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Longyearbyen: la ciudad noruega donde morir es ilegal

Los ciudadanos de la localidad más septentrional del planeta descubrieron que los cuerpos no se descomponían, por lo que es obligatorio partir a Oslo para descansar en paz

Foto: Primavera ártica en Longyearbyen. (iStock)
Primavera ártica en Longyearbyen. (iStock)

Imagina un páramo helado cubierto entero de nieve al norte del norte. Un lugar en el que las noches son árticas y los veranos tremendamente fríos. El aire gélido no transmite ningún sonido salvo los graznidos secos de las gaviotas que planean sobre la costa, donde los osos polares recorren los fiordos y extraen peces con sus garras afiladas, sumergiéndose en el manto de hielo bajo un cielo difuminado por las bajísimas temperaturas que, de noche, suele conceder fabulosos regalos a la vista en forma de auroras boreales rasgando el firmamento como cicatrices de luz fosforescente.

Bienvenidos a Longyearbyen, la ciudad más septentrional del planeta, una región noruega situada en el archipiélago de las islas Svalbard, en los confines del Océano Ártico. En la actualidad viven cerca de 2.000 personas y el hielo ocupa un 60% de su superficie. La luz del sol no impacta contra su territorio durante cuatro meses al año. En invierno, es muy fácil llegar a los cuarenta bajo cero mientras que en verano el termómetro no supera los diez grados.

Foto: iStock.
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Un morboso experimento

Un secreto se desliza por las cornisas de nieve de sus glaciares y habitantes, un secreto que solo ellos conocen y que seguramente no puedas ni imaginar: es la única ciudad del mundo en la que no hay muertes. No es broma; no es que sea la representación definitiva del paraíso en la tierra, aunque bien podría serlo. Está prohibido morir desde 1950, cuando sus ciudadanos descubrieron que los cuerpos no se descomponían en el cementerio debido a su clima tan extremo.

Si parece que alguien va a espirar su último aliento, mejor coger un vuelo y llevarle a la parte continental

Las temperaturas son tan bajas que, en la década de los 2000, los científicos decidieron realizar un mórbido experimento. Enterraron unos cuantos cadáveres que murieron en 1917 tras el paso de la gripe influenza y, para su asombro, obtuvieron muestras reales en vivo del virus mortal, informa 'Men´s Health'. Los residentes habían estado viviendo con él sin darse cuenta durante décadas.

Habitada en su mayoría por mineros, la paranoia de que el virus pudiera resurgir se extendió entre los locales de la isla hasta el punto de armar una reforma legal con el objetivo de ilegalizar los entierros o ritos funerarios. Aunque las urnas de cremación sí pueden ser inhumadas, muy pocas personas se han decidido por esta opción. La mayoría prefiere volar a Oslo en la capital noruega para pasar los últimos días de su vida. Tampoco hay edificios con la función de asilo o residencia para ancianos.

La entrada a la ciudad de Longyearbyen. (iStock)
La entrada a la ciudad de Longyearbyen. (iStock)

“Si parece que alguien vaya a espirar su último aliento, mejor coger un vuelo y llevarle a la parte continental”, admite Jan Christian Meyer, profesor de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología para 'The Sun'. Pero no solamente la muerte es lo que asusta a los habitantes de Longyearbyen. También la vida diaria. Una embarazada no puede dar a luz en la isla porque no hay hospitales. Por lo tanto, unas semanas antes de su fecha prevista de parto debe partir a la península escandinava para recibir atención médica. Semanas después del nacimiento y con la nueva mamá cien por cien recuperada, ya pueden volver.

Un oso polar de la zona sobre el glaciar. (iStock)
Un oso polar de la zona sobre el glaciar. (iStock)

Longyearbyen presume de ser uno de los asentamientos más septentrionales del mundo, tanto es así que las noches son eternas y los días apenas existentes. Su ubicación geográfica plantea un sinfín de desafíos. El sol se pone cada año por última vez el 25 de octubre y no vuelve a asomarse hasta más de cuatro meses después, el 8 de marzo, cuando se celebra la festividad de Solfestuka, una celebración popular para festejar el regreso del sol. Toda la ciudad se reúne en los escalones del antiguo hospital ya abandonado a las doce y cuarto de la mañana para esperar su llegada, según informa 'Johnny Jet'.

Una aurora boreal del archipiélago de Svalbard. (iStock)
Una aurora boreal del archipiélago de Svalbard. (iStock)

Ante tal oscuridad, los osos polares representan todo un peligro para la población. Aunque el gobierno siempre trata que los animales salvajes no lleguen a la zona de las casas, el terreno nevado implica que la repentina aparición de un gran oso no sea un hecho extraordinario o un fenómeno fuera de lo común. A raíz de esto, se requiere llevar consigo un fusil de alta potencia cada vez que se sale del hogar. Los 3.000 osos de la zona muchas veces tienen hambre después de no comer durante meses. Seguro que no querrás formar parte de su dieta.

Foto: iStock.
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Otra de las curiosidades en relación a su fauna es que jamás podrías encontrar un gato. Svalbard es hogar de grandes poblaciones de aves del Ártico y los gatos representan una amenaza para ellos. Por ello, están prohibidos. En vez de felinos, lo que sí encontrarás serán renos salvajes, los cuales pululan por la ciudad. No tienen depredadores naturales, por lo tanto, son muy dóciles. En general, no les molesta que la gente se acerque a ellos.

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