tres rasgos fundamentales

Qué hacen todos los genios, según el hombre que ha estudiado de cerca a uno de ellos

La biografía de Claude Shannon, uno de los matemáticos más importantes del siglo XX, nos sirve para conocer sus rutinas y hábitos y, en definitiva, cómo piensan los genios

Foto: ¿Cómo funciona su mente? (iStock)
¿Cómo funciona su mente? (iStock)

Conoces a Albert Einstein, quizá también a Alan Turing (el de la película 'Enigma'), pero lo más probable es que se te escape el nombre del estadounidense Claude Shannon. Pese a ser uno de los matemáticos más relevantes del siglo XX, no es tan conocido fuera de los círculos científicos como sus coetáneos. El reconocimiento le ha venido ahora en forma de una biografía titulada 'A Mind at Play', en la que los autores Jimmy Soni y Rob Goodman argumentan de manera convincente que él (y solo él) es el verdadero padre de la teoría de la información.

Si el nombre no te suena, no te preocupes, sus biógrafos tampoco sabían muy bien quién era antes de empezar a escribir el libro. Para que nos hagamos una idea, con 21 años escribió lo que se conoce como una de las tesis más importantes de la historia, con la que estableció las bases de los futuros ordenadores digitales. A sus 32 publicó su trabajo más destacado: 'Una teoría matemática de la comunicación', con la que, entre otras aportaciones, constituyó el bit como unidad de medida para todas las fuentes de información.

Tanto si lo queríamos como si no, comprender la vida de Shannon nos ha dado lecciones sobre cómo vivir mejor la nuestra

No solo tenía una mente brillante para la teoría, sino que, según relatan sus biógrafos, también era un tipo divertido, creativo e interesante (en el mejor sentido de la palabra). Era inventor, malabarista, ciclista, jugador de ajedrez, poeta aficionado, pilotaba aviones, tocaba el clarinete y contribuyó al campo del criptoanálisis durante la Segunda Guerra Mundial. Durante los cinco años que estuvieron investigando, los autores se fueron encariñando con el personaje: “No es exagerado decir que durante ese periodo pasamos más tiempo con el difunto Shannon que con muchos de nuestros amigos. Se convirtió en algo así como en un compañero que siempre estaba ahí, ocupando espacio en nuestras metes”, relata Soni en el portal 'Medium'.

Claude Shannon. (Wikimedia Commons)
Claude Shannon. (Wikimedia Commons)

Ni Soni ni Goodman son matemáticos. Es más, ninguna de sus carreras tiene nada que ver con la ciencia. La biografía no es solo una alabanza a las contribuciones de Shannon, sino que les interesaba más responder las cuestiones centradas en sus rutinas, hábitos y estrategias. Es decir, querían averiguar cómo piensa un genio. “Contar su historia nos afectó. Los genios tienen una forma única de involucrarse con el mundo, y si pasas suficiente tiempo examinando sus hábitos, descubres los comportamientos que están detrás de su brillantez. Tanto si lo queríamos como si no, la comprensión de la vida del matemático nos ha dado lecciones sobre cómo vivir mejor la nuestra”, afirma el autor. Aunque matizan que es difícil hacer generalizaciones, Soni señala en 'Quora' tres formas que nos pueden ayudar a pensar más como Shannon, seamos genios o no:

Cuidado con la información que interiorizas

Es un lugar común hablar de las constantes distracciones de las redes sociales, los smartphones y los e-mails. Es un problema. Uno mucho mayor que en la época de Shannon. No obstante, el matemático también tenía que hacer frente a la pérdida de tiempo, como cualquiera de nosotros, y su vida nos enseña que no se trata de encontrar un poco de concentración por aquí y un momento de descuido por allá. Más bien, su método consiste en construir un sistema que nos garantice eliminar las distracciones de nuestro día a día.

Héctor G. BarnésHéctor G. Barnés

Por ejemplo, Shannon no respondía a todas las cartas que recibía. Es más, tenía un cajón de “cartas con las que he procastinado demasiado tiempo”. Asimismo, la privacidad era una parte muy importante de su vida y prefería no compartirlo todo con sus allegados con tal de mejorar su atención y capacidad de concentración. Tampoco se obsesionó en la carrera científica por los premios y reconocimientos y, en algunos casos, era su propia familia la que tenía que convencerle para que fuera a recogerlos. En definitiva, el caso del científico nos explica la importancia de escoger cuidadosamente en qué invertir nuestro limitado tiempo.

Averigua hacia dónde te diriges

Einstein y Shannon tenían una cosa en común: tenían en mente las respuestas antes de saber cómo llegar ahí. El estadounidense lo explicó así: “Creo que soy más visual que simbólico. Trato de tener una idea sobre lo que está pasando. Las ecuaciones vienen después”. Sabía que el resultado era el correcto y hablaba del proceso como un mal necesario.

El trabajo de Shannon nos enseña que los grandes descubrimientos tienden a parecerse más a los maratones que a los 'sprints'

Y esto, ¿de qué nos sirve a nosotros si no vamos a tratar con ecuaciones? Nos pasamos horas pensando en los procesos, construyendo rituales y listas de tareas pendientes en lugar de enfocarnos en el sentido de todo eso. Puede que no todos tengamos intuiciones de genios, pero muchos de nosotros ni siquiera las tenemos en cuenta. Nuestra impaciencia vence a la lógica, a nuestra perspectiva vital, algo que deberíamos revertir si queremos seguir el ejemplo del matemático.

Ten presente que requiere tiempo

Shannon fue paciente. Muy paciente. Desde que se le ocurrió la idea hasta que finalmente publicó su teoría de la información tardó alrededor de 10 años. Hay que tener en cuenta que, a veces, la realidad (en su caso: una guerra, un matrimonio y la falta de tiempo por su trabajo a jornada completa) manda. Pero él mantuvo el gérmen de la idea y finalmente resultó en el 'paper' más importante que jamás publicaría.

¿Cuántos de nosotros podríamos tener la paciencia suficiente para rumiar una misma idea durante tanto tiempo? El trabajo de Shannon nos enseña que los grandes descubrimientos tienden a parecerse más a los maratones que a los 'sprints'. Quizá, lo más importante que debemos aprender de su vida, así como la de Einstein o Turing, es que su genialidad no es un accidente de nacimiento. Por eso vale la pena aprender sus rutinas, sus estrategias, sus cómo piensan.

Alma, Corazón, Vida

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