UN PROMETEDOR FÁRMACO

Por fin: los científicos aseguran que el dolor de cabeza tiene los días contados

Una de cada diez personas sufre migrañas. Durante siglos los médicos han estudiado cómo mitigarlas sin éxito, pero la solución podría llegar más pronto que tarde

Foto: La prevalencia de migrañas es mayor entre las mujeres. (iStock)
La prevalencia de migrañas es mayor entre las mujeres. (iStock)
 

La cefalea es un síntoma muy frecuente que tiene cientos de causas: de la gripe a la resaca pasando por las contusiones. Es uno de los dolores más extendidos –se estima que en los países occidentales la mitad de la población lo sufre al menos una vez al año– y aunque generalmente es benigno y transitorio, hay personas que lo padecen con especial frecuencia e intensidad. Y para ellas el dolor de cabeza no es ninguna tontería: es un infierno.

Se calcula que 730 millones de personas –en torno al 10% de la población mundial– sufren migraña: el tipo de cefalea más extendida, caracterizada por ataques intensos e incapacitantes. Algunas personas tienen ataques esporádicos, que duran entre 4 y 72 horas, pero algunos pacientes crónicos (en torno al 8% de los que sufren la enfermedad) tienen quince o más ataques al mes, lo que les convierte en personas incapacitadas de por vida.

Pero, pese a ser una enfermedad conocida desde hace milenios –la primera referencia a ésta se encuentra en documentos babilónicos de hace más de 5.000 años–, hasta la fecha los únicos medicamentos con los que pueden contar los pacientes sirven para mitigar los dolores después de que se produzca el ataque. No existe cura ni medidas preventivas.

De aprobarse, sería el primer fármaco que logra evitar que aparezcan los dolores de cabeza, una suerte de vacuna contra la migraña

Por eso es tan buena noticia el anuncio de un grupo de neurólogos estadounidenses, que asegura haber identificado el sistema nervioso hipersensible responsable de los ataques y contar con un medicamento capaz de desactivar éste e inhibir así la aparición de jaquecas. De aprobar su comercialización –algo que según los científicos podría ocurrir el próximo año– sería el primer fármaco diseñado expresamente para evitar que aparezcan los dolores de cabeza, una suerte de vacuna contra la migraña.

El resultado de un trabajo que dura décadas

Como explica David Noonan en 'Scientific American', el profesor Peter Goadsby, director del Centro del Dolor de Cabeza de la Universidad de California en San Francisco, es uno de los máximos responsables del que puede ser el mayor avance para luchar contra las cefaleas. Desde los 80, el científico centró sus investigaciones en estudiar el nervio trigémino, conocido por ser la principal vía de dolor del cerebro y donde, como logró comprobar, se originan las migrañas.

Peter goadsby.
Peter goadsby.

Gracias a diversos estudios en animales, Goadsby y sus colaboradores comprobaron que en algunas personas el nervio –situado en la parte posterior del cerebro y conectado con varias partes de la cara y la cabeza–, es sensible a estímulos generalmente benignos, como luces, sonidos u olores, y libera neurotransmiroses que envían señales de dolor al cerebro, causando migraña. Esta sensibilidad patológica de las células del nervio parece deberse, además, a causas genéticas: el 80% de los pacientes tienen antecedentes de la enfermedad en su historia familiar.

Desde que Goadsby publicara el primer artículo sobre el asunto en 1988, varios grupos de científicos han tratado de inhibir de alguna forma la acción del nervio. Su objetivo era encontrar una forma de bloquear la señales de dolor.

Uno de los compuestos químicos que se encuentra en niveles altos en las personas con migraña es el péptido relacionado con el gen de la calcitonina (más conocido como CGRP, por su acrónimo en inglés), una sustancia responsable de la transmisión del dolor entre neuronas. Los científicos han trabajado décadas para tratar de inhibir la acción del CGRP en los pacientes con migraña, pero era algo sumamente complejo, pues como suele ocurrir con todo este tipo de sustancias, es muy difícil silenciarla sin que pierda el resto de sus funciones y sin influir en el correcto funcionamiento de los compuestos que la rodean.

Los nuevos fármacos son como misiles guiados de precisión. Van directamente a su objetivo

Los nuevos fármacos son en realidad proteínas de diseño que se unen a las moléculas de CGRP o sus receptores en las neuronas del nervio trigénimo para prevenir que se desencadene su respuesta ante estímulos benignos. Se trata de medicamentos que, como explica en 'Scientific American' otro de los investigadores que han participado en el hallazgo, el doctor de la Clínica Mayo David Dodick, funcionan “como misiles guiados de precisión. Van directamente a su objetivo”.

Hay personas que sufren migrañas a diario. (Corbis)
Hay personas que sufren migrañas a diario. (Corbis)

Ensayos clínicos prometedores

Los dos ensayos con grupos de control llevados a cabo hasta la fecha tienen a los investigadores dando palmas. En total 380 pacientes que sufren más de 14 migrañas al mes recibieron una sola inyección que redujo los ataques en más de un 60%. En el primer estudio, además, el 16% de los pacientes permanecieron totalmente libres de dolores de cabeza durante 12 semanas.

En opinión de Dodlick, este fármaco “cambia por completo el paradigma sobre cómo tratar la migraña”. Aunque se están realizando ensayos clínicos de mayor envergadura para seguir comprobando la eficacia del medicamento, el investigador tiene claro que el nuevo invento funciona mejor que cualquiera de los fármacos existentes hasta la fecha –como los triptanes, que son hasta ahora los más utilizados–, y produce muchos menos efectos secundarios. Además, son más cómodos: bastaría que los pacientes recibieran sólo una inyección semanal.

A la vista está que el nervio trigénimo y el incorrecto funcionamiento de los CGRP son responsables de las migrañas, pero lo que sigue siendo un misterio es el motivo por el que aparecen. “¿Cuál es la naturaleza de lo que heredas cuando heredas las migrañas?”, se pregunta Goadsby. “¿Por qué tú y yo no?”. Es una pregunta para la que todavía no tenemos respuesta, pero lo más importante, que es acabar con el intenso dolor que sufren millones de personas, podría lograrse en cuestión de años.

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