Las lecciones sobre el sexo del obispo Munilla
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EL TEÓLOGO PUBLICA UN LIBRO SOBRE RELACIONES

Las lecciones sobre el sexo del obispo Munilla

El religioso nacido en el País Vasco intenta responder en su nuevo libro, 'Sexo con alma y cuerpo' a las preguntas que los más jóvenes se hacen sobre la vida en pareja, y no se deja llevar por la corriente

placeholder Foto: Munilla, durante la celebración del oficio religioso en la Basílica de Santa María del Coro de San Sebastián. (Efe/Javier Etxezarreta)
Munilla, durante la celebración del oficio religioso en la Basílica de Santa María del Coro de San Sebastián. (Efe/Javier Etxezarreta)

Ahora que las librerías se encuentran anegadas de libros sobre sexo gracias al éxito comercial de las sombras de Grey y sucedáneos, parece el momento idóneo para que todo aquel que tenga algo que decir sobre el encuentro carnal lo haga. El último y menos previsible de ellos ha sido el obispo de San Sebastián José Ignacio Munilla, que acaba de editar junto a Begoña Ruiz Pereda el libro Sexo con alma y cuerpo (Freshbook), un volumen dirigido a los jóvenes con los que ambos llevan años tratando, y que tiene como objetivo responder a las preguntas que los jóvenes cristianos se hacen sobre sexualidad.

No hay más que darse una vuelta por el perfil de Twitter del religioso para descubrir que este no tiene pelos en la lengua y que no duda en mojarse sobre los temas de actualidad, algo que también hace en su programa diario de Radio María. Con motivo de la tragedia de Lampedusa, escribía: “Dales, Señor, el descanso eterno… y a nosotros, ¡sentido de la vergüenza!” En otra ocasión, publicaba junto a la fotografía de las Femen insultando a monseñor André-Joseph Léonard, arzobispo de Bruselas, “Bienaventurados cuando os persigan”.

Se equivoca Pablo Iglesias en su análisis porque eso que él dice que su generación prefiere, follar, forma parte de la estrategia del poder para someternos

Sin embargo, la tesis que el obispo de Intxaurrondo mantiene en el libro bien puede resumirse en el contenido de otro de sus tuits, en el que reflejaba la siguiente cita: “El hombre moderno ha evolucionado muchísimo: del ‘pan y circo’ hemos pasado al ‘cerveza, sexo y aifon’”. Esa es la tesis general del religioso, que no se encuentra tan lejana a la denuncia que de los placeres terrenales como engaño del capitalismo se hace en círculos más izquierdistas, con los que probablemente estaría de acuerdo en muy pocas cosas más.

¿Follar o amar?

En uno de los pasajes que pronto pasarán a ser más referidos del libro, Munilla se enfrenta verbalmente a Pablo Iglesias, el líder de Podemos, tal y como ha reflejado un artículo publicado en Religión en Libertad que recoge algunos de los pasajes más polémicos del volumen. Frente a las palabras de Iglesias, que afirmaba que “para mi generación eso de hacer el amor es una cursilada, mi generación prefiere follar, y más nos valdría aprender a hacer la guerra para que no nos sigan follando”, el religioso ofrece su propia versión.

“Se equivoca Pablo Iglesias en su análisis porque eso que él dice que su generación prefiere, follar, forma parte de la estrategia del poder para seguir sometiéndonos”, escribe, y uno piensa que en lugar de “poder” bien podría haber escrito “casta”. “La dictadura más consolidada es aquella en la que los esclavos sienten placer en serlo”, añadía el religioso. Una frase no tan lejana a aquella que pronunció Simone de Beauvoir y que decía que “el esclavo que obedece escoge obedecer”.

Es esta la principal argumentación del donostiarra, como quedó reflejada en la entrevista que realizó con la agencia Efe. En ella reconocía que la cultura del rollo (“que cada fin de semana me enrollo con uno o con otro”) produce “mucho sufrimiento y frustración”, puesto que “nos acostumbramos a ser utilizados y a utilizar a los demás”. Una enseñanza que es muy similar a la tesis que la escritora feminista Donna Freitas refleja en The End of Sex (Basic Books) en el que refleja cómo la “cultura del polvo” resulta insatisfactoria, puesto que “cuando los estudiantes esperan enrollarse con un montón de gente, el sexo resulta una obligación, no un atrevimiento”, lo que provoca que se parezca más a “hacer los deberes o poner la lavadora” que a “la emoción o la atracción”.

El amor en la era del sexo

Mucho más polémicas resultarán sus opiniones respecto al aborto (dijo que “la ley del aborto supone la legitimación de la ley de la selva” respecto a la Ley de 2009) o la homosexualidad, a la que definió como un trastorno que se puede curar. Pero su visión sobre la educación sexual probablemente sea más popular, sobre todo en lo que se refiere a enseñar a los niños el sentido de la sexualidad y no únicamente lo que considera la “genitalidad”. “Es como si a alguien se le explica cómo funciona un coche mecánicamente pero no se le dice a dónde le conduce ni cuáles son las normas de circulación”.

Otra cosa es que se esté más o menos de acuerdo en cuáles son dichas normas, ya que el religioso recuerda en dicha entrevista que “el placer no es un fin en sí mismo”. Pero su denuncia de la accesibilidad a la pornografía como espejo deformador de la realidad del sexo para los más jóvenes o su separación entre noviazgo y matrimonio (“si en la etapa de noviazgo se vive de hecho como si la pareja fuese ya un matrimonio es previsible que se deriven de ahí muchos sufrimientos”) seguramente resulten más simpáticas al público general.

Si fuera mi obligación quedar bien con la gente, me quitaría el alzacuellos y me iría

También su advertencia sobre los peligros de las adicciones (“cuando el placer se convierte en compulsivo nace una ruptura de la sexualidad y el amor”) como el síntoma más claro de la enfermedad moderna: “Acaba convirtiéndose en un cebo para el consumismo y para controlar las masas y a veces quitarnos nuestra libertad”, señalaba casi como si fuese Friedrich Nieztsche, que decía que “sólo hasta un cierto grado la propiedad hace al hombre más independiente y libre, pero en un grado más la propiedad se convierte en amo y el propietario en esclavo”.

“Si fuera mi obligación quedar bien con la gente, coincidir con sus opiniones o darles la razón, conseguir la aceptación de la sociedad, me quitaría el alzacuellos y me iría” señalaba en un programa de televisión el religioso, y el libro es buena muestra de ello.

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