50 SOMBRAS DE CATULO

Las enseñanzas sobre el sexo del poeta obsceno de la antigua Roma

Sus obras son tan escandalosas que algunas de ellas no se tradujeron hasta el siglo XX. Catulo era un personaje tan excesivo que podemos aprender todo lo bueno y lo malo de él

Foto: 'Lesbia y su gorrión' de Edward Poynter.
'Lesbia y su gorrión' de Edward Poynter.

Nacido en Verona alrededor del año 87 a.C., no hay otro bardo de la Antigüedad como Cayo Valerio Catulo, nacido en buena cuna, exitoso poeta y cuya obra estuvo marcada por el amor y el sexo a tutiplén. Su principal objetivo amoroso –pero no el único– era Clodia, casada con el maduro gobernador de la galia Quinto Cecilo Metelo Céler, y a la que llamaba Lesbia en homenaje a Safo de Lesbos. El joven, que acababa de llegar a Roma desde su hogar natal de Verona, se quedó encandilado por la belleza y atractivo de la esposa. Fue todo un trauma: su amada le fue infiel a la primera de cambio, y de ahí derivó la mayor parte de la lírica del autor.

En su poesía se repiten las referencias a los genitales, los fluidos y la sodomía. En el que seguramente sea el poema más explícito de la era clásica, Catulo se deja llevar hasta el punto de que, como recuerda un artículo publicado en 'Gizmodo', su obra no fue traducida al inglés hasta el siglo XX. No solo por su obscenidad, sino también por su vilurencia, que veces le lleva a amenazar con una violación sodomita.

Vivamos, Lesbia mía, y amemos: los rumores severos de los viejos que no valgan ni un duro todos juntos

Es el caso de su poema número XVI, conocido como 'Pedicabo ego vos et irrumabo', que podría traducirse como (atención, contenido explícito) “En tu culo y en tu boca”. Está dedicado, como otros de su producción, a Marco Furio Bibaculo (que había tenido un lío con otro amante de Catulo llamado Juvencio) y Marco Aurelio Cota Maximo Mesalino. En este texto, directamente amenaza con sodomizar y humillar a sus enemigos amorosos en una letra que ni una canción de Nine Inch Nails: “Fuck you, up your ass and in your mouth” fue la traducción que realizó Carl Sesar en 1974.

Cuidado con utilizarlo a la ligera. Como recogieron los medios británicos, en 2009, Mark Lowe de Nomos Capital fue demandado por una trabajadora a la que le envió el primer verso del poema por correo electrónico. Sí, ese que hace referencia a lo anal y oral. ¿Su defensa? Que era algo “burlesco”, pura diversión tanto en el siglo I d.C. como en el XXI.

Muy poco constructivo, pero ¿podemos aprender algo positivo de su obra? Vamos a sumergirnos en algunos de los 25 poemas dedicados a su amada Lesbia (de los 116 que le han sobrevivido), sobre todo aquellos en los que Catulo aún no se había dejado llevar por la furia ante su antigua amante al darse cuenta de que lo suyo no había significado nada para ella y que, de hecho, era su última opción incluso después de quedarse viuda. O quizá sea una buena enseñanza: si te rechazan, no te comportes como un crío herido.

Entre las sábanas del placer

“Vivamos, Lesbia mía, y amemos: los rumores severos de los viejos que no valgan ni un duro todos juntos”. Este es el arranque del poema 5 de Catulo, probablemente el más candoroso de todos los destinados a su objeto amoroso, y en el que apuesta por experimentar el amor sin someterse al juicio de los demás. “Se pone y sale el sol, mas a nosotros, apenas se nos pone la luz breve, sola noche sin dormir nos toca”.

Si algo has de hacer, al punto mándalo, pues bien comido yazgo, y harto, boca arriba, atravieso túnica y palio

Parece ser que el bueno de Catulo era de los que amaban las largas sesiones de exploración sexual: “Pero dame mil besos, luego ciento, después mil otra vez, de nuevo ciento, luego otros mil aún, y luego ciento...” ¿Más vale cantidad que calidad? En el poema número siete, Catulo escribe: “Preguntas cuántos a mí besares tuyos, Lesbia, sean bastante y de sobra”. La respuesta es “tantos besos muchos que tú beses, para el vesano Catulo bastante y de sobra es”.

Algo debió ocurrir entre el poema 7 y el 8, puesto que en este último empieza a manifestarse el desencanto amoroso que explotaría a partir del número 60, con sus altibajos. Frente a un panorama idealizado (“Cuando aquellas muchas cosas divertidas se hacían, que tú querías [Catulo], y tu chica de querer no dejaba, fulgieron verdaderamente cándidos para ti los soles”), parece ser que el poeta fue rechazado por primera vez. “Salud, niña, ya Catulo resiste, y no te requerirá ni rogará”. Se le debió pasar rápido el resquemor, porque pronto aparecen Veranio (“plegándome a tu cuello agradable, tu boca y ojos suavemente besaré”) y el Varo.

Busto de Catulo en Sirmione. (CC)
Busto de Catulo en Sirmione. (CC)

De entre todos los poemas picantones, seguramente no hay ninguno más atrevido que el 32, dedicado a la dulce Ipsitila, a el que el poeta ofrece sus servicios sexuales antes de servirse él mismo. “Si algo has de hacer, al punto mándalo, pues bien comido yazgo, y harto, boca arriba, atravieso túnica y palio”. En otras palabras, no hay que ser muy listo para imaginarnos entre Catulo e Ipsitila la postura sexual de la 'cowgirl' (¿quizá invertida?). En algo parece que han cambiado las cosas: parece ser que tener el estómago lleno es lo mejor si lo que queremos es arrasar entre las sábanas.

¿Qué habría hecho Catulo en mi lugar?

Tan conocida es la fama de sátiro del poeta que incluso algunas páginas se han servido de su figura para abrir un consultorio sentimental de tono humorístico. Es el caso de 'The Hairpin' y sus “Consejos sexuales de Catulo”, en el que un sexólogo (o sexóloga) bajo seudónimo responde a todas las dudas que los heridos amantes puedan tener. Por ejemplo, a una mujer que lleva cinco años con su pareja, le recomienda “no llevar nada más que una hoja de laurel, cubrirte en miel y comprarte una nueva toga”.

¿Solo pensáis que es lícito para vosotros hacer el amor con las mujeres?

No es que el poeta verdadero fuese precisamente un dechado de virtudes. Incluso en los poemas clasificados como románticos hay acusaciones bien macarras: “¿Acaso porque contiguos os sentáis, cien o doscientos insulsos, no creéis que me atreveré yo que al par los doscientos asistentes me la (¡pip! que el lector imagine lo que quiera)?” Son los celos los que vuelven a conducir su conducta: “A ella, buenos y dichosos, todos la amáis”. En el poema aparece también una curiosa pregunta retórica: “¿Solo pensáis que tenéis pollas vosotros, que a solos vosotros lícito es cuanto hay de chicas follaros y creernos a los demás machos cabríos?”

Quedémonos, mejor, con alguno de los ocasionales ataques de romanticismo que Catulo sufría de vez en cuando, probablemente para ampliar su ya de por sí amplia (y muy variada) cuenta de amantes. Quizá el 109: “Mi vida, me propones que el amor este nuestro perpetuo será”. O el 87”: Ninguna mujer puede decirse tan amada en verdad como por mí la Lesbia amada es”.

Una última lección. Los poemas de Catulo presentan a Clodia como una mujer fácil (le acusa de haber tenido 300 amantes), traicionera y cruel. Sin embargo, los principales testimonios que se conservan provienen de hombres despechados o vengativos, como también ocurrió en el caso de Cicerón, enemigo a muerte de su hermano Clodio, y que la utilizó como arma arrojadiza en sus célebres discursos. Una buena muestra de que la historia la escriben los vencedores… que suelen ser hombres.

Alma, Corazón, Vida

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