LA INFLUENCIA DE FREINET EN NUESTRO PAÍS

Los 'profes' españoles también innovaron: la olvidada revolución educativa

Entre mediados de los años 60 y principios de los 80, cientos de profesores participaron en los Movimientos de Renovación Pedagógica que cambiaron para siempre nuestro país

Foto: La disposición del aula jugaba un papel importante en la educación de los estudiantes. (iStock)
La disposición del aula jugaba un papel importante en la educación de los estudiantes. (iStock)

Los españoles tenemos muy mala memoria. O quizá simplemente se trate de que preferimos lamentarnos por nuestros errores que celebrar nuestras victorias. Ocurre a menudo con la educación: los resultados de PISA nos hacen tirarnos de los pelos, cuando la realidad es que estamos mucho mejor que hace 40 años, al salir de una dictadura que fue terrible para el sistema educativo y para la equidad. Sin embargo, durante los años sesenta y setenta, de mano de la apertura social y política del país, un amplio grupo de profesores comenzó a diseñar la que sería la escuela española de las últimas décadas. Los hemos olvidado, pero sin ellos nada sería igual.

Estos profesores se organizaron alrededor de lo que se conoce como los Movimientos de Renovación Pedagógica (MRP), que tuvieron gran influencia a la hora de construir una escuela pública, popular y democrática. Entre las diversas ramas del movimiento destaca la adoptada por los seguidores de Célestin Freinet (1896-1966), el célebre pedagogo francés que diseñó diversas técnicas que hoy en día nos sonarían tremendamente innovadoras si nos las vendiesen los escandinavos, como el texto libre (una redacción completamente espontánea escrita por el alumno); la asamblea de clase (en la que los propios niños identifican los problemas del aula y proponen soluciones) o las conferencias (exposiciones realizadas por los estudiantes sobre un tema que han elegido).

La cultura de escuela más progresista y la ideología vanguardista pedagógica que sobrevivieron en la dictadura tuvieron que llevarse a cabo en secreto

España fue uno de los países que, entre mediados de los años sesenta y 1983, cuando el movimiento empezó a declinar ligeramente, adoptó a teoría de Freinet como una herramienta para crear una nueva escuela en una nueva sociedad. Este año, dos profesores españoles, José Luis Hernández Huerta de la Universidad de Valladolid y Alba María Gómez Sánchez, de la Universidad de Salamanca, han elaborado un trabajo que complementa al realizado por otros como la investigadora Tamar Groves en su voluntad de reivindicar el papel de la innovación educativa española y que nos permite comprender un poco mejor “la discusión político-pedagógica sobre los principios y propósitos de la educación pública, cómo entenderla, los problemas planteados por la existencia de educación subsidiada de manera privada y el papel del colegio como una herramienta para el desarrollo de la comunidad”.

Un país aletargado

Para entender un poco mejor los cambios que se produjeron en la época, basta con recordar el páramo que fue la educación española –al menos en lo que se refiere a la innovación– durante el franquismo. La Segunda República, con la implantación de la Escuela Nueva y otras propuestas, fue un período de revolución educativa, en la que Freinet ocupaba un lugar clave. Un tiempo de experimentación que fue respondido con dureza por el Régimen. Como explica el artículo, “la cultura de escuela más progresiva y la ideología vanguardista pedagógica que sobrevivieron tuvieron que llevarse a cabo en secreto”. Un 15% de profesores tuvo que exiliarse y, los que no lo hicieron, tuvieron que adaptar sus didácticas a los principios de la escuela nacional-católica.

Célestin Freinet.
Célestin Freinet.

A mediados de los 60, una nueva generación comenzó a releer a Freinet y otros innovadores educativos como Paulo Freire o Ivan Illich con atención. El resultado sería ACIES (Asociación para la Correspondencia e Imprenta Escolar) y el MCEP (Movimiento Cooperativo de Escuela Popular, aún vigente) que en la época contaron con más de un centenar de miembros, así como más de 300 contribuyentes en la revista 'Colaboración', el principal altavoz del movimiento, que tuvo 53 ediciones y, como señalan los autores, “ayudó a esculpir las perspectivas pedagógicas que prevalecieron en España durante las décadas posteriores”. Para los autores, el resurgimiento de los movimientos de renovación pedagógica es uno de los cuatro pilares en los que se apoya la súbita aceleración educativa que tuvo lugar durante los setenta, junto al pacto escolar, las movilizaciones de estudiantes y la educación popular.

Diversos colegios adoptaron esos principios, como el Palomeras Bajas de Vallecas (Madrid) o el Trabenco de Leganés

“Los movimientos estudiantiles de los 60, que obtuvieron victorias notables a la hora de desmantelar las estructuras organizacionales y de representación de las universidades, también ayudaron, al menos en los departamentos de educación y escuelas de formación de profesores, a crear un cierto espíritu pedagógico crítico en aquellos que, en el futuro cercano, serían educadores practicantes en las escuelas del país”, señala el artículo. ¿De qué manera? Participando de forma activa en los procesos de modernización técnica, en la democratización de las estructuras de los colegios y en la dinamización social y cultural de grandes sectores de la población. Una de las bases sobre las que se mantenía el movimiento Freinet, aún en la clandestinidad, era considerar la escuela como parte esencial de la sociedad. En concreto, una escuela pública, viva, democrática y de una importante naturaleza política y social que tuvo una gran influencia en los barrios, especialmente los más desfavorecidos.

Los 'profes' españoles también innovaron: la olvidada revolución educativa

¿De qué manera se articuló este movimiento? Como ocurría a menudo durante la época (también pasó con Rosa Sensat), a través de escuelas de verano, congresos y publicaciones. La primera gran reunión tuvo lugar en Perpignan; la constante comunicación con los freinetianos franceses y los principios de la École Moderne sería una de las claves de este movimiento. Estas reuniones darían lugar diversos documentos gracias a los cuales se entiende un poco mejor el funcionamiento de estas escuelas

En sus propias palabras

“No preparamos al niño para que sirva y perpetúe el mundo de hoy en día, sino para construir la sociedad que garantice su desarrollo de la mejor manera posible”, se puede leer en un documento de 1979. “Nos negamos a subyugar su espíritu a cualquier dogma preestablecido”. La oposición a la Escuela católica de la dictadura era palpable, pero también la voluntad de mirar adelante a partir de unos principios completamente modernos, que se basaban en la independencia del alumno y la constante innovación: “La escuela pública empezó a entender que el trabajo del colegio era una investigación constante, que analiza la realidad que le rodea, que junta el trabajo manual con el intelectual, en la que el estudiante sea entendido como una persona capaz de entrenarse y controlarse, que no sea represivo, que desarrolle la solidaridad, etc”, se puede leer en una publicación de ACIES de 1977.

Los 'profes' españoles también innovaron: la olvidada revolución educativa

En esa nueva pedagogía, el aula jugaba un papel importante. Quizá muy diferente al que conocemos… pero curiosamente parecido al que centros como los jesuitas catalanes o el Padre Piquer madrileño han implantado. “La clase se entendía como un laboratorio para la democracia donde, poco a poco, los niños y los adolescentes descubrían las limitaciones de su propia libertad y de los demás, tomando el control y la responsabilidad de su propia vida”, explican los autores. Diversos colegios adoptaron esos principios, como el Palomeras Bajas de Vallecas (Madrid) o el Trabenco de Leganés, además de otros como el Amara Berri de San Sebastián.

Hubo un punto conflictivo a la hora de implantar las ideas freinetianas: la resistencia de los padres que, en muchos casos, mostraban desconfianza ante los cambios propuestos en sus prácticas. Como señalaba un MCEP, “los padres quieren que sus hijos tengan éxito y quieren la clase de educación que, a sus ojos, debería ayudarles a escalar en la escalera social”. Y aquí es donde se encuentra la clave de todo este asunto: esos principios defendidos por los padres, sobre todo la memorización, son aquellos que las escuelas de élite están desterrando de sus currículos. Sin embargo, durante un breve lapso de tiempo, los profesores e investigadores educativos españoles sintonizaron con las vanguardias educativas del extranjero. Tan solo las resistencias sociales y la dificultad de aplicación de muchos de estos principios provocaron que paulatinamente estos avances fuesen cayendo en el olvido, al menos hasta que han vuelto a recordarse gracias a los nuevos adelantos educativos.

"Los padres quieren que sus hijos tengan éxito y que reciban la clase de educación que debería ayudarles a escalar": la memorización era para ellos importante

“Muy rápido, los profesores freinetianos se dieron cuenta de que para modernizar la educación, la mejora de las infraestructuras, la reestructuración de la administración pública a cargo de la educación, la modificación de las leyes y los estatutos, la extensión y la mejora de la educación y el reciclaje de profesores eran aspectos clave”, concluye el artículo. Desde mediados de los 70, con la muerte de Franco, todos esos cambios comenzaron a introducirse poco a poco en la educación española, que ya había recibido un importante espaldarazo tras la Ley de Educación de Villar Palasí. Sin la revolución de las ideas que significaron los movimientos freinetianos, entre otros, estos cambios no se habrían producido de la misma manera o habrían tardado mucho más tiempo en aceptarse. El sistema de colegios públicos de nuestro país les debe mucho.

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