Auténticos paracaídas

Por qué los gatos sobreviven a caídas desde sitios altos y bajos, pero no intermedios

A todo dueño le inquieta que su mascota pueda sufrir un desgraciado accidente. Con todo, los propietarios de un quinto piso deben preocuparse más que los de un décimo

Foto: Desde muy pequeños ya demuestran esta habilidad. (iStock)
Desde muy pequeños ya demuestran esta habilidad. (iStock)

En algún momento de su existencia, cualquier gato tendrá que enfrentarse a un episodio inevitable: caer al suelo desde una distancia más o menos importante. Los biólogos Wayne Whitney y Cheryl Mehlhaff explican que tal hecho se encuentra en su propia naturaleza, pues cuando estos animales no se hallan en sus hogares o deambulando por los callejones, tienden a morar en las copas de los árboles, como herencia de su salvaje vida pretérita.

La lógica más inmediata nos viene a decir que cuanto más alta sea la caída, más posibilidades debería tener el animal de acabar malherido. El periodista científico David Quammen explica que si bien tal premisa sería válida para los pobres humanos, carentes de superpoderes felinos, en el caso de estos animales dicha norma no se aplica de la misma manera.

La clave de esta particular destreza felina se encuentra en su instinto y en sus portentosas cualidades físicas

Según un estudio llevado a cabo en 1987 por Asociación Americana de Medicina Veterinaria, entre 132 gatos que fueron llevados a urgencias de un hospital para animales de Nueva York se descubrió que los que habían caído desde una altura comprendida entre los cinco y los nueve pisos de un edificio presentaban lesiones más graves que aquellos que habían sufrido el accidente desde una distancia algo mayor. Como ejemplo extremo, la ‘BBC’ cuenta cómo en el año 2012 un gato de la ciudad de Boston sobrevivió a una caída de 19 pisos, teniendo como consecuencia solo algún que otro cardenal en la zona torso. ¿Cómo se explica esta aparente paradoja?

Bestias privilegiadas

A través de la selección natural, los gatos han desarrollado un instinto para detectar inmediatamente dónde está el “abajo”. Se trata de un mecanismo análogo al sentido del equilibro humano que nos permite caminar de pie y que se conoce como reflejo de enderezamiento. Si se les da el tiempo suficiente, los gatos son capaces de girar rápidamente para posicionar sus pies y aterrizar sobre ellos. Para que se complete el movimiento, el gato necesita caer desde una altura de por lo menos un metro y medio.

Foto: Creative Commons.
Foto: Creative Commons.

A su vez, los felinos poseen unas cualidades físicas portentosas. Pueden extender sus patas aumentando la superficie total de su cuerpo y crear una especie de efecto paracaídas que se ve mejorado aún más gracias a su pelaje. Por último, cuando aterrizan, los mismos músculos que les permiten efectuar increíbles saltos, actúan como auténticos amortiguadores capaces de absorber impactos particularmente fuertes.

Física y biología

Cuando un cuerpo cae, dos fuerzas actúan sobre él. La gravedad y la resistencia al aire que empuja en sentido opuesto a la dirección de caída. La resistencia al aire aumenta en proporción a la velocidad que adquiere el objeto y llega un momento en que el cuerpo alcanza la así llamada “velocidad límite”. En dicho instante, la aceleración equivale a cero, es decir, no se incrementa la velocidad aunque la caída dure más metros.

A través de los datos reunidos, se estima que el menor índice de supervivencia de estos animales se sitúa alrededor de los 18 metros de altura

Gracias al efecto paracaídas del que hablábamos arriba, la velocidad terminal en el caso de un gato es lenta, en concreto de unos 97 km/h en comparación al promedio humano que es de unos 193 km/h. Ello les permite tener de por sí un importante índice de supervivencia, incluso en las situaciones en las que llegan a alcanzar tal velocidad.

Sin embargo, la capacidad de los gatos para lograr frenar la caída no explica por qué las consecuencias pueden ser peores en las distancias intermedias. El motivo se debe a que cuanto más tiempo se le dé al animal, más posibilidades tendrá de lograr una posición óptima para atenuar el impacto. “Si el gato aterrizara con sus patas directamente debajo de él, como si fueran una columna, y las mantuviera duras, se rompería todos sus huesos”. Cuenta el Dr. Socha, biomecánico de la universidad de Virgina.

No es solo una mascota, es una fiera. (iStock)
No es solo una mascota, es una fiera. (iStock)

Teniendo en cuenta todos estos datos, Rhett Allain, profesor de física de la Universidad del Sudeste de Luisiana, ha establecido que el menor índice de supervivencia gatuno se situaría alrededor de los 18 metros de altura.

Toda esta información es lo que sugiere la teoría. Hay que considerar que muchos gatos domésticos presentan hoy una salud deteriorada, unos músculos menos desarrollados y, ante todo, sobrepeso. No hay que olvidar que, como todo ser vivo, el animal también puede cometer importantes errores de cálculo. Por todo ello, aunque su mascota más querida se encuentre bien equipada para manejar un accidente de este tipo, no descuide jamás la seguridad de su hogar ni asuma que no es importante mantener o no cerrada la ventana de su apartamento.

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