Empleo: La guía maquiavélica para triunfar en una profesión y lo que desvela del empleo
EL JUEGO DE TRONOS DE LA CARRERA PROFESIONAL

La guía maquiavélica para triunfar en una profesión y lo que desvela del empleo

Un testimonio en primera persona de un investigador de una universidad holandesa nos sirve para entender qué teclas hay que pulsar para prosperar en tu carrera profesional

Foto: Mucho papel, poca diversión. (iStock)
Mucho papel, poca diversión. (iStock)

“El odio se gana tanto con las buenas acciones como con las malas. Un príncipe, para conservar el poder, está a menudo obligado a ser perverso, porque cuando el grupo (ya sea pueblo, soldados o nobles) que juzga necesario para mantenerse está corrompido, es conveniente seguir su capricho para satisfacerlo, pues las buenas acciones serían tus enemigas”. Esta cita proviene, como habrá adivinado, de 'El príncipe' de Nicolás Maquiavelo, el clásico de la teoría política en su versión más pragmática publicado en 1513. Para algunos autores, una descripción de los engranajes del poder y el gobierno irónica.

Levemente maquiavélico y tremendamente vitriólico es también el divertido tratado que el investigador postdoctoral de la holandesa Universidad de Leiden Roger Creemers ha publicado en 'Times Higher Education', y en el que desvela con un tono entre el realismo descarnado y la parodia ácida qué hay que hacer para triunfar en el mundo académico. Sus enseñanzas, no obstante, bien pueden aplicarse a cualquier profesión en la que “todo parece estar ideado para los veteranos 'senior' y las posibilidades de que tú te conviertas en uno de ello son limitadas”. Como en tantos trabajos, hay muchos más doctores que posiciones a ocupar, lo que hace que los codazos sean frecuentes y estén casi moralmente justificados. Sobre todo si no tienes padrino.

Si quieres un puesto, debes saber qué se necesita para conseguirlo. Así que mantén largas charlas con los líderes de tu campo sobre contrataciones

Algo que también ocurre, en un grado u otro, en el emprendimiento, el periodismo u otras profesiones creativas. Si quieres ascender, no necesitas ser un gran investigador, sino “fortaleza, determinación y un poco de crueldad”. En primer lugar, conviene despertarse a la realidad y admitir que nadie nos prepara para “ese torbellino de contratos posdoctorales temporales, posiciones de 'profesor adjunto' casuales, mudanzas frecuentes, sueldos bajos, becas fieramente competitivas y solicitudes de trabajo”. Muy pocos saben exactamente cómo trepar en una escalera en forma de embudo, que va arrojando a los candidatos al vacío a medida que ascienden. ¿Qué se necesita para ser uno de los elegidos?

El peloteo adecuado: así se hace

El principio del camino es sencillo. Si quieres un puesto, debes saber qué se necesita para obtenerlo. Aquí es donde empieza tu labor de campo, “manteniendo largas conversaciones con personas que respetas en tu campo sobre contrataciones, puestos y requisitos de promoción”. Importa más, sugiere sarcásticamente el investigador, conocer al dedillo el funcionamiento de toma de decisiones que saber qué es una buena investigación. La paradoja, desvela, es que esos profesores que pueden ayudarte se quejarán de los 'rankings', el factor de impacto –o, en otros campos, los objetivos exagerados de las empresas o las exigencias de la Administración–, pero al final será lo que tengan en su mente cuando se reúnan en comité para seleccionar a alguien.

'Por favor, cuéntenos otra vez lo de las barricadas de mayo del 68'. (iStock)
'Por favor, cuéntenos otra vez lo de las barricadas de mayo del 68'. (iStock)

Un poco de autoexplotación nunca viene mal en los primeros compases de tu carrera, pero solo la que te vaya a dar réditos. Creemers recuerda que a menudo tus colegas te pedirán que revises sus artículos o que aportes tu granito de arena a libros colectivos (generalmente, un largo texto de decenas de páginas) o que hables tú con los pesados de la prensa. Te gustará, porque te hará sentir que la gente sabe que existes, pero normalmente no es más que una distracción. Estas son las tres únicas razones por las que deberías aceptar un encargo de este tipo si no quieres sentir que has estado corriendo sobre una cinta que no te ha llevado a ninguna parte: o que el encargo te consiga acercarte a “un claro líder en tu campo”; que obtengas “habilidades generales o redes que te puedan ser útiles”; o que te paguen por ello, claro.

Si quieres triunfar en el mundo académico, el autor da por hecho que “un ego de tamaño considerable” es uno de los requisitos de tu trabajo, y que “muchos de tus compañeros verán su línea de investigación como una extensión de la propia esencia de su ser”. Parece un comentario sacado de 'El entusiasmo' de Remedios Zafra, en el que la último premio Anagrama alerta sobre los problemas de la vocación en las profesiones creativas. El propio Creemers recuerda que “siempre hay presión para hacer más cosas”, y debes estar precavido ante los que quieran explotarte. Por el contrario –y este es un consejo menos irónico– hay que acercarse a aquellos que “reconocen que lo mejor para conseguir sus objetivos es ayudarte a alcanzar los tuyos”.

Te sorprenderá hasta qué punto algunos compañeros pueden comportarse como gilipollas totales y aun así salir adelante

Arribismo, quizá, pero que no nos tomen por tontos. Intentarán que lleves a cabo más trabajo de las que has pactado, se llevarán parte de tus recursos o te marginarán en su propio provecho aprovechándose de su posición de poder. Es de esa gente de la que debes huir como la peste, entre otras cosas, porque “una postura firme dispara el respeto entre tus iguales y hará que los que quieren abusar de tu confianza se lo piensen dos veces”. Otros dos consejos: el trabajo en grupo puede enseñarte muchas cosas, pero es fácil que los colectivos pierdan el tiempo; además, debes tener una situación vital y profesional más o menos flexible que te permita decir que sí instantáneamente a cualquier oferta jugosa.

Eso sí, prepárate para la decepción: “Te sorprenderá hasta qué punto algunos compañeros pueden comportarse como gilipollas totales y aun así salir adelante”. Una frase que uno de los comentaristas considera muy cercana a la realidad, antes de añadir “con unos ingresos lo suficientemente grandes puedes hacer lo que quieras y salirte con la tuya, lo he visto una y otra vez”. El karma no existe, al menos para los ricos.

Si no te gusta, que les den

Aunque las anteriores enseñanzas pueden leerse como sabios consejos o como un sutil retrato de los sinsabores laborales, quizá la más reveladora sea la última enseñanza, que podría resumirse en “aprende a dejarlo”. La descripción de la trampa mental en la que caen los hipotéticos futuros académicos bien podría aplicarse a otros empleos vocacionales, sobre todo en la manera en la que “ideológicamente, te condicionan para que no te marches”. “No es un trabajo, es una vocación religiosa”, resume Creemers. “Estás haciendo lo que amas y estás librando una lucha por el bien; contribuyes a la sociedad; y no has vendido tu alma al dueño de una corporación”.

Cualquier ventaja que nos ofrezca ese puesto también nos lo puede dar otra carrera, a menudo con mejores condiciones y más libertad

Lo que produce ese adoctrinamiento ideológico es que el desesperado aspirante se aferre a su mal pagado empleo, al mismo tiempo que se justifica considerando el “ordinario” como algo que no es digno de él… a pesar de que sus amigos “tengan una mayor conciliación entre el trabajo y la vida, un sueldo superior o ambas cosas”. La trampa consiste en pensar que nuestro sacrificio será rentable en algún momento, pero raramente es así, recuerda el investigador holandés. Tarde o temprano, la escalera-embudo terminará dejando fuera a muchos de esos que pensaban que serían los elegidos. Hay otras vías de satisfacción más allá del sacrificado trabajo, recuerda Creemers, y quizá deseemos irnos a vivir con nuestra pareja, tener hijos o montar un grupo de rock. Actividades en las que el sacrificio continuado puede convertirse en un duro escollo.

Así que quizá sea una buena idea deshacernos de la sensación de que solo podremos ser felices con la carrera (dura, ingrata, con pocas posibilidades de éxito) que hemos elegido y recordar que “cualquier ventaja que la vida académica nos pueda ofrecer también nos la puede dar otra carrera, a menudo con mejores condiciones, satisfacción intelectual, creatividad, originalidad, libertad profesional o contribución a la sociedad, que no son una exclusiva de nuestras sagradas instituciones”. Una enseñanza que puede extenderse a cualquier otra profesión vocacional y sus trampas ideológicas. “Vuela y sé libre, genio” es la guinda que el investigador pone a su duro retrato de la competitividad académica, uno de los artículos del año.

Alma, Corazón, Vida

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