BASADA EN HECHOS REALES

“Fui a la ducha, colgué el albornoz y...”: una historia real de amor y fantasmas

Es difícil contar una experiencia sobrenatural que nadie creería pero tú has vivido como algo plenamente real. Pero la escritora Leslie Pietrzyk se ha atrevido

Foto: ¿Puede manifestarse un espíritu a través de un albornoz? (iStock)
¿Puede manifestarse un espíritu a través de un albornoz? (iStock)

La escritora Leslie Pietrzyk es una reconocida autora estadounidense que acaba de publicar su primer libro de relatos, pero la mejor historia que puede contar no tiene nada de ficción. Como ha narrado en Salon, Pietrzyk perdió a Robb, su primer marido, en manos de un infarto de miocardio. Aunque se quedó muy traumatizada, varios años después conoció a Steve, el hombre que se convirtió en su segundo marido.

Aunque Steve lo sabía todo de su vida anterior, Pietrzyk había mantenido una de sus más intensas experiencias en secreto. Pero un fin de semana fueron de viaje a Charleston, en Carolina del Sur, y mientras paseaban por una de sus avenidas, llena de gigantescas mansiones decimonónicas, el guía turístico empezó a contar algunas historias de fantasmas.

Pietrzyk le preguntó a Steve si había visto alguna vez un fantasma. Le contestó que no y que ni creía ni dejaba de creer en ellos. Y, claro, Steve le pregunto a la escritora si ella había visto alguna vez a alguno. Contestó que sí. Y enseguida pensó que quizás no había sido una buena idea confesarlo: “La historia que iba a contar no era inocua, y no era en realidad una historia de fantasmas. No iba por ahí contándolo, ni siquiera con un par de copas encima, pero le conté a mi novio de todas formas, temerosa y siendo imprudente, cómo después de la muerte de Robb, lo único que quería era recibir una señal suya”. Por aquel entonces Pietrzyk era católica practicante y rezaba todo el rato por recibir una señal de su difunto marido.

Algunas historias no deberían ser reales, pero lo son, y esas son las historias que nuestras almas desean y temen

Cuando la escritora empezó a contar su historia Steve quedó abatido y soltó su mano. Pero Pietrzyk continuó. Quería llegar hasta el final.

La escritora guardaba con cariño un albornoz que Robb le había regalado por Navidad, con los colores de su equipo de fútbol americano favorito: morado y negro. “Me había puesto ese albornoz morado un millón de veces, y lo había lavado otras tantas”, asegura Pietrzyk. También tenía un camisón blanco que a Robb le encantaba. La semana después de la muerte de su marido la escritora llevaba puestas ambas prendas todo el rato, pues le recordaban a él.

La señal 

Durante el funeral Pietrzyk tampoco recibió ninguna señal, pero cuando llegó a casa ocurrió algo que nunca olvidará: “Después de mi ducha, fui al baño, colgué mi albornoz, y estaba a punto de meter mi camisón en un cajón cuando miré y vi una mancha del tamaño de un puño justo en el lugar donde estaría mi corazón. Esa era mi señal. Aquello que estaba esperando. Esa mancha morada. Caí de rodillas”.

“Lloré mientras le contaba a Steve que había derramado cientos de lágrimas, dando gracias a Dios una y otra vez. No es posible que el tinte se hubiera pegado de la bata. Dios hizo esto. Robb hizo eso. Donde quiera que él estuviera, supe que estaba bien”, terminó Pietrzyk.

Tras finalizar su historia Steve se quedó de piedra: “La historia me ha asustado. Quiero olvidarla. No quiero volver a escucharla nunca”. La escritora trató de entender por qué le había molestado tanto, pero nunca más volvió a contar la historia. Hasta ahora:

“Aunque por fin logré escribir sobre la muerte de mi primer marido, no podía escribir sobre esta historia de fantasmas porque la mancha morada permaneció en mi camisón blanco durante años y sigo llevando el albornoz sin que nada más se manche. Algunas historias no deberían ser reales, pero lo son, y esas son las historias que nuestras almas desean y temen”.

“Ahora entiendo por qué puede ser imposible para Steve –o cualquier otra persona– esta cómodo al oír mi historia de fantasmas”, concluye Pietrzyk. “Creo que todos tenemos historias secretas similares que no compartimos”. 

Alma, Corazón, Vida

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