UN GRAN PACTO DE CUÑADOS, MÁS CERCA

Nochevieja de pesadilla: "Mi familia va a hacer la cena ingobernable"

Un nuevo escenario se dibuja en la mesa de la familia, lo que obligará a realizar alianzas y concesiones si no quieren terminar el año con la tripa vacía. Por ahora, el hijo lo tiene claro: nada de carne

Foto: Incertidumbre e inestabilidad social en los comedores de los españoles. (Corbis)
Incertidumbre e inestabilidad social en los comedores de los españoles. (Corbis)

Las posibilidades de elegir un menú de consenso el próximo 31 de diciembre para la cena de Nochevieja de los Gómez parece, en este momento, casi imposible debido a la irrupción de un nuevo actor en el panorama familiar: Íñigo, el hijo menor de la familia, que no contento con haberse dejado coleta y barbita, ha decidido hacerse vegetariano y, de esa manera, cambiar por completo la tradición familiar, que desde los años setenta habían dictado que en Nochevieja se come cochinillo, gambas y peladillas. Se abre un panorama incierto en el que sólo los omnívoros quedarán satisfechos.

“Hay ciertas líneas rojas que no pensamos traspasar”, ha manifestado el hijo menor, que no obstante, ha dejado la puerta abierta a ciertas concesiones con el objetivo de no irse a dormir en Año Nuevo con la tripa vacía: “Es posible que algo de jamoncito sí coma”. Una postura que ha sido muy criticada por el cabeza de familia, José María, que ha pedido “altura de miras” a la hora de confeccionar el menú y ha recordado que hace tan sólo unos años Íñigo se comía el solomillo a carrillos llenos. “Durante años he garantizado un menú estable y sin sorpresas desagradables”, ha señalado. “Esto es abrir una puerta a la barbarie. Se empieza comiendo verduras asadas en Nochevieja y se termina como en Venezuela, comiendo arepas”.

Más difícil será convencer a Joan, el primo catalán de José María, que ha amenazado con montar su propia cena si no se llega a un pronto acuerdo

El 'pater familias' ha recordado que esta decisión puede provocar que la cena familiar termine italianizándose, es decir, comiendo lentejas en lugar de las uvas. Algo que no parece dispuesto a consentir. Sin embargo, hay un grave escollo en el camino de José María para imponer un menú “como Dios manda”: si quiere que su propuesta salga adelante, deberá convencer a sus cuñados, que durante años han sido sus principales adversarios en las cenas familiares, y que ahora pueden convertirse en extraños compañeros de mesa.

“No queda otra”, ha reconocido Luis, el hermano de la mujer de José María, mientras se quitaba con un palillo los restos de turrón de los dientes. “Si queremos comer cochinillo, tendremos que ceder, incluso con el plasta de Chema”. De todas formas, no se lo piensa poner nada fácil a los Gómez, y piensa hacer valer su posición de fuerza para que su hermana se estire y sustituya la bandeja de quisquillas de todos los años por un buen bogavante. Más difícil será convencer a Joan, el primo catalán de José María, que ha amenazado con montar su propia cena si no se llega a un pronto acuerdo. “Yo, con una calçotada voy que chuto. Prou!” ha manifestado.

No todo son malas noticias para los carnívoros de la familia. Borja, el nuevo novio de Pilar, la pequeña de los Gómez, parece dispuesto a apoyar en todo lo que haga falta a su suegro: “No permitiré que comamos un menú de perdedores”, ha señalado. El cambio de actitud de Borja, que actualmente estudia Administración y Dirección de Empresas, ha sorprendido a la familia, porque hace poco afirmaba que la mejor opción sería buscar “un nuevo menú para una nueva cena de Nochevieja” en la que primen alimentos saludables, respaldados por la ciencia, pero que gusten a todos. Pilar, por su parte, tiene claro que hace falta “una regeneración en la cena de Nochevieja, que luego el día de Año Nuevo, con la resaca, es un infierno comerse los restos del cochinillo rancio”.

Es probable que la posición de la abuela Paca termine determinando qué se terminará comiendo la noche del 31. A sus 92 años, no ha dudado un instante en advertir que como no haya acuerdo, “este año no hay paguita”. Una amenaza que puede provocar que, en última instancia, el joven Íñigo decida que es preferible renunciar y dejar que la familia coma todo el cochinillo que quiera, “que la barra libre en el Centro Social Okupado son 40 euros”.

Es probable que la pérdida de autoridad de José María se deba a los recortes que se ha visto obligado a realizar en el menú durante los últimos años

En este momento, las posturas parecen irreconciliables, un hecho sin precedentes desde el año 1975, cuando se comió el cocido que le gustaba al bisabuelo Pepe “porque le salía de los cojones, y punto”. Desde entonces, mamá y papá se han repartido la confección del menú, que no en pocas ocasiones ha propiciado una terrible indigestión. Es probable que la pérdida de autoridad de José María se deba a los recortes que se ha visto obligado a realizar en el menú durante los últimos años, desde que se jubiló, y que le han llevado a cambiar el Protos por un Don Simón que la mañana de Nochevieja introduce hábilmente en una botella cruzando los dedos para que nadie se dé cuenta. Aunque también es probable que todo se resuelva mañana por la mañana, cuando Juana, la madre, vaya a hacer la compra: “No sé para qué tanta discusión, si aquí la que va al supermercado soy yo, y voy a comprar lo que me dé la real gana”.

Las minorías infrarrepresentadas

Rufo, el perro de la familia, ha abierto un melón que hasta la fecha nadie se había atrevido a nombrar. “¡Guau! ¡Mulf! ¡Roar!” ha manifestado, que quiere decir: “El actual sistema de reparto perjudica a las minorías caninas como yo, que tenemos que conformarnos con los huesos chupados que quedan del día anterior y olvida nuestro relevante papel dentro de la unidad familiar”. Rufo tiene claro que un nuevo sistema le permitiría poder zamparse una loncha de jamón serrano de vez en cuando, y teme por el resto de animales que algún día puedan formar parte del hogar. “¿Qué clase de cena de Nochevieja queremos dejar a nuestros cachorros? ¿Una en la que sigamos comiendo pienso, o una en la que no tengamos que ponernos a dos patas y dar la patita para conseguir un poco de cordero?” Por ahora, ha amenazado con hacerse pis debajo del árbol de Navidad, pero puede tomar “decisiones drásticas” si no se compra una tarrina de comida 'gourmet' para perros.

Alma, Corazón, Vida

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