LA DURA COMPETENCIA CON EEUU

Qué nos dio Francia a cambio de forrarse vendiendo armas a España

En 1948, el país vecino se dio cuenta de que había perdido la gran influencia que tenía antes de 1936. Durante las décadas siguientes se aseguraría de recuperarla

Foto: De Gaulle pasando lista a las tropas francesas en julio de 1940. (Bettmann/Corbis)
De Gaulle pasando lista a las tropas francesas en julio de 1940. (Bettmann/Corbis)

En su célebre discurso de fin de mandato en 1961, Dwight D. Eisenhower se refirió al “complejo industrial-limitar” como uno de los grandes peligros al que debían enfrentarse las democracias occidentales, cuyos intereses podían ponerse a servicio de una industria en rápido crecimiento. La Guerra Fría había provocado una escalada militar en la que las compañías de armamento se estaban llenando los bolsillos en un negocio en el que cualquier país podía ser un potencial cliente. Ello determinaría las relaciones internacionales entre países durante mucho tiempo.

Entre todos ellos, España parecía un suculento mercado. Su potencial militar había sido diezmado durante los años de la guerra, pero la paulatina apertura a medida que avanzaba el franquismo lo convertía en un interesante aliado. Como señala en una investigación Esther M. Sánchez Sánchez, profesora del departamento de Economía e Historia Económica de la Universidad de Salamanca, “a pesar de su gobierno dictatorial y su atraso económico, España era parte del bloque occidental y por lo tanto participaba en el proceso general de americanización que se extendió por todo el Viejo Continente desde finales de los años 40”.

El mercado español era un destino interesante para las compañías francesas productoras de armas, a pesar de las tensiones políticas

El trabajo se centra en las relaciones bilaterales entre Francia y España durante el franquismo y los primeros años de la Transición, en los que pasó de ser casi un enemigo a uno de sus grandes importadores, tras desbancar a EEUU, en una buena muestra de cómo los intereses económicos y políticos pueden hacer olvidar a cualquier nación sus prejuicios ideológicos. Una relación que puede entenderse “tanto por las ofertas francesas de pactos de comanufactura, entrenamiento técnico y ayuda a las exportaciones como por el deseo español para acercarse a Europa a contrarrestar la dominación de EEUU”.

“El mercado español era un destino interesante para las compañías francesas productoras de armas, a pesar de las tensiones políticas que a menudo obstaculizaban las relaciones bilaterales”, señala la investigación. Estas compañías eran, por ejemplo, Sud-Aviation, Dassault, Matra o Turbomeca. “Después de la segunda guerra mundial, las potencias occidentales empezaron a mostrar un interés cada vez mayor en la España de Franco: EEUU, sobre todo, por su aventajada posición en la lucha contra el comunismo, y Francia, a causa de los beneficios que podía obtener para su economía”. Un trato de doble sentido: “Para España, la cooperación militar con Francia se veía como una excelente oportunidad para reducir la dependencia de EEUU, para incrementar las posibilidades de entrar en la CEE y, en general, para beneficiar la industria española y las relaciones hispanofrancesas”.

Del cierre de fronteras a la circulación de armas

No hay que olvidar que la actitud francesa ante el franquismo fue, en un primer momento, de rechazo… aunque este no duró mucho. Después de conminar a otros países europeos a dejar a España al margen del Plan Marshall, decidió cerrar sus fronteras españolas en 1946, no sin cierto rechazo de algunos sectores internos de centro-derecha que apostaban por normalizar la relación con España: “Algunos de ellos recordaban con temor las reformas del Frente Popular, anhelaban Vichy y simpatizaban con el autoritarismo, orden y disciplina ofrecidos por el Estado dictatorial cercano”. En otros casos, la afinidad se establecía por los valores católicos y anticomunistas del franquismo.

Qué nos dio Francia a cambio de forrarse vendiendo armas a España

En 1948, no obstante, Francia decidió reabrir la frontera de los Pirineos y volver a establecer relaciones económicas con el país vecino, que se materializaron en un pacto de comercio anual. Las autoridades francesas se habían dado cuenta de que, en lugar de debilitar al franquismo, lo único que había conseguido era que los ingleses y estadounidenses les adelantasen por la derecha en cuanto a influencia en España. Una situación que cristalizó en 1953, cuando se firmaron los Pactos de Madrid entre España y EEUU por el que se instalarían cuatro bases militares americanas a cambio de ayuda económica y militar.

Unos pocos años antes, Francia, Inglaterra y EEUU habían firmado un pacto para evitar cualquier acción que pudiese reforzar militarmente a España. Sin embargo, como señalaba una carta del capitán Jean Boutron, “evitaba una interpretación demasiado rigurosa del texto” puesto que “era difícil distinguir entre el material para los propósitos estrictamente civiles y los dirigidos a las operaciones militares”. Los franceses eran muy conscientes de que habían perdido su posición privilegiada después de 1936, y que debían recuperarla, eso sí, de forma sutil, recuperando los contactos “con poca publicidad”.

El interés político era la prioridad, ya que los resultados demuestran que no había ninguna ventaja sobre los proyectos de EEUU

Después del fiasco de 1953, las relaciones fueron estrechándose cada vez más, sobre todo después de la llegada de Charles de Gaulle al poder (que mantuvo entre 1959 y 1968) en la Quinta República Francesa y su recuperación de la 'grandeur' francesa, que pasaba por “incrementar el poder económico y político francés y la influencia cultural en todo el mundo”. Los resultados fueron, según la investigación, “espectaculares” a partir de los años 60, y se traducían en “un aumento sostenido de los intercambios comerciales entre Francia y España, sobre todo en las exportaciones a España”, además de “una creciente participación del capital y el 'know-how' francés en el proceso de industrialización español (especialmente en el automovilístico, minero, banquero, asegurador y alimenticio)”.

En resumen, un intercambio en el cual “excepto en momentos específicos, era Francia quien marcaba las líneas maestras en la evolución de estas relaciones bilaterales, incluyendo las militares” y que sería intensificado durante la guerra de independencia de Marruecos. Era un momento propicio para dar un paso adelante, puesto que empezaba a sentirse en España un sentimiento antiamericano a medida que los riesgos de tener un aliado como EEUU eran muy altas en comparación con los hipotéticos beneficios.

Agustín Muñoz Grandes.
Agustín Muñoz Grandes.

Las relaciones francoespañolas parecían marchar como la seda. Los generales Noiret o Ailleret visitaban España frecuentemente, y Muñoz Grandes o Díez Alegría hacían lo propio en el sentido opuesto. En sus informes, los franceses reflejaban el deseo de los españoles de colaborar con Francia y su desilusión por sus pactos con EEUU. A finales de los sesenta, muchos planes industriales con uso tanto civil como militar se desarrollaron “con el objetivo de romper el monopolio casi total que EEUU tenía en España”. Como indica la investigación, “el interés político era la prioridad en estos proyectos, ya que los estudios preliminares y los resultados reales demuestran que no había ninguna ventaja financiera ni tecnológica sobre los proyectos de los EEUU rivales”.

El árbol da sus frutos

El largo proceso de reentrada de Francia en España terminó dando sus frutos durante los años 70. En 1970, el general Díaz Alegría le dio a EEUU y Francia una lista de lo que España necesitaba, y la oferta francesa se adaptaba a la perfección a sus peticiones. En febrero de 1970 se firmó un Pacto de Cooperación Técnica e Industrial sobre Material Aeronáutico; en junio de 1970, un Pacto de Cooperación Técnica e Industrial para comanufacturas; ese mismo mes, los ministros de Asuntos Exteriores Michel Debré y López Bravo firmaron un Tratado General de Cooperación Militar que regulaba los encuentros entre ministros, los intercambios de formación militar o la transferencia de información técnica y logística.

La participación americana disminuyó y la francesa aumentó, hasta el punto de que en 1979 era capaz de superar a la primera potencia

La llegada de la democracia puso en alerta a Francia. “Como ocurrió con otros países extranjeros, Francia era escéptica sobre la viabilidad de la democracia en España”, señala Sánchez Sánchez. La relación política entre Francia y España se debilitó por las divergencias sobre la potencial entrada del esta en la CEE, así como por desvenencias en la lucha contra ETA. Sin embargo, la salud de sus intercambios comerciales seguía siendo fuerte: “Tanto en cantidad como en valor, España vendió a Francia más bienes y servicios que los que compró, lo que condujo a Francia a una balanza negativa en comercio con España en 1977”. Por otra parte, Francia era el quinto país –tras EEUU y empatado con la República Federal Alemana, Gran Bretaña y Suiza– entre los que más inversiones habían realizado en España, sobre todo en los sectores automovilístico, comercial e ingeniero.

A pesar de la resistencia, España y Francia siguieron colaborando estrechamente, y de manera muy fructífera, en las Fuerzas Aéreas y Navales. La investigación de Sánchez Sánchez detalla una gran cantidad de aviones adquiridos por España, como los Mirage F1-C y F1E o los helicópteros Alouette II y III, así como la colaboración en proyectos europeos como Aribus o Eurodif. Además, el ejército español recibió “piezas sueltas, armas de pequeño calibre y munición, así como varios tipos de instrumentos que podían ser utilizados en los sectores civiles y los militares”.

Mirage F1M. (CC/KGyST)
Mirage F1M. (CC/KGyST)

Francia proporcionaba ventajas crediticias a España para cerrar estos pactos: “Tenemos que mostrar que no sólo estamos interesados en vender equipamiento, sino también en cooperar”, podía leerse en un telegrama enviado en 1973. “El éxito de nuestras propuestas depende de las compensaciones industriales que estemos dispuestos a proporcionar, así como el apoyo a 1) las exportaciones del equipamiento manufacturado en España bajo licencia francesa y 2) la reexportación de los bienes vendidos en España, incluso si eso implica la aceptación libre de una competición que puede resultar peligrosa”.

Los informes señalan que, durante esos años, las autoridades francesas recordaban la “atmósfera de bienvenida”, la “buena disposición” y los “contactos fructíferos” entre ambos países. “Hasta 1970, casi todo el material de guerra comprado por España venía de EEUU”, concluye la investigación. “Desde ese año, la participación americana disminuyó y la francesa aumentó progresivamente, hasta el punto de que en 1979 Francia era capaz de superar a la primera potencia global”. En ese año, España pasó a convertirse en uno de los cinco grandes importadores de arsenal francés, junto a Iraq, Libia, Arabia Saudí y Sudáfrica. A principios de los años 80, alrededor del 61,% de los productos vendidos a Francia eran de defensa. 'Vive la France!'

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