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Guía anticuñados: 10 formas de escapar de una conversación con un plasta

Las reuniones familiares son un margo inigualable para encontrarnos con ese pariente que lo sabe todo, lo hace todo bien y, además, te lo cuenta

Foto: Llama a la compañía de teléfono y que te pongan con el presidente, que es lo que hice yo. (iStock)
"Llama a la compañía de teléfono y que te pongan con el presidente, que es lo que hice yo". (iStock)

“De Madrid a Valencia en dos horas. Y sin pisarle, ¿eh?” Por “cuñadismo”, una expresión cada vez más utilizada en las redes sociales, se conoce a todo ese acervo de sabiduría que nuestra familia política o lejana –aunque en dicho grupo también puede incluirse toda clase de conocidos– gusta de compartir en todos los eventos sociales. El cuñado siempre come mejor que tú, le salen más baratas las compras, consigue gangas inigualables y entiende mejor el funcionamiento oculto del mundo que tú, que básicamente, eres un memo.

Ello implica otra dificultad, y es que, a diferencia de lo que ocurriría con cualquier estúpido al azar que se cruzase en nuestro camino, tenemos que mostrar cierta corrección en nuestras formas cuando tratemos con ellos. Al fin y al cabo, a nuestros seres queridos quizá no les parezca muy bien que demos media vuelta y le dejemos con la palabra en la boca cuando comienzan a decir aquello de “el problema que tiene la Selección es que…”

Existen estrategias para librarnos de los pesados y quedar bien, claro. Algunas se recogen en libros como How to Talk to Anyone de Leil Lowndes (McGraw-Hill) o en artículos como el publicado por Maggie Zhang en Business Insider. Pero hemos querido dar una vuelta al asunto –creemos que el cuñadismo es un fenómeno universal pero particularmente grave en la Península Ibérica– y adaptar las vías de escape más habituales a un entorno típicamente español. Pongamos, por ejemplo, la boda de la prima de tu mujer, o la comunión del primo hermano de tu madre: una encrucijada vital a la que todos hemos de enfrentarnos tarde o temprano.

  • “¿No conoces a la tía Juana? Ven que te la presento”

Lo más importante, si queremos escapar de una conversación aburrida (por decirlo suavemente), es buscar un acontecimiento que dé un vuelco a la situación y redefina los términos en los que se está desarrollando el encuentro. Por ejemplo, que la tía Juana penetre en tu campo visual, un momento idóneo para interrumpir lo que tu cuñado está contando y presentarle a uno de los miembros más longevos de la familia. Todos saldréis ganando: la tía Juana, contenta de recibir entre sus brazos a un nuevo componente del clan, tu cuñado porque podrá explicarle a la tía Juana lo bien que se vivía con Franco, y tú porque te marchas.

  • “Perdona, me llaman”

La tecnología ha mejorado sensiblemente la vida del hombre y esta no es una excepción. Gracias a la vibración de los teléfonos móviles, podemos indicar en cualquier momento –aunque no sea verdad– que estamos recibiendo una llamada y marcharnos para atenderla. Para cuando volvamos, nuestro interlocutor probablemente habrá encontrado ya otra víctima.

  • “Deberías probar los canapés, están buenísimos”

También podemos utilizar las mismas armas que el cuñado y ser nosotros quienes realicemos la recomendación de rigor sobre una comida o bebida que se sirva en el evento, un buen momento para poner en pausa la conversación. Aunque, cuidado, puede ser un arma de doble filo, en caso de que ya lo haya probado y te responda que “los canapés son una mierda, los de [introduzca acontecimiento o lugar en el que tú no hayas estado] sí que eran buenos”. Prepárate para una clase de gastronomía.

  • Ve a pedir algo a la barra

Una variante sobre la anterior versión, que no siempre es útil pero puede ayudar. En dicho caso, debemos mostrarnos solícitos y preguntar a nuestro interlocutor si quiere que le traigamos algo. El timing es esencial: ir a pedir cuando el cuñado tiene entre sus manos una copa recién empezada lo dejará en fuera de juego y no se atreverá a decir que sí. Por fin libres.

  • Excúsate para ir al baño

Algo que todos tenemos en común, cuñados, suegros e hijos en general, es que tenemos ciertas necesidades fisiológicas ante las que todos estamos dispuestos a excusar a quien las plantea sin preguntar el grado de urgencia. Así que acudir al lavabo puede salvarnos la vida. No temas, muy raramente querrá acompañarte. Y, si es así, tienes un problema muy grave, pero eso ya es harina de otro costal.

Los cuñados son siempre los demás. (Corbis)
Los cuñados son siempre los demás. (Corbis)
  • No respondas

El aforismo dice algo así como que “la verdadera amistad se produce cuando dos personas pueden estar en silencio y no sentirse violentos”, o algo por el estilo. El quid de la cuestión es que tu cuñado no es tu amigo, por lo que si no sabes qué responder o no respondes, se creará un silencio incómodo. Probablemente demasiado, incluso para él. Huye antes de que se le ocurra hablarte de una serie sobre mafiosos que es muy buena…

  • “En fin, es como todo. La vida es así. Venga, hasta luego”

El problema de hablar con alguien de quien no puedes deshacerte es que no ves la ocasión de poner fin a la conversación. Es algo normal y forma parte de las reglas de todo acto de habla. Por eso, si ves la ocasión de cerrar el discurso a través de una frase comodín como la archifamosa “es como todo” aprovéchala. Quizá no tengas otra.

  • “Ya te escribo y hablamos”

Los más valientes estarán dispuestos a despedirse de su interlocutor aunque no haya una razón extrínseca para ello. Podemos suavizar el desencuentro citándonos en un momento posterior, una forma de sugerir que ya hemos hablado de todo lo que teníamos que hablar y que, aun así, hemos disfrutado de la compañía de la otra persona. ¿Por qué si no íbamos a citarnos con él en el futuro (aunque sepamos en nuestro fuero interno que no lo vamos a hacer)?

  • “No te molesto más”

Es la que más guasa tiene, claro, porque se trata de una fórmula de cortesía que, desde nuestro punto de vista, sugiere lo opuesto a lo que realmente pensamos, es decir, que los molestos somos nosotros. Probablemente, la respuesta que obtengamos sea “pero no, hombre, ¡si no molestas!”, ante lo cual debemos insistir y marcharnos cuanto antes. La fórmula puede ser aderezada con otros ingredientes como “que querrás estar con tu mujer”, “que querrás saludar al tío Juan” o “que te apetecerá bailar un poco” que, claro, son también bastante irónicos.

  • Mira un punto lejano en la sala y corre hacia él con mucha prisa

Cuando se ha agotado todo nuestro arsenal de recursos, ya sólo nos queda la sorpresa, esa salida inesperada que hará que nuestro interlocutor no tenga tiempo para pensar que somos unos maleducados. Si de verdad somos convincentes, éste pensará que ha surgido una emergencia que debía ser solucionada cuanto antes. Para cuando repare en lo que ha ocurrido ya estaremos en un mundo mejor. 

Alma, Corazón, Vida
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