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Por qué nunca debes quedarte dormido cuando el avión despega o aterriza

Sabemos que dormir de principio a fin en un vuelo es una idea la mar de tentadora, pero hay una razón por la que quizá te convenga aguantarte hasta alcanzar la altitud máxima

Foto: Estás deseando dormir, pero mejor espera a que el aparato despegue. (iStock)
Estás deseando dormir, pero mejor espera a que el aparato despegue. (iStock)

Cuando entramos en un avión la mayoría de nosotros lo hacemos con una cosa en mente, un mismo anhelo: pasar un vuelo tranquilo y dormir, dormir mucho para que el viaje pase lo más rápido posible. Sin duda el escenario ideal sería quedarnos fritos en esos minutos de espera antes del despegue. Acurrucarse en una manta, con la cabeza apoyada en la ventana y con cara de tener plácidos sueños; la envidia de todo el pasaje. Y así, en los brazos de Morfeo, traspasar fronteras, cruzar océanos y atravesar continentes hasta llegar a nuestro destino.

Sin embargo, por muy tentadora que sea la idea de dormir de principio a fin, tal vez nos convenga refrenar nuestros impulsos. En concreto, no conviene 'estar sopa' durante el despegue y aterrizaje del avión. Cuando el aparato realiza un cambio brusco de altitud, la presión del aire en la cabina varía rápidamente y puede afectar a tu organismo. En resumen, cuando sube el volumen de aire en el oído se expande y cuando baja se contrae, lo que, si te pilla desprevenido (es decir, adormilado), puede causar estragos en tus tímpanos.

Para compensar las diferencias de presión interna y externa se suele recomendar tragar, bostezar, masticar o mover de un lado a otro la mandíbula

Estos cambios de presión afectan a las cavidades de aire del organismo (senos paranasales, pulmones y oídos) y pueden producir un barotrauma durante el buceo, el paracaidismo, el uso de cámaras hiperbáricas y los vuelos en avión. Seguro que alguna vez has notado durante alguno de tus viajes aéreos esa sensación de taponamiento, sobre todo en los momentos antes del aterrizaje. Si va a más puede pasar por una leve sordera, la escucha de ruidos graves y terminar en dolor. En los casos más graves puede darse la ruptura del tímpano e incluso sufrir vértigo periférico.

El aterrizaje suele ser el momento más propicio para que se taponen los oídos. (iStock)
El aterrizaje suele ser el momento más propicio para que se taponen los oídos. (iStock)

Para compensar la diferencias de presión interna y externa se suele recomendar tragar, bostezar, masticar o mover de un lado a otro la mandíbula. Y tiene su sentido. De esta forma, se abre la trompa de Eustaquio, lo que permite que se ventile el oído. Si estamos despiertos, esta aireación del oído es casi continua, pues no hay minuto en el que no se produzca una deglución. Sin embargo, este periodo se amplía a más de cinco cuando estamos dormidos. Debido a esta particularidad de nuestro cuerpo, médicos como Angela Chambers, citada por el diario británico 'The Express', recomiendan no dormir durante el despegue o el aterrizaje.

Un barotrauma puede causar, además del típico taponamiento, una leve sordera, la escucha de ruidos graves e incluso la ruptura del tímpano

Si ya has tenido problemas de oído con anterioridad al viaje, deberías tener este consejo todavía más en cuenta. Los burotraumas también son más propensos si se tiene congestión nasal a raíz de alergias, resfriados o una infección de las vías respiratorias altas. De cualquier forma, en la mayoría de la ocasiones se resuelve de forma espontánea en los siguientes días. De no ser así, el médico puede realizar una exploración otoscópica para detectar la causa de base y prescribir el tratamiento adecuado.

Cómo evitar el dolor de oídos

  • No dormir durante el despegue o el aterrizaje, ya que durante el sueño el mecanismo natural de deglución se ralentiza.

  • Evitar utilizar el avión si tienes un resfriado, catarro agudo o sufres de alergia.

Una vez el aparato haya despegado, podemos dormir plácidamente sin temor al dolor de oídos. (iStock)
Una vez el aparato haya despegado, podemos dormir plácidamente sin temor al dolor de oídos. (iStock)

  • Conviene regular la presión durante los cambios bruscos de altitud con bostezos y movimientos mandibulares. Para los niños suele funcionar la succión del chupete o el biberón. Para los adultos basta con masticar un chicle.

  • Si con tragar y bostezar no remite el dolor, se puede realizar la maniobra de Valsalva. Consiste en realizar una espiración forzada sin expulsar el aire, con la boca y la nariz tapadas, de modo que aumenta la presión en la rinofaringe y el aire penetra a través de la trompa de Eustaquio hacia el tímpano.

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