Cuando la obesidad es un problema cultural

Así le están haciendo la vida imposible a los gordos en Francia

A pesar de todos los méritos acumulados, la vida de la escritora Gabrielle Deydier ha sido una sucesión de ofensas por culpa de su sobrepeso. Relata su experiencia en un libro

Foto: La mujer que ha desatado la polémica en Francia. (@gabrielle_deydier / Instagram)
La mujer que ha desatado la polémica en Francia. (@gabrielle_deydier / Instagram)

Corría el final del verano del año 2015. Gabrielle Deydier acababa de pasar una entrevista de trabajo como asistente educativa en un colegio de París para niños con necesidades especiales. Por su dilatada formación, con dos carreras a cuestas, el director le reconoció que temía incluso que dejara el puesto y no finalizará el año escolar. Existía solo un problema: “El profesor con el que trabajará puede ser una persona algo complicada”, le avisó la máxima autoridad del centro.

Bastó poco para que Deydier comprendiera que la expresión “persona algo complicada” era un eufemismo de algo mucho peor. Tras haber sido presentada al docente en cuestión, este no demostró ser precisamente una persona empática: “No trabajo con gordos”. Deyder creyó que se trataba de otra de las pesadas chanzas que tantas veces había tenido que soportar en su vida: “No era ninguna broma, por desgracia”, reconocía a ‘The Guardian’.

Las mujeres francesas se enorgullecen de ser las más femeninas. Existe esa sensación de que tienen que ser perfectas

La irritante anécdota contada por esta mujer es solo una más entre los muchos abusos que ha tenido que aguantar por por culpa de su obesidad. Deydier tiene 37 años y pesa más de 140 kilos para el apenas metro y medio que mide su cuerpo. Todos estos maltratos psicológicos y verbales han sido recogidos en un libro publicado recientemente: ‘On ne naît pas grosse’, "no se nace gorda", un título que se inspira a su vez en un famosa frase de Simone de Beauvoir: “no se nace mujer, se llega a serlo”.

“Escribí el libro porque no quiero seguir pidiendo perdón por existir”, afirma. El volumen se ha convertido en todo un éxito superventas en apenas unos pocos meses. Gracias a él, qué significa ser obeso se ha convertido por primera vez en Francia en un tema de discusión generalizado.

La nación de los flacos

Cuenta Deydier al periódico británico que tener sobrepeso en su país está considerado como una grotesca discapacidad autoinflingida. “Las mujeres francesas se enorgullecen de ser las más femeninas de toda Europa. Existe esa sensación de que la mujer tiene que ser perfecta en todos los sentidos”.

El estereotipo de que la fémina gala es por naturaleza esbelta ha calado muy hondo y sobrepasa incluso las fronteras de ‘L’Hexagone’. Diferentes artículos en medios como ‘The Telegraph’, ‘Bloomberg’ o 'Thrillist’ se preguntan por qué las mujeres de esta nación muestran una delgada silueta. La realidad se presenta muy distinta a la que aparece en semejantes reportajes sobre bienestar. En este momento, se estima que un 80% de las francesas está a dieta y operaciones para adelgazar, como la colocación del balón intragástrico, tienen cada vez más demanda.

En España la obesidad no era un problema. Si alguien me comentaba algo sobre mi aspecto era para hacerme un cumplido

Tal y como sucede en la mayoría de países desarrollados, la obesidad en esta nación se encuentra también en auge. En los últimos años, el número de casos se ha duplicado, y se estima que afecta ya a 10 millones de franceses. De ellos, los más vulnerables son las mujeres. A pesar de que las proporciones son similares entre sexos, son ellas las que tienden a solucionar la obesidad a través de remedios quirúrgicos. “Una prueba más de que la obligación de ser bella, entendido como estar delgada, pesa mucho más sobre nosotras que sobre ellos”, opina Deydier en la edición italiana de la revista ‘Vanity Fair’.

Foto: @gabrielle_deydier / Instagram
Foto: @gabrielle_deydier / Instagram

Un problema que es una consecuencia de unos prejuicios difíciles de deshacer. Para la mayor parte de la sociedad, la obesidad es el resultado de comer mucho y no hacer deporte. Que una persona esté por encima de su peso idóneo es sinónimo de debilidad y falta de voluntad, como si la predisposición genética, los problemas psicológicos, los desequilibrios hormonales o incluso la clase social no jugaran ningún papel. La historia personal de Deydier desmiente estos banales convencionalismos.

La humillación como constante

Cuando era adolescente pesaba apenas 65 kilos. Por culpa de su ligero sobrepeso, sus padres la llevaron a un médico que la sometió a una terapia hormonal que resultó contraproducente, causando un efecto completamente contrario al que se buscaba: “Todas las veces que me han dicho que tenía que adelgazar he acabado engordando. Reacciono violentamente a los tratamientos y las obligaciones se convierten en sufrimiento y ansia por comer. Es un lento y doloroso proceso de autodestrucción”. En apenas un año, la medicación, junto con los problemas familiares que arrastraba, acabaron doblando su peso: “Solo quería morirme. Me veía deforme”.

Durante su periodo universitario, Deydier relata una curiosa anécdota liberadora. Por motivos académicos tuvo que pasar un año en España: “Allí la obesidad no era un problema. Si alguien me comentaba algo sobre mi aspecto era para hacerme un cumplido. En Francia bastaban un par de minutos de conversación para que me preguntaran: ‘¿por qué estás gorda? ¿Es una elección? ¿Se trata de una enfermedad?”.

Cuando no somos humillados por las personas, son las estructuras las que nos humillan

Tras licenciarse, las frustraciones persistieron: “Veía cómo todos mis amigos iban adquiriendo experiencia laboral y yo no. No lo entendía. No existía una razón lógica para ello. Las empresas solo me ofrecían puestos administrativos o trabajos precarios”.

Después llegó el empleo en el colegio para menores discapacitados con el que comenzamos este artículo: “Los niños nunca fueron un problema. Eran maravillosos”. El profesor con el que tenía que ejercer como asistente llegó sin embargo a presentarla como “la séptima persona minusválida de la clase” llegando a asegurar que era una situación injusta para los alumnos ya que estarían estigmatizados por dos motivos: por sus discapacidades y por el acoso que sufrirían al tener a una profesora que estaba gorda.

¿Por qué Deydier no denunció al centro? “Me asustaba pensar que nadie me creería”. Con anterioridad, ya había sufrido episodios más traumáticos donde la compasión reinaba por su ausencia. Entre ellos, el acoso perpetrado por un compañero de universidad al que le bastaba pronunciar una frase para conseguir la aquiescencia del resto: ¿por qué iba él a abusar de una mujer gorda? “La policía fue muy amable en todo momento, pero me avisaron: ‘Tiene todo el derecho de efectuar una denuncia, aunque no se lo aconsejamos. Los tribunales no se pondrán de su lado”.

“Hemos renunciado a defendernos porque nos culpabilizamos constantemente por todo. En casa, en el médico, en la escuela, en todas partes”, relata esta mujer a ‘Le Point’. “Cuando no somos humillados por las personas, son las estructuras las que nos humillan. Cuando, por ejemplo, estoy esperando en la parada de un tranvía para mí es imposible sentarme por culpa de los apoyabrazos”.

Deydier reconoce que se ha cansado de sentirse maltratada y por ello ha decidido adoptar una posición mucho más política. La alcaldesa de París Anne Hidalgo le ha invitado a organizar la primera jornada en la capital contra esta discriminación social. Ha sido invitada además a varios programas de prestigio de la televisión francesa, se preparan una novela y una película sobre su vida y su libro será traducido y distribuido en breve a otros idiomas y en diferentes países.

Alma, Corazón, Vida

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