CUANDO EL PRESUPUESTO ES UN PROBLEMA

Los errores que te llevan a gastar demasiado dinero en vacaciones (y qué deberías hacer)

Ahora que se impone la cruda realidad del otoño, no está de más recordar cuáles son las trampas mentales que nos llevan a despilfarrar nuestros ahorros durante las vacaciones

Foto: El dinero no vale nada en vacaciones. (iStock)
El dinero no vale nada en vacaciones. (iStock)

Me ocurrió hace un par de semanas, cuando terminaban mis vacaciones en Polonia. Faltaba un día para la salida del vuelo y me di cuenta de que me quedaban muchos más zloty de lo que pensaba, así que podía darme unos cuantos caprichos más de lo que había pensado. ¿El resultado? Es fácil de imaginar: terminé contando monedas a última hora para comprobar si podía llegar al aeropuerto sin cambiar divisa o pagar con tarjeta. En otras palabras, calculé mal y por poco me gasto más de lo pensado. Una de las múltiples trampas que nos ponemos a nosotros mismos en vacaciones.

Algunas de ellas se exponen en un artículo recientemente publicado en 'BBC' que explica por qué somos tan malos a la hora de gastar nuestro dinero en las vacaciones. A grandes rasgos, las posibilidades son dos. O, por una parte, que tiremos por lo bajo al calcular el presupuesto y terminemos gastándonos más… o que tiremos por lo alto, lleguemos al último día de las vacaciones con dinero extra en nuestros bolsillos y, por lo tanto, decidamos echar una última canita al aire y gastárnoslo. Sea como sea, gastaremos más de lo que debíamos, como ya nos hemos dado cuenta al volver a casa.

Si nos sobra dinero el último día de viaje lo despilfarraremos, porque pensamos que es mejor gastar en vacaciones que en nuestro día a día

¿Qué ocurre en verano que le diferencia de otras estaciones de año (pero no tanto de las navidades)? Básicamente, que nuestro consumo es mucho más emocional, lo que nos lleva a gastar dinero a base de impulsos, incluso en el caso de que hayamos establecido un presupuesto de antemano. Es lo que me pasó cuando estaba a punto de volver a España: emocionado al ver que no había superado el límite, decidí contrarrestar la tristeza postvacacional gastando lo que me quedaba.

No estamos solos sino que, como afirman los asesores económicos, es muy habitual tener problemas a la hora de administrar el dinero en vacaciones, incluso entre aquellos que durante el resto del año son muy estrictos con su gasto. Los españoles destinamos de media unos 222 euros a nuestras vacaciones, 100 euros menos que la media europea, pero una cantidad desde luego mucho más alta que la que gastamos en nuestro día a día. El problema se encuentra en que probablemente no saquemos partido a todo ese gasto, más compulsivo que rentable.

Las trampas de tenerlo todo pensado

Uno de los principales escollos, aunque parezca paradójico, es establecer un presupuesto. A diferencia de nuestra vida cotidiana, en la que conocemos al dedillo todos y cada uno de los gastos que tendremos que afrontar, es difícil valorar exactamente cuánto gastaremos fuera de nuestro país. ¿Sabes cuánto cuesta la gasolina? ¿Y la alimentación? ¿Las entradas a todos y cada uno de los museos que queremos visitar? ¿Otros imprevistos? Es prácticamente imposible establecer una cifra razonablemente exacta.

El coste de oportunidad juega un papel importante: ¿cómo vas a dejar de hacer algo solo por un puñado de esos billetes que no sabes ni lo que valen?

¿Por qué no funcionan? Básicamente, porque nuestras motivaciones psicológicas durante el período vacacional son muy diferentes a las que dirigen nuestro consumo en nuestro día a día, de igual manera que gastamos mucho más durante el fin de semana que a diario. Eso nos lleva a permitirnos superar rápidamente los límites que hemos establecido antes de salir de casa, incluso aunque eso nos haga pagar dos veces por lo mismo. Por ejemplo, ¿escatimaríamos en gastos a la hora de comprar un regalo a nuestra familia? ¿Nos ahorraríamos unos euros en comida y nos quedaríamos sin probar ese plato típico que tan buena pinta tiene?

Hay un factor importante en la economía de los viajes: el coste de oportunidad, que se dispara en dichas circunstancias. Si acudimos al supermercado que tenemos cerca de casa y vemos un queso, unos dulces o un vino que nos apetecen pero que normalmente no compraríamos, lo más probable es que lo dejemos en su sitio y esperemos a otro día. Si esto nos ocurre en el extranjero, hay muchas más posibilidades de que lo compremos porque, claro, ¿cuándo vamos a volver a viajar a Corea del Norte y degustar un delicioso 'naengmyeon'?

Divertido el 31 de agosto, doloroso el 30 de septiembre. (iStock)
Divertido el 31 de agosto, doloroso el 30 de septiembre. (iStock)

Cabe otra posibilidad, y es que, de hecho, hayamos sido muy conservadores en nuestros cálculos, por lo que al final del viaje nos sobre bastante. Como ocurría al principio del artículo, es posible que nos permitamos gastarlo porque tenemos la sensación de que el dinero resulta mucho más rentable de vacaciones que en nuestro día a día, puesto que nos da acceso a productos o experiencias que en otros momentos nos resultarían inaccesibles. En ningún caso lo ahorraremos. ¿Para qué, para gastarlo en otra cena en el restaurante de al lado de casa o en algún capricho tonto? Resultado: siempre gastamos más.

¿Hay algo que podamos hacer?

No son los únicos factores que influyen en nuestras (malas) decisiones. También lo hace, por ejemplo, el valor del dinero: paradójicamente, cuanto menos valga, más gastaremos. Es el caso de nuestros zloty, que se cambian a unos 4,28 por cada euro. Como recordaba una investigación publicada en el 'Journal of Consumer Research', este cambio favorable (el opuesto sería el de la libra esterlina) nos empuja a gastar más, básicamente porque nos cuesta realizar mentalmente el cálculo pero recordamos que un zloty vale mucho menos que nuestro querido euro.

La clave se encuentra en evitar la ansiedad que nos empuja a gastar más para extraer el máximo partido a cada minuto

¿Qué hacemos con nuestros presupuestos, que una y otra vez se nos repite que son el método infalible para no gastar más dinero? Por una vez quizá sea preferible descartarlos y adoptar otra estrategia, aunque la barrera mental que supone cambiar una cantidad determinada de divisa y no poder pasar de ahí es útil. La alternativa puede ser administrarnos igual que en nuestra vida diaria, es decir, familiarizarnos con los precios del lugar que vamos a visitar para saber si estamos pagando de más por algo y adquirir tan solo lo que necesitemos o ya habíamos pensado comprar. O, simplemente, rendirnos pero mantener un control del gasto.

En el caso de que nos sobre dinero, la profesora Esta Shah de la Universidad de Cincinatti tiene un truco: en lugar de gastarlo en la última jornada de las vacaciones, hacerlo justo después de estas, permitiéndose un capricho en el retorno a la vida diaria. La clave se encuentra en evitar el efecto angustia que entra en juego cuando el final de las vacaciones se termina, y que nos empuja a gastar más para extraer el máximo partido a cada minuto. Ese es el último problema: a medida que el período estival se acaba, la ansiedad aumenta y las tentaciones que alivien esa sensación de que se acaba lo bueno se multiplican y, con ellas, las oportunidades para gastar más dinero, sin que ello nos satisfaga realmente.

Alma, Corazón, Vida

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