LA GUERRA SE JUEGA EN TABLEROS DESCONOCIDOS

Las unidades militares más secretas de la historia

Algunas de ellas nos sonarán por películas o videojuegos. Sin embargo, es muy probable que no conozcamos los entresijos de su trayectoria vital: sí, era lo que pretendían

Foto: Chuck Norris en 'Delta Force': gran película y mejor persona.
Chuck Norris en 'Delta Force': gran película y mejor persona.

Cuando imaginamos una confrontación bélica, tendemos a pensar en inacabables trincheras ocupadas por soldados que esperan pacientes su turno para morir, campos de batalla bañados de sangre con miembros amputados repartidos por doquier, o filas de tanques arrasando la ciudad recién conquistada. Sin embargo, tan importante han sido los ataques en masa como los combates subterráneos llevados a cabo por unidades secretas que actuaban detrás de las líneas enemigas o realizaban operaciones de inteligencia en apariencia insignificantes pero determinantes para el devenir de la guerra.

Como señala la frase citada hasta la saciedad de “Sospechosos habituales”, “el mayor logro del diablo es hacer creer que no existe”. Por eso, tan importante resulta la eficiencia táctica como pasar completamente desapercibidos a los ojos del enemigo. A continuación presentamos tres unidades secretas que han cambiado el devenir de la historia aunque sus miembros no recibiesen reconocimiento hasta mucho tiempo después: la tragedia de los espías y de los escritores fantasma.

6593d Test Squadron / 6594th Test Group

Maniobra de recuperación del programa Corona.
Maniobra de recuperación del programa Corona.

Vigente entre 1958 y 1972 en el caso del primero, y hasta 1986 en el caso del segundo, se trata de un escuadrón perteneciente a las Fuerzas Áereas estadounidenses cuyo principal objetivo era, por extraño que pueda sonar en la hiperconectada sociedad actual, recuperar las películas que eran arrojadas desde los satélites americanos con imágenes áreas de los territorios de la URSS. Formaba parte del programa Corona, que tenía como objetivo el espionaje fotográfico del enemigo soviético, así como de la República Popular de China y otras potenciales amenazas.

El rol de este escuadrón era recuperar las cápsulas diseñadas por General Electric que se separaban del satélite y caían a la tierra, amortiguadas por unos paracaídas. El avión debía recoger el dispositivo antes de que cayese al suelo; en caso de que no fuese así y se extraviase, un dispositivo provocaba que la cápsula se hundiese si en 48 horas no había sido recogido. La situación cambió cuando en 1964 unos campesinos venezolanos se encontraron con uno de estos dispositivos: en lugar de llevar la marca de “secreto”, que suena bastante sospechosa, la baliza reproducía en ocho idiomas diferentes un mensaje que ofrecía una recompensa al que la devolviese a su propietario, es decir, el ejército americano.

El proyecto fue secreto hasta el año 1992, y en 1995 parte de las fotografías fueron desclasificadas bajo una orden ejecutiva de Bill Clinton

¿Hacía falta destinar toda una unidad a tal efecto? Parece ser que sí ya que, como recuerda un reportaje publicado en 'Business Insider', llevaron a cabo más de 40.000 recuperaciones a lo largo de sus 27 años de historia. En el momento de su desactivación, el 6594th estaba formado por 95 oficiales y otras 409 personas. El proyecto fue secreto hasta el año 1992, y en 1995 parte de las fotografías fueron desclasificadas bajo una orden ejecutiva de Bill Clinton. Las instantáneas bélicas siguen teniendo su utilidad: actualmente son utilizadas por científicos para localizar restos arqueológicos en zonas como el norte de Siria.

Delta Force

Las unidades militares más secretas de la historia

¿Cómo no vamos a conocer al escuadrón que dio nombre a la película protagonizada por Chuck Norris y Lee Marvin y dirigida por Menahem Golan? ¿Aquella en la que un escuadrón de élite libera a los rehenes tomados por un comando terrorista árabe? ¿O videojuegos como 'Delta Force: Black Hawk Down'? Tristemente, el grupo había saltado a la fama poco antes, en el año 1980, durante la conocida como Operación Garra de Águila (o crisis de los rehenes de Irán), que tenía como objetivo liberar a los diplomáticos estadounidenses cautivos tras la revolución.

La operación fue dirigida por el coronel Charles Alvin Beckwith (creador de la unidad) y aprobada por el presidente estadounidense Jimmy Carter. La estrategia estaba planteada a partir de una maniobra de distracción que, sobre el papel, permitiría que los rehenes atrapados en la embajada de Teherán pudiesen ser rescatados con mayor facilidad. Nada salió bien, especialmente en el apartado técnico. Los helicópteros que debían aterrizar en el desierto comenzaron a presentar problemas nada más sobrevolar suelo iraní, situación agravada por una tormenta de arena que provocó que la operación fuese abortada rápidamente. No sin antes perder a ocho hombres, después de que, durante un reabastecimiento, un helicóptero se estrellase contra un avión de transporte.

La conocida como unidad 7781 se formó a mediados de los años 50 con el objetivo de establecerse en el convulso Berlín de la Guerra Fría

A lo largo de su historia, a los Delta Force no les fue tan mal como en Irán ni tan bien como a Norris y Marvin. Su presencia se hizo notar durante la invasión de Granada, la guerra del Golfo, la Operación Tormenta del Desierto, la guerra de Afganistán o la invasión de Irak. Y, más recientemente, en el rescate de rehenes kurdos en manos del ISIS. Hay una amplia bibliografía para todos aquellos que quieran profundizar en el tema: de 'Relentless Strike: the Secret History of Joint Special Operations Command' de Sean Naylor (St. Martin Press) a 'Delta Force: a Memoir by the Founder of the US Military's Most Secretive Special-Operations Unit' (Harpercollins) del propio Beckwith.

Destacamento A

El sargento Bob Charest retrata a sus compañeros boinas verdes.
El sargento Bob Charest retrata a sus compañeros boinas verdes.

Una de esas historias que harían llorar a Steven Spielberg y salivar a John Le Carré (o viceversa). La conocida como unidad 7781 o destacamento de las fuerzas especiales número 39 de los boinas verdes se formó a mediados de los años 50 con el objetivo de establecerse en el convulso Berlín de la Guerra Fría y fue la encargada de llevar a cabo operaciones clandestinas de todo pelaje. Muchos de sus miembros eran refugiados alemanes o de Alemania del Este cuyas familias aún no habían pasado al otro lado del Telón de Acero, o incluso veteranos de la Segunda Guerra Mundial.

A mediados de los años 70, el grupo empezó a centrar la mayor parte de sus esfuerzos en combatir a la RAF (Facción del Ejército Rojo), es decir, la Baader-Meinhof. Sin embargo, su territorio de influencia no se limitaba a la República Federal Alemana, sino que también estuvo presente en (sorpresa) la operación Garra de Águila, en la que colaboraron infiltrando con éxito un equipo en Teherán y realizando el reconocimiento previo. La compañía fue desactivada a finales de los años 80, aunque aún faltasen unos cuantos años para el final de la Guerra Fría.

Su territorio de influencia no se limitaba a la República Federal Alemana, sino que también estuvo presente en (sorpresa) la operación Garra de Águila

Como ocurre a menudo con estos grupos, su papel no fue reconocido públicamente hasta mucho después. En concreto, hasta enero de 2014, cuando se celebró en Forg Bragg una ceremonia en su honor a propósito de la inauguración de un monumento conmemorativo… pagado de su propio bolsillo por el sargento Bob Charest y sus antiguos compañeros del regimiento; el dinero sobrante fue donado a la Asociación de Boinas Verdes. No pasa nada, estaban acostumbrados a que no muchos se enterasen de lo que hacían.

Alma, Corazón, Vida

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