Lo que el suicidio del mejor chef del mundo desvela del mundo de la alta cocina
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UN MUERTE Y MILES DE INCÓGNITAS

Lo que el suicidio del mejor chef del mundo desvela del mundo de la alta cocina

El 31 de enero, Benoit Violier acabó con su vida. Todo parecía ir bien apenas un mes después de que su restaurante fuese galardonado como el mejor del mundo. ¿O fue esa su maldición?

Foto: Benoit Voilier, en el centro, posando en la cocina del Hôtel de Ville en Suiza. (Efe/Christian Brun)
Benoit Voilier, en el centro, posando en la cocina del Hôtel de Ville en Suiza. (Efe/Christian Brun)

El pasado 31 de enero, el cuerpo del chef francés Benoit Violier fue hallado sin vida en su domicilio de Crissier. Según las fuentes policiales, el hombre de 44 años, “habría puesto fin a su vida con un arma de fuego”; concretamente, una de las que utilizaba para cazar. Dejaba tras de sí a su mujer y a su hijo Romain, así como el Hôtel de la Ville, en los aledaños de la ciudad de Lausana y que podía presumir de sus tres estrellas Michelin. El pasado mes de diciembre, un 'ranking' elaborado por el Ministerio del Exterior francés y el patronato de turismo había declarado el restaurante como el mejor del mundo, superando a Per Se.

¿Qué puede haber llevado entonces a Violier a acabar con su vida? Es difícil saberlo, a tenor de las declaraciones de sus amigos y allegados. 'Libération', por ejemplo, había entrevistado al chef apenas tres días antes de su muerte, y en sus palabras no podía entreverse ninguna intención de acabar con su vida. “Esperemos que dure”, explicaba en referencia a su éxito. “Con 54 empleados, tres meses de reservas no suponen mucho. Hace falta mantenerse siempre concentrado”. Es decir, un discurso precavido, pero para nada desesperado. Que Violier considerase la cocina como “toda una vida”, tal y como hacía en 'Libé', no era nada nuevo.

Muerte y gloria

La trágica muerte del chef, que tenía toda la vida por delante, ha hecho a muchos compañeros y comentaristas recordar otros casos de cocineros malogrados que cedieron a la presión de un mundo en el que derrumbarse desde la cima hacia el fracaso es muy fácil. El caso más recordado ha sido el de Bernard Louiseau, que también acabó con su vida de un disparo el 24 de febrero de 2003. Una decisión que muchos interpretaron como la consecuencia de que su restaurante, Le Relais, salie mal parado en la guía Gault Millau, lo que podía provocar que perdiese una de las tres estrellas Michelín que poseía.

No es el único caso. El pasado año, Homaro Cantu se ahorcó fuera de uno de los edificios que estaba restaurando, dejando dos niños de siete y nueve años, a pesar de que nunca había sufrido ningún problema mental ni depresión. Sin embargo, un mes antes había sido denunciado por un antiguo inversor alegando que había utilizado los fondos del restaurante para su uso personal.

Un chef que sobrevivió para contarlo fue el célebre y polémico Marc Veyrat, que dejó su restaurante en manos de sus hijos en febrero de 2009, debido a su estado de salud. Durante su exitosa carrera llegó a conseguir seis estrellas Michelin, y se había convertido en el primer chef en obtener una calificación de 20/20 en la guía Gault-Millau. Sin embargo, su salida del negocio era también un toque de atención a la industria. Como aseguraba a 'Le Matin' a propósito de la muerte de Violier, “la cocina es un ambiente conuna gran presión. ¿Qué otra profesión liberal aceptaría ser constantemente evaluada?” Además, añadía que “sin las notas, sin las guías, nos sentimos huérfanos. Los cocineros somos locos apasionados, ¡los chalados de la felicidad!”

El silencio de los chefs

No hay ninguna pista que, apenas unos días antes de la muerte de Violier, pudiesehacer pensar en su fin. Como recoge '24 heures', su amigo Pierre Henchoz reconocía que “todo estaba bien cuando lo vi la semana pasada”. El chef del hotel Balzac Pierre Gagnaire añadía, por su parte, que a diferencia de otros, Vilier parecía “calmado”. “Espero que el estrés de ser el número uno no sea la causa”, añadía. Por su parte, el primer chef del Hôtel de Ville aseguraba “no ver razón para tal acto”. “Parecía perfecto”, añadía.

El menú cambiaba a diario, a veces durante el mismo día. Siempre fue muy exigente con su trabajo

Lo cual plantea otra duda: o bien hay que encontrar las causas del aparente suicidio de Violier en otro sitio que no sea la presión a la que se veía sometido, o bien no comunicó a sus más allegados aquello que le atormentaba. Como sugiere un reportaje de 'The Washington Post', hace apenas unos meses que murieron su padre y Philippe Rochat, el predecesor de Violier en la cocina del Hôtel de la Ville y su mentor espiritual. Dos muertes que muy probablemente afectaron al cocinero de 44 años. Quizá también una autoexigencia que hacía que el menú cambiase a diario, incluso varias veces en el mismo día. El listón debía subir cada vez más si no quería que el restaurante perdiese su posición privilegiada.

Sea como fuere, no son pocos los que han intentado abordar a través de diferentes estrategias el problema de los chefs de alta cocina que viven al límite del estrés. El ejemplo más claro es el proyecto Chefs with Issues ideado por la periodista culinaria Kat Kinsman, y que pone de manifiesto que la depresión, la ansiedad, la adicción y los desórdenes alimenticios son comunes entre la élite de los chefs.

Como señala la página de la organización, “esto debe parar, y no va a hacerlo hasta que tengamos una discusión sincera y pública sobre la salud mental y dejemos de estigmatizar los problemas que nos dañan y nos matan para que la gente pueda conseguir la ayuda que necesita”. Ahí quizá se encuentre la clave: en un entorno que favorece el silencio y que, como explica el chef de Galvin La Chapelle Gabriel Waterhouse en 'The New York Times', es “increíblemente viril”: “La gente no siente que pueda hablar de verdad sobre sus problemas o el estrés de lo que se les está pidiendo. Quejarse se considera un signo de debilidad, y eso se intensifica a medida que asciendes”. ¿Habrá sido ese el caso de Violier?

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