por ser más amable y paciente con los demás, y hacer lo que te dé la gana

"No me malinterpretes, eso es algo bueno. Creo que es genial cuando las personas son educadas desde el primer día y no se comportan como un gilipollas, aunque Dios sabe que no siempre funciona. No obstante, al mismo tiempo, agradecería si también tuviéramos la opción de que nos dijesen que no debemos 'tragar' con ciertas situaciones", añade.

Solo seremos felices si no nos importa lo que otras personas piensen u opinen de nosotros.

Puedes empezar a practicar a que 'todo te resbale' en estos diferentes escenarios:a

Cómo lidiar con familiares

¿Cómo puedes evitar que los parientes hagan preguntas indiscretas sobre tu vida amorosa? La respuesta, según esta autora, radica en la amabilidad. "Si eres cordial, no tienes que dar explicaciones ni enfadarte". Ejemplo práctico: tu tía te pregunta, "¿tienes novio ya?", y tú, en vez de contestar "y a ti qué te importa, siempre igual hablando de mi vida amorosa qué pesada eres", di: "Oh, tía no hablemos de mi vida amorosa, cuéntame cómo fueron tus vacaciones; eso es mucho más interesante". Y si sigue insistiendo, siempre puedes irte al aseo; al volver, ya se le habrá olvidado o habrá cogido a otra presa fácil.

Lo mismo ocurre con las suegras. Después de haber estado durante años intentando mantener una relación cordial con la madre de tu pareja, finjiendo que te interesan sus problemas, preguntándole por sus amigas, ordenando y limpiando la casa como si no hubiera un mañana... ha llegado la hora de liberarse. Reinwarth anima a que dejemos de fingir de una vez, estarás mucho menos preocupado y más relajado.

Practica la asertividad

A lo que Reinwarth nos insta, en realidad, es a practicar la asertividad, que no es más que una forma de comunicación que consiste en expresar nuestras opiniones y realizar sugerencias de forma honesta, sin caer en la agresividad o la pasividad, respetando a los demás pero sobretodo respetando las necesidades de uno.

Ya sea la opinión de tu madre sobre cómo educas a tus hijos o la insistencia de tu amigo en que te vuelvas vegano o la décima vez que un compañero te dice que dejes de fumar... nada puede alterarte. La autora recomienda llevar a cabo la estrategia de "estar de acuerdo para estar en desacuerdo". Es decir, exclamar algo como "entiendo lo que quieres decir, pero realmente yo no lo veo así, y no quiero discutirlo ahora". Todo ello acompañado de buena cara, claro.

Practiquemos la asertividad: expresemos nuestras opiniones y realicemos sugerencias de forma honesta, sin caer en la agresividad o la pasividad

Recuerda: con amabilidad no tendrás que discutir nada. "Esta estrategia también tiene un buen efecto secundario: no te estás resistiendo a decir lo que piensas, simplemente no lo elaboras. Y eso te hace sentir muy bien".

Los del trabajo no son tus amigos

Alexandra Reinwarth también tomó la sabia decisión de no seguir poniendo dinero para los regalos de cumpleaños que generalmente organizaba la misma persona en su empresa. "Realmente es que no me importa de quién sea el cumpleaños, igual que a Sandra, la de contabilidad, no le importo yo una mierda", dice.

Ahora se arrepiente de no haberlo hecho antes, como también en decir que sí siempre a las quedadas con sus compañeros de trabajo. Claro, todos van, ¿cómo no voy a ir yo? Pues dices que prefieres irte a casa, y punto. Todo con amabilidad, por supuesto.

Asimismo, la autora nos anima a no ser compasivos, o al menos no demasiado, pues es lo único que nos hace vulnerables. "Hazte una pregunta. Si tienes una crisis financiera en el futuro, ¿podrías acudir a esa persona que ahora te pide dinero? ¿Sería tan amable de ayudarte?". Fuera la mala conciencia y el 'buenquedismo'.

Alma, Corazón, Vida

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