200 millones en reclamaciones

Por qué se retrasan los vuelos: avispas, cobras o ratones entre los motivos

La empresa especializada en reclamaciones AirHelp cuenta los casos más extraños con los que se han topado entre las más de 4.000 quejas que han recibido en este mismo año

Foto: En una ocasión un perro se hizo caca en el pasillo del avión. (iStock)
En una ocasión un perro se hizo caca en el pasillo del avión. (iStock)

El avión estaba infestado de chinches, como así tuvo que reconocer la corte danesa solemnemente reunida a tal efecto en 2016. Fue una de las más exóticas reclamaciones elevadas por la empresa AirHelp, que gestiona las quejas y denuncias de los pasajeros de las aerolíneas en toda Europa. Chinches, cucarachas, rayos, serpientes o escaleras rebeldes son solo algunas de las anécdotas que salpican la trayectoria de esta compañía, según explica su principal portavoz, Paloma Salmerón, con base habitual en Berlín y estos días en Madrid. Aunque el grueso de su labor se centra en los retrasos injustificados y el cobro de las compensaciones correspondientes, algo en lo que no es infrecuente que las compañías aéreas traten de escurrir el bulto.

Estos sucesos, los más raros, suelen tener a los animales como protagonistas. En el caso del aeropuerto internacional Adolfo Suárez, Madrid Barajas, el último fue uno de los muchos jabalís que infestan la región, quien se saltó una de las vallas del perímetro del aeródromo y obligó a cerrar las pistas de despegue. En este caso los retrasos no fueron excesivos: 20 minutos. Para que las reclamaciones sobre dilación de los viajes sean efectivas han de superar las tres horas. Eso, y que no se deba a un imponderable meteorológico o laboral (por ejemplo, una huelga).

200 pasajeros sufrieron una experiencia extrema: un relámpago golpeó el fuselaje de la nave y obligó al piloto a improvisar un aterrizaje de emergencia

Las turbulencias y otros fenómenos atmosféricos son muy frecuentes y no se pueden considerar realmente aterradores. Sin embargo, los 200 pasajeros que volaban de la República Dominicana a Polonia en 2016 sufrieron una experiencia algo más extrema: un relámpago golpeo el fuselaje de la nave y obligó al piloto a improvisar un aterrizaje de emergencia en otro aeropuerto. Los pasajeros se tuvieron que quedar en ese destino no deseado durante 24 horas mientras aguardaban un nuevo vuelo a su destino original.

La startup AirHelp ha gestionado hasta septiembre de 2017 reclamaciones que afectan a más de 4.000 vuelos. De ellas se han beneficiado 600.000 pasajeros con derecho a una compensación de 600 euros. En total, las aerolíneas han gastado más de 200 millones de euros en indemnizaciones por retrasos o cancelaciones. La empresa estima que solo un 2% de los usuarios conoce cuales son sus derechos y “mucha gente no pide lo que le corresponde simplemente porque no lo sabe”. Al día hay más de 100.000 vuelos en todo el mundo.

Un ratón en la cabina

Pero entre todas estas cifras se esconden algunas historias realmente curiosas. Por ejemplo, todos los invitados a una boda que se desplazaban de San José a Madrid. Para cuando llegaron ya no había nada que celebrar y el enlace sufrió un notable déficit de invitados. En otro vuelo de Madrid a Doha con Qatar Airways, el avión fue retrasado porque había un ratón en la cabina. La aeronave tuvo que ser fumigada y se retrasó su salida unas seis horas. En otro de la compañía Qantas con destino a Japón apareció una serpiente y el avión tuvo que aterrizar de urgencia en el aeropuerto de Sidney. En otra ocasión un perrito se hizo caca en el pasillo y el piloto se vio forzado a aterrizar en Kansas: pasó de ser un vuelo de 7 a 14 horas. El mes pasado en vuelo de las aerolíneas de Alasxa a Portland, Oregón, la aparición de un escorpión hizo que el viaje durara una hora más. Originalmente procedía de Los Cabos en México.

Un montón de avispas se pusieron de acuerdo para posarse sobre el ala derecha de un aparato, lo que hizo imposible que despegase

Y es que los incidentes con animales son bastante usuales a la hora de provocar retrasos o incidentes de vuelo. Otras circunstancias, como alteraciones de los pasajeros, no modifican tanto el plan previsto. Por ejemplo, el pasado agosto un montón de avispas se pusieron de acuerdo para posarse sobre el ala derecha de un aparato, lo que hizo imposible que despegase hasta una hora y media después de lo previsto. Los empleados tuvieron que echar a los insectos con cañones de agua a presión.

También un miembro de la fauna local fue el causante del retraso que se provocó en un viaje en la aerolíneas egipcias. En este caso, el culpable fue una serpiente, concretamente una cobra, que mordió a uno de los viajeros, con lo que los responsables de la nave decidieron hacer un aterrizaje de emergencia en un resort del país africano. No suelen ser los motivos más comunes, por supuesto, "lo normal es que los retrasos se acumulen por errores mucho más convencionales", concede Paloma Salmerón. Pero tampoco son tan raros...

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