Sexualidad: El economista asqueroso que está revolucionando Estados Unidos
ROBIN HANSON Y LA NUEVA GUERRA CULTURAL

El economista “asqueroso” que está revolucionando Estados Unidos

Durante la última semana, este profesor de la Universidad George Mason se ha situado en el centro de la polémica al sugerir que no encontrar pareja es como cobrar poco

Foto: Hanson, durante su charla Ted. (Ted)
Hanson, durante su charla Ted. (Ted)

El pasado martes, el economista Robin Hanson, profesor asociado de la Universidad George Mason e investigador en el Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford publicó la última entrada de su blog, llamada “Dos tipos de envidia”. Probablemente no era consciente en el momento en que pulsó el botón de “publicar” que en apenas unos días su nombre se habría convertido en la comidilla de las redes sociales primero y más tarde de los medios de comunicación, hasta el punto que alguno como 'Slate' han sugerido, con la misma displicencia de la que suele hacer gala Hanson, que puede ser “el economista más asqueroso ['creepy'] de Estados Unidos”.

La razón para el escarnio era el paralelismo que el libertario realizaba entre aquellos que reivindican la redistribución de la riqueza y los que hacen lo propio con la redistribución del sexo. Es el caso, añadía, de los incel, los “célibes involuntarios” que se reúnen en foros caracterizados por su machismo y desprecio hacia los machos 'alfa'. “Uno podría debatir si aquellos que tienen un menor acceso al sexo sufren en un grado similar a aquellos que tienen sueldos bajos, y por lo tanto piensan, de la misma manera, que pueden salir beneficiados si se organizan alrededor de dicha identidad, haciendo 'lobby' para la redistribución a partir de ese eje y la amenaza implícita con la violencia si sus demandas no son satisfechas”, apuntaba Hanson.

Para solucionar el problema, aboga por promover la monogamia y limitar la promiscuidad o aumentar los incentivos para el trabajo sexual

Un paralelismo probablemente poco oportuno en la misma semana en que un hombre de 25 años llamado Alek Minassian, autodefinido como incel, acabó con la vida de 10 peatones en un atropello en Toronto. “Esto es lo peor que he leído en semanas, lo que es decir mucho”, aseguraba en Twitter un inversor de Silicon Valley. “Esta es mi propuesta para redistribuir el sexo: que te den por culo” ['go fuck yourself']”, respondía la célebre desarrolladora de videojuegos Zoë Quinn. Un artículo de 'Wonkette' lo llamaba “basura” y lo calificaba de “simpatizante incel”. Como añadía un usuario español, “me cuesta decir una cosa no trivial en la que esté de acuerdo con él pero admiro esa capacidad de trolear al 99% de la humanidad sin tener que siquiera maquillar sus opiniones”.

Un juego de lógica

Hanson recordaba en su entrada original que mucha gente suele pensar que se encuentra en los escalones de abajo del 'ranking' de ingresos –aunque realmente no sea así– y que estos defensores de la redistribución a menudo han intentado organizarse en forma de 'lobby' potencialmente violento. Como en la decimonónica 'Los miserables', matiza. En ese sentido, es posible que la revolución incel no sea tan diferente, según el economista, ya que también sugieren la posibilidad de utilizar la violencia si sus demandas no son acatadas. ¿Cuáles, exactamente? El economista propone un poco de pasada o la redistribución directa o un aumento en la compensación por el trabajo sexual.

Ha sido esta última línea la que mayor controversia ha generado, hasta el punto que Hanson añadió un par de matices a su entrada. En el primero, recordaba que se refería a las personas en general, no solo a los hombres. En el segundo, añadía que en ningún caso estaba intentado promover la violación, como le acusaban en Twitter. En todo caso, tenía otras propuestas: promover la monogamia (atacando la promiscuidad) o, sobre todo, a través de la promoción de una prostitución legalizada y con mayores compensaciones económicas. Sin embargo, añadía que, dado su carácter libertario, no estaba de acuerdo en ninguna clase de redistribución, ni económica ni sexual, y que tan solo estaba trazando paralelismos entre una y otra reivindicación.

No es la primera vez –ni la última– que Hanson se encuentra en el centro de la polémica en las redes, generalmente porque alguno de los comentarios de su blog trascienden a la red. En 'Slate', Jordan Weissmann sacaba a la palestra un largo historial de polémicos comentarios del economista en referencia a las relaciones entre hombres y mujeres. Quizá no haya defendido que las mujeres tengan que ser forzadas para redistribuir las relaciones sexuales, explica, pero sí que después de una breve lectura de su blog “es difícil no salir con la impresión de que a los hombres se les debe garantizar el sexo, que las mujeres son taimadas y que la violación es un tema con el que se puede jugar como si se tratase de un ejercicio intelectual”.

En su cuenta personal de Twitter, Hanson pide “dejar a un lado los comentarios ingeniosos y la toma de posiciones y discutir cuestiones clave”

En el historial de Hanson que el reportaje recogía se encontraba una entrada de 2007 en la que se preguntaba por qué sentimos simpatía hacia los ladrones que pasan hambre pero no hacia los violadores que no pueden encontrar pareja; otra en la que hablaba de la desigualdad entre unos varones y otros y el poco interés que hay en solucionar dicho problema; una publicación en la que aseguraba que prefería ser violado a que ser un cornudo porque esto “causa un mayor daño reproductivo”; y, sobre todo, una entrada en la que comparaba los cuernos con una “violación gentil y silenciosa”. En cualquier caso, concluía Weissmann, sus comentarios era de una gran miopía.

Las guerras por el discurso, de nuevo

En su cuenta personal de Twitter, Hanson pide “dejar a un lado los comentarios ingeniosos y la toma de posiciones y discutir cuestiones fundamentales”. En su última entrada, lamentaba que “la polarización política se había incrementado en EEUU”, en referencia a su polémica. Detrás de la polémica Hanson se encuentra otro capítulo más de las guerras culturales en la red, que estallan ocasionalmente a propósito de un comentario concreto o de la emergencia de un personaje carismático. Es lo que ocurrió recientemente con Jordan Peterson (quien, por cierto, últimamente anda compadreando con Kanye West), aunque el economista de la George Mason en realidad haya estado en el candelero desde hace mucho antes, y generalmente por razones lejanas a la que ahora le han convertido en el último 'trending topic').

Hanson es, de hecho, uno de los apóstoles del futurismo especulativo, y se codea con Nick Bostrom, director del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford que hace un par de años publicó 'Superinteligencia', que recordaba que pronto la inteligencia artificial superará la humana. También con Eliezer Yudkowksy, el hombre que popularizó la aparición de una inteligencia artificial amigable. En una charla TED, se puede ver a Hanson hablando de los 'ems', “máquinas que emulan cerebros humanos y que pueden pensar, sentir y trabajar como los cerebros de los que son copiados”, y de los que habló en su libro 'The Age of Em', cuyo subtítulo era “trabajo, amor y vida cuando los robots controlen la tierra”.

Su último trabajo es 'The Elephant in the Brain: Hidden Motives in Everyday Life', en el que aborda el “tabú” que, en su opinión, nos impide enfrentarnos directamente a que nuestra programación cerebral esté determinada por la evolución, y cómo instituciones como la educativa, la religiosa o la política sirven para acomodar esas motivaciones ocultas.

La última publicación en el 'timeline' del profesor es, en el momento de redacción de este artículo, un retuit de un mensaje que reza “bienvenido a los 2010. Si te centras en la lógica, ignoras los 'triggers' y el pensamiento asociativo, y serás acosado por imbéciles disgustados. Es la nueva forma de hacer las cosas. Pero no te preocupes, no te pueden hacer nada, sigue siendo tú. Otros están combatiendo la batalla por un debate abierto, y ganando”. Hanson probablemente se considere uno de ellos.

Alma, Corazón, Vida

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