cooperación policial

Los franceses que vienen de Erasmus a España a aprender a combatir el terrorismo

Más de un centenar de guardias franceses comparten su día a día con los alumnos de la Escuela de Guardias Jóvenes de la Guardia Civil española en el primer intercambio policial de Europa

Foto: Un gendarme francés y una joven guardia española, en las instalaciones de la Guardia Civil de Valdemoro.
Un gendarme francés y una joven guardia española, en las instalaciones de la Guardia Civil de Valdemoro.

El 'jefe' de los franceses es el oficial superior Christophe Lasgleyzes. Se ocupa de supervisar a un grupo de 120 chicos en la veintena (90 hombres y 30 mujeres) que conforman el primer programa de intercambio entre policías europeas. “Es una especie de Erasmus”, describe el gendarme, pero con algunas peculiaridades: “Ponemos el acento en inmigración, terrorismo, delincuencia organizada y en el conocimiento mutuo, claro”. Al otro lado del patio de armas del Colegio de Guardias Jóvenes, dentro del complejo de la Guardia Civil en Valdemoro, está el capitán Miguel Ángel Sanchidrián, uno de los profesores de los 175 alumnos españoles que se preparan en el centro.

Los chicos franceses llevan desde el 1 de octubre en Madrid. Es parte del tratado de cooperación que firmaron Francia y España el pasado mes de agosto y que salió publicado en su momento en el BOE. “La idea es que sigan el curso normal, como si estuvieran en Francia, pero mezclándolo con clases de español y otras materias interesantes en las que la Guardia Civil tiene un reconocido prestigio”, concede el oficial francés, mientras los chicos de ambas nacionalidades se mezclan mientras esperan a que comience un concierto de la banda militar. Para Lasgleyzes, ambos cuerpos tienen "muchas cosas parecidas", pero también precisa que hay asuntos diferentes, como "la pedagogía española" y el más fundamental de todos: "La experiencia de la Guardia Civil en temas de terrorismo".

A algún guardia joven español ya le han invitado a pasar unos días en Francia y se han hecho algunas amistades fuertes

“La convivencia por el momento es muy buena”, explica Sanchidrián, que recuerda que “cuando los franceses llegaron, muy al principio, cada uno iba a su aire, pero poco a poco se han ido mezclando más”. Los chicos comparten el comedor, donde se juntan en mesas de ocho personas, y las “camaretas” en las que duermen también mezclados. “Parece que a algún guardia joven español ya le han invitado a pasar unos días en Francia y se han hecho algunas amistades fuertes”, cuentan con cierta sorna los mandos españoles, que precisan: “Aunque las fuentes no están confirmadas”.

Jóvenes franceses y españoles, mezclados el día del guardia joven.
Jóvenes franceses y españoles, mezclados el día del guardia joven.

El intercambio tiene como objeto que los gendarmes franceses que van a pasar todo el curso escolar en Valdemoro acaben en puestos cercanos a la frontera con España, “porque es necesaria la cooperación y una fluidez en el trato a la que va a ayudar mucho esta experiencia conjunta”. El plan es que el curso próximo suceda justo al revés: que un nutrido grupo de jóvenes guardias españoles haga todo el curso en la academia de gendarmes de Tulle. Los franceses que se están formando en España fueron escogidos por su edad, algunos de los más jóvenes, y también por su disposición.

Una academia y un internado

El horario de los guardias jóvenes españoles es más liviano. La diferencia es que los españoles aún no son guardias civiles, sino que deberán presentarse a las oposiciones al cuerpo (aunque tienen reservada la plaza, siempre y cuando aprueben los exámenes y pruebas físicas). “En realidad, la rutina de los guardias jóvenes se parece más a la de una academia en la que se prepara una oposición”, precisa el capitán Sanchidrián mientras muestra las aulas y los espacios en que se preparan los chicos, dentro del enorme complejo de Valdemoro, en el que hay 19 unidades de la Guardia Civil.

Aunque no es precisamente una academia muy al uso. El colegio, fundado en origen en 1853, estaba reservado a los hijos de “gente del cuerpo”. Hoy en día se parece más a un internado. Allí pasan toda la semana y solo reciben “pase de pernocta” los fines de semana para visitar a sus familiares. Sus clases están comprimidas por las mañanas y después tienen inglés obligatorio por las tardes. Pero sobre las seis de la tarde quedan liberados hasta la hora de la cena. Los alumnos pagan una matricula y unas mensualidades.

Un museo exhibe uniformes desde la última época colonial, pasando por la II República, la Guerra Civil o la restauración democrática

El régimen de los gendarmes es algo distinto. Además de por el motivo obvio de que no pueden regresar a sus casas cada fin de semana, ellos sí tienen ejercicios y simulaciones operativas de carácter policial y militar por las tardes. Sin embargo, aún les queda algo de tiempo para “ir a las poblaciones cercanas o a Madrid a tomar algo con los chicos españoles y practicar su español”.

En los edificios que delimitan la academia hoy comparten espacio ambas fuerzas policiales. Con excepción de la zona en la que está el pequeño museo, del que se encarga el cabo primero Luis Feal y que está compuesto por vestuario de la Guardia Civil, en su mayoría donado por Carlos Moya, un coleccionista particular. Allí se exhiben uniformes desde la última época colonial, pasando por la II República, la Guerra Civil o la restauración democrática. Allí no hay franceses. Bueno, ni los guardias jóvenes españoles: están todos juntos en una especie de auditorio, porque comienza el concierto.

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